Julio Revollo: Visita del Presidente Hoover

Como lo dice La Tribuna “es decir, que la guardia de honor que se pudiera hacer al Presidente electo que nos visita, con elementos militares, se hace con los niños de las escuelas”.

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Julio Revollo Acosta.

El periódico La Tribuna de 25 de noviembre de 1928 anuncia que, el acorazado Maryland, de la Marina de los Estados Unidos de América, que trae a bordo al presidente electo, Herbert Clark Hoover, se ha retrasado 24 horas a consecuencia de una tempestad, por lo que llegará al puerto de Puntarenas en la mañana del día miércoles 28.

El gobierno de Costa Rica había declarado de asueto el martes 27 para los empleados públicos y se declaró Huésped de Honor al señor Hoover durante su permanencia en el país. Posteriormente, se modificaría la fecha al día siguiente.

Herbert Clark Hoover

El miércoles 28 de noviembre de 1928, a las 6 y 30 horas, llega a Puntarenas el Maryland. Según nos dice La Tribuna “el mar estaba tranquilo y el Maryland a marcha lenta, deslizándose suavemente sobre las mansas aguas

del golfo, entra en puerto, fondeando a cuatro millas de la boca del río Barranca. El buque echo anclas a las 7 y 20. El Maryland desplaza treinta y cuatro mil toneladas; tiene treinta y cinco pies de calado y mil trescientos tripulantes. Viene al mando del capitán Víctor A. Kimberly. Había en puerto dos barcos “El Marañón” y “El Salvador” y unos cuantos pequeños nacionales, los que, a la presencia del Maryland, empavesaron sus mástiles en honor del ilustre personaje que traía a bordo. La noticia del arribo de esa formidable unidad de guerra de la marina americana, cundió veloz en la ciudad y minutos después una abigarrada multitud apiñábase dentro y fuera del muelle viejo, que después la policía hubo de sacar de allí para dar paso y campo al elemento oficial que recibiría a los distinguidos huéspedes”.

La comisión oficial para recibir a los visitantes está integrada por los secretarios de Relaciones Exteriores, don Rafael Castro Quesada y señora, de Fomento don Enrique Fonseca Zúñiga, de Educación Pública don Luis Dobles Segreda y señora; el subsecretario de Hacienda; el secretario del señor Presidente de la República don Ricardo Castro Beeche y su señora, encargado de atender los periodistas; los coroneles Joaquín Lizano y Francisco Bonilla. Como acompañantes viajaron el ministro de los Estados Unidos, señor Roy Tasco Davis, y el secretario de la legación señor Cohen. En Puntarenas se unieron el capitán de puerto don Porfirio Molina y el comandante de plaza don José María Ríos.

A las 7 y 30 una “gasolina” sale del puerto conduciendo al capitán de puerto,   hacía el acorazado, a quien acompaña el secretario de la legación americana. Minutos después varias lanchas del Maryland se dirigen al muelle transportando varios “detectives” y miembros del servicio secreto, corresponsales especiales y fotógrafos de periódicos norteamericanos, quienes se quedan esperando en el muelle el arribo del presidente Hoover.

A las 8 en punto, el Maryland saluda a la plaza con 21 cañonazos, siendo contestados inmediatamente por las baterías costarricenses con “precisión matemática”.

De pronto se advierte la proximidad al muelle de otra “gasolina” del barco la cual transporta “varios caballeros elegantemente vestidos y una señora”. En el primer escalón de la escalinata que conduce al muelle se encuentra el ministro Davis quien recibe a los visitantes y los presenta a la comitiva oficial del gobierno costarricense.

El presidente Hoover viste de chaqué y chistera llevando en su solapa una flor roja. La señora Hoover viste con suma sencillez: de enagua blanca con chaquetilla de percal bordada. Muy liberal y campechana ella simpatiza enseguida con las damas que también forman la comitiva de recibimiento y manifiesta que “yo admiro a la mujer latina; yo, de jovencita, he convivido con ella muchos años en California, donde pasara los años más floridos y felices de mi juventud; la he tratado muy de cerca y para ella mi más grande admiración por sus magníficas costumbres y sus muchas virtudes; por eso yo me siento alegre, feliz y placentera entre ustedes, exponentes de esa raza de mujeres”. 

