A la hora del Ángelus

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La Revista presenta algunos poemas de Bernal Arias Ramírez, abogado y escritor costarricense, en los que el autor observa lo real para hacer la exégesis de lo que sucede  y exponerlo con un lenguaje poético, que intenta hallar el misterio de lo no visto o de lo que pasa desapercibido a la mirada desatenta.

No escapan sus textos a la formación académica del autor, en donde la política sucede a la filosofía  y ésta a la mirada crítica e irónica de quien no hace concesiones a lo que parece desbordar sus propios límites.  

PBV febrero 2020.

 

Publicado en A la hora del Ángelus, Libro Libre, Edinexo, 2019

Des-alineado

El frío acojona la mente, entumece la agudeza

de los ilusionistas.

De las letras sale escarcha, es la misma que tapiza de blanco las miradas desoladas, en rostros veteados de ansiedad.

Echan mirada nerviosa hacia la izquierda, como si alguien les fuese a robar el carrito donde han acumulado espejos.

Juran que si ven hacia la derecha rodarán y llenaran otro carrito; sin embargo, con el tiempo, podrían perder ambos.

Sin frenos, oxidado, sin compresión, se desencajaron los ejes.

 

Colt 45

Desenfundas oportunidades perdidas y disparas a las golondrinas que perturban la zona dominada, todas ellas posadas en el cable del tendido.

Cargas la violencia de la desolación, el vicio atormentado, el fuego que quema las víceras al filo del miedo.

Percutes odios hacia la sociedad que te parió, la que te dejó en el abismo de los muertos orgánicos, la que te señala como producto de la calle, marginal de la noche.

Dejas dolientes, inocentes víctimas de tu gatillo cuando sueltas el magazine de miserias y vuelves a cargar la recamara del dolor.

Estás en la cola del tirador de sentencias y te tapan la cara para que no te vean la imagen inyectada de impunidad.

Pero alguna vez caerás en pena y llegarás a los laberintos y a los sótanos arrancados de luz, y allí la buscarás desesperadamente o te hundirás en el pantano de pólvora.

Fuiste culata, turbulencia, perturbación en los suburbios donde se aniquila lo que está en ciernes.

Pero también hay arrepentimientos, contrición en los infiernos, allí donde no llega la muesca ni la bala y se martilla el presente con la empuñadura de un libro, reteniendo el cañón de un lápiz, disparando letras y conocimientos.

 

Abril

Abril es tu nombre, pero también tu estación.

Prima donna en equinoccio en que tú esenciase vuelve húmeda.

Eres parte del todo donde prospera la luz descompuesta en fotosíntesis.

Fundes gotas de gestación que penetran el humus y tú áurea.

Tus colores rejuvenecen la flor de vida.

Hay mudanza en la epidermis y se prepara