No a la ley mordaza

No hacen falta medidas coercitivas para mejorar la calidad de la prensa

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Alejandro Trejos.

El guión se repite, la historia es la misma. Los dos gobiernos del PAC intentan, una vez sí y otra también, promover proyectos que supuestamente buscan promover la ética en los medios de comunicación, pero que no son más que el discurso políticamente correcto que oculta las verdaderas intenciones: atacar la libertad de prensa.

El juego del PAC es peligroso. Recordemos como en el gobierno de Luis Guillermo Solís se quizo presentar desde el MICITT un proyecto de reforma a la ley de radio y televisión que contenía disposiciones directamente orientadas a revocar licencias de medios, tal como se hace en las dictaduras de nuestro continente.

En su momento los directores de los medios de prensa del país pegaron el grito al cielo por ese ataque artero a una de las libertades fundamentales en una democracia. Mientras eso sucedía, el señor Solís Rivera insistía en tener un debate sobre la “ética de la prensa”, como excusa para defender las acciones de su administración.

Las acciones del gobierno anterior no se quedaron solo en buscar mecanismo para acallar a medios. También recurrieron al bloqueo al acceso a la información pública. Recordemos la cantidad tan grande de recursos de amparo que se presentaron desde la Asamblea Legislativa para que la información fuera presentada como corresponde. La famosa “casa de cristal” se convirtió en un monumento a la ironía y al cinismo. Ni que decir del gran escándalo de corrupción que fue el “cementazo” y las denuncias por intimidación que presentaron medios ante la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

Este nuevo, pero viejo gobierno del PAC con Carlos Alvarado a la cabeza, no hace más que seguir las huellas de su padre político. Desde el inicio de su administración le ha rehuido a la prensa de forma sistemática, poniendo a otros a dar explicaciones por él, particularmente en temas de gran sensibilidad política.

La segunda parte de la misma película, es igualmente mala que la anterior. El inefable Ministro de Comunicación Juan Carlos Mendoza anuncia, palabras más o palabras menos, la persecución de lo que se consideran noticias falsas o como se conoce popularmente “fake news”. A esto se le suma la presentación de un proyecto de ley que tristemente va en la misma línea. Estos esfuerzos vuelven a ser justificados en un supuesto resguardo de la “ética de la prensa” y se le agrega la figura paternalista sobre protección al usuario.

No hacen falta medidas coercitivas para mejorar la calidad de la prensa. Ya iniciativas como la del periódico La Nación hacen lo propio por desacreditar las noticias falsas que pululan en las redes. Educar a la ciudadanía para que no crea de buenas a primeras lo que sale en Facebook o lo que les llega por el Whatsapp familiar es mucho más útil.

Tengamos mucho cuidado de estas iniciativas que en el nombre de la ética, lo que buscan es dinamitar la libertad de expresión y de prensa, poniéndonos más cerca de las dictaduras de Maduro y Ortega, que de las democracias desarrolladas.

 

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