Lou Henry Hoover

 Una vez que se cambiaron los saludos, la banda de Puntarenas entona los himnos de Costa Rica y de los Estados Unidos. Después, en medio de dos filas de policías enviados desde San José, desfiló la comitiva hasta frente al edificio de la Aduana, en donde se encontraba listo el tren que salió a las 8 y 50 para San José.

El tren especial enviado a Puntarenas consta del carro presidencial y cuatro carros salón. El presidente y su señora viajan en el vagón presidencial “preciosamente decorado en su interior por delicadas guirnaldas de bellas y escogidas flores y regios buquets de rosas y claveles”. Con ellos viajan el ministro Davis, su hijo Allan y la comitiva oficial costarricense. El resto de la comitiva ocupa los demás carros del tren.

Vienen con el presidente Hoover, además de su esposa e hijo, el embajador de los Estados Unidos en Italia, Henry P. Fletcher por el Departamento de Estado, su ayudante de órdenes, capitán de fragata Beauregard, su médico el capitán Lane y su secretario George Ackerson. Entre los periodistas destacan Will Irwin, James Lloyd Wright, Mark Sullivan, Edward Price Bell y Philip House Kinsley.

El Diario de Costa Rica anota que “un detalle que llamó la atención de todos durante la travesía, fue el siguiente: en el tren había un surtido completo de licores y refrescos para los viajantes. Sin embargo durante el trayecto se tuvo el cuidado de que ni una copa de vino ni una botella de cerveza, entraran en el carro ocupado por Mr. Hoover. Así se hizo para respetar su consabida “sequedad”.

A las 12 y 30 horas, llega el tren a la estación en San José adornada con banderas de Costa Rica y de los Estados Unidos. Centenares de personas esperaban el tren, aclamando con entusiasmo al señor Hoover cuando el tren se detuvo unos minutos, continuando el viaje hasta la esquina noreste del Cuartel Bellavista, una cuadra al sur de la Legación Americana, hacia donde se dirigen los visitantes. Inmediatamente, el presidente Hoover sale al balcón sur de la Legación a saludar a las personas ahí reunidas, quien corresponden aplaudiéndolo y vitoreándolo.

Una vez que ingresa al edificio, el señor Hoover recibe la visita de una representación del Club Rotario de San José. Don  Alberto Ortuño, presidente de ese club pronuncia unas palabras a las cuales responde el señor Hoover, agradeciendo el gesto ya que él, como su secretario, son rotarios. A continuación recibe la visita de algunos ciudadanos estadounidenses y seguidamente se trasladan, a la 1 y 20 de la tarde, a la recepción oficial que se lleva a cabo en la Casa Amarilla en donde es saludado con gran entusiasmo por las personas congregadas frente al edificio. En la puerta lo recibe el presidente licenciado Cleto González Víquez y señora, y juntos se trasladan al Salón Rojo en donde, tras un rato de conversación, es servida una copa de champaña, y “Mr. Hoover retuvo la suya en la mano algún rato, pero no bebió, fiel a sus principios de prohibicionista”.

Celebrado el acto oficial de recibimiento, todos los participantes se trasladan al Teatro Nacional en los vehículos asignados, para asistir al almuerzo en honor de los ilustres visitantes. El desfile sale de la Casa Amarilla hacia el sur bordeando la Plaza España hasta la avenida de las Damas, bajando al oeste hasta la esquina de la Imprenta Alsina (avenida 3, calle 3), donde dobla al sur hasta el Teatro Nacional.

A su arribo al teatro, es aplaudido por la gente congregada al frente para ver su llegada.

El Presidente González Víquez y su gabinete con el Presidente electo de los Estados Unidos de América.

En todo el trayecto los vehículos circulan entre dos vallas formadas por los  estudiantes de las escuelas, quienes portan banderolas multicolores. Como lo dice La Tribuna es decir, que la guardia de honor que se pudiera hacer al Presidente electo que nos visita, con elementos militares, se hace con los niños de las escuelas”.

 

De izquierda a derecha el canciller Rafael Castro Quesada, el presidente electo. Herbert C. Hoover y el presidente Cleto González Víquez

El teatro  se encuentra artísticamente adornado con las banderas de Costa Rica y de los Estados Unidos y en el centro los escudos de ambos países. En el interior las escaleras se encuentran adornadas de flores y de banderas de los dos países. La mesa principal, en forma de U en el fondo luce un jardín que resalta el escudo de Costa Rica y, detrás del decorado, esta la orquesta que se oye pero no se ve.

En la platea del teatro se lleva a cabo el almuerzo al cual han sido invitados los cuerpos diplomático y consular, los secretarios de Estado, los expresidentes de la República, los designados a la Presidencia, el presidente del Congreso y directorio, el presidente de la Corte Suprema de Justicia y de las salas, el arzobispo y el vicario general de San José, jefe y subjefe de la Oficina de Control, los jefes militares, el gobernador de la provincia, los presidentes de las Facultades, directores de bancos, jefes de partidos políticos, etc. Los palcos y butacas son ocupados por elementos de la sociedad que han sido invitados para honrar la fiesta con su presencia. En el foyer están los trabajos presentados para la Exposición de Artes Plásticas organizada por el Diario de Costa Rica, distinguiéndose los autores premiados.

Los cocteles y vinos, son sustituidos por jugo de frutas como cortesía hacia los visitantes. El menú a cargo de los señores Burnac consta de:

  • Hors d oeuvres
  • Omellette aux pointes d asperjes
  • Pome natura
  • Palombes roties
  • Plátanos frits
  • Coeur de palmier sauces vinagrette
  • Fromage Volio
  • Gelee de Guayaba “La Tricopilia”
  • Fruits
  • Glaces d ananas
  • Café

El presidente González Víquez pronuncia el discurso de bienvenida y manifiesta “sed bien venido, Excelentísimo señor, a esta tierra amiga que se complace hoy y se siente en extremo honrada con la visita del estadista ilustre, del insigne organizador, de fama mundial, que dentro de breves días ha de presidir los destinos de una de las naciones más poderosas, más prósperas y más ilustres del Globo; de una nación ejemplar en que la democracia es realidad tangible y en que por los mismo puede ser llamado a gobernarla, en condiciones de popularidad nunca antes superadas, un hombre que se ha elevado por su propio impulso y que ha sido escogido para desempeñar el más alto cargo por la voluntad de sus conciudadanos, en pago a los eminentes servicios prestados a su país y a la humanidad y en reconocimiento de sus  singulares méritos y excelsas  virtudes…”

A su vez, el presidente Hoover contesta “las palabras son siempre un vehículo pobre para expresar la respuesta de nuestros corazones a tal cortesía y bienvenida como mis compañeros y yo hemos recibido este día. Ningún ciudadano de los Estados Unidos podría haber escuchado vuestras elocuentes palabras sin un sentimiento de orgullo en su propio país, que tan grande tributo ha merecido en la historia de sus relaciones con Costa Rica todos los años de nuestra común vida nacional”.

Al almuerzo asisten los expresidentes Bernardo Soto Alfaro, Ricardo Jiménez Oreamuno, Alfredo González Flores y señora y Julio Acosta García y señora.

Una vez terminado el almuerzo a las 4 de la tarde, el presidente Hoover aprovecha unos minutos para visitar la Exposición de Artes Gráficas  en el foyer del teatro, para luego regresar a la Legación de su país y, media hora después, se traslada a la Casa Presidencial para tomar en su automóvil descapotable al presidente González Víquez, quien lo acompañará hasta Puntarenas, iniciándose así un nuevo desfile para despedirlo, el cual toma la Avenida de las Damas hacia el oeste hasta la esquina del edificio de Correos y Telégrafos, doblando hacia el sur hasta la estación del Ferrocarril al Pacífico. El público se apiña en todo el recorrido para verlo pasar. En el andén de la estación una compacta multitud agitaba sombreros y pañuelos para despedir al distinguido visitante y, mientras el tren se alejaba, la señora Hoover agitaba en señal de despedida, un ramo de flores.

El tren llega a Puntarenas a las 8 y 30 de la noche. Poco tiempo después embarcan los visitantes en el Maryland el cual zarpa una hora después con destino a Guayaquil, Ecuador.

Acompaña al presidente González Víquez su hija doña Emilia González Herrán, esposa del secretario de Seguridad Pública,  don Arturo Quirós Carranza, los secretarios de Hacienda, don Juan Rafael Arias Bonilla y señora doña Luisa Trejos Castro de Arias,  de Salubridad Pública, doctor Solón Núñez Frutos y señora doña Oliva  Rojas Solórzano de Núñez y de Gobernación,  don Luis Castro Ureña y señora doña Vicenta Zeledón Céspedes de Castro.

El mismo día 28 aparece en La Tribuna un largo artículo titulado “Representaciones que debiera escuchar el Presidente Hoover a su paso por Costa Rica” en el cual, entre otras cosas, se expresa que “no puede ser extraño ni permanecer indiferente a los fenómenos de opresión política y comercial creados en una pequeña nación como la nuestra por el desarrollo anormal y atentatorio de actividades norteamericanas que al salir de los Estados Unidos se despojaron de los respetos que allí guardan a la ley y a la comunidad, asumiendo en su despliegue una fisonomía de tránsito inmoral y avasallador, con mengua del respeto que merecen las instituciones que las rigen, y en daño y descrédito de las mismas. La United Fruit Company, nacida de las concesiones y exenciones que en mala hora le otorgaron la debilidad o el peculado, nos explota a su sabor y sin medida, acrecentando esos favores con abuso sobre abusos, que los Gobiernos facilitan o toleran, pero que la opinión pública rechaza con indignación”.

 Es interesante hacer notar que dicha publicación la firman María Isabel Carvajal (Carmen Lyra) y Jaime Coto por la Sección Costarricense del Apra, Joaquín García Monge por la Sociedad Amigos del País, Víctor Guardia Quirós y Carlos Collado por la Cooperativa Bananera Costarricense, Fernando A. Quirós y Arquímedes Jiménez por la Asociación de Estudiantes de Farmacia, y Jorge Herrera González y Fabio Fournier Jiménez, por los Estudiantes de Derecho.

En el mismo periódico, otro grupo expresa “la presencia entre nosotros del ilustre estadista y Presidente electo de los Estados Unidos de América, debe ser para el Pueblo y el Gobierno de Costa Rica motivo de gratitud y satisfacción…”

En el mensaje, correspondiente al año de  1928, enviado al Congreso Constitucional por el secretario de Relaciones Exteriores, se dice,

“Al finalizar el año nos fue en extremo grato recibir la visita del Excelentísimo señor don Herbert C. Hoover, quien investido del alto carácter de Presidente Electo de los Estados Unidos de América, visitó varias naciones hispanoamericanas. Demostración de simpatía, esta visita se recordará siempre por todos los costarricenses, no sólo por la alta posición del señor Hoover, sino además, por las relevantes prendas personales que adornan a tan eminente estadista. Puede asegurarse que el cambio de impresiones entre nuestro Gobernante y el de aquella poderosa Nación y el que tuvo lugar entre los   funcionarios del Estado y la sociedad, en general, con cada uno de los distinguidos caballeros que acompañaban a huésped tan ilustre, habrán de contribuir en no poca parte a robustecer los vivos sentimientos de aprecio mutuo, de que se han dado ya reiteradas   pruebas, los pueblos de Costa Rica y Estados Unidos de América”.

Para terminar esta breve relato, no podemos dejar de lado la semblanza que de la familia Hoover hace el periódico La Tribuna:

“Mr. Hoover tiene la apariencia de un hombre de negocios. Gordo y muy alto, de color casi rojo, muestra una vitalidad exuberante, a las vez que regulada por el dominio de acciones y pensamientos que le caracterizan como un formidable organizador.  Su rostro es austero, pero tiene una sonrisa afable que señala al hombre de gran cultura intelectual.

La señora Hoover es una dama de refinada cultura. Su distinción y afabilidad la hacen simpática tan pronto se la conoce. No hay duda alguna de que como “primera dama” de la nación, gozará en los Estados Unidos de la misma popularidad y simpatía que Mrs. Coolidge.

El hijo de los esposos Hoover es un joven de 21 años, alto, bien parecido, con esa apariencia ingenua y simpática del colegial norteamericano.” 

El presidente Herbert Clark Hoover nació en West Branch, Iowa, el 10 de agosto de 1874 y murió a los 90 años de edad en la ciudad de Nueva York, el 20 de octubre de 1964. Casó con la señora Lou Henry Hoover en 1899 y enviudó en 1944. Se graduó de ingeniero de minas en la Universidad de Stanford. Republicano, de 1921 a 1928 fue secretario de Comercio, habiendo sido electo 31º presidente de los Estados Unidos de 1928 a 1932, habiendo perdido en este último año la reelección debido principalmente a que su administración estuvo marcada por la Gran Depresión de 1929.

 

Fuentes de consulta:

    • La Tribuna del 25, 27, 28 y 29 de noviembre de 1928.
    • Diario de Costa Rica del 25, 28, 29 y 30 de noviembre de 1928.
    • Fotografías tomadas de Wikipedia y la colección del autor.
    • Wikipedia.org.
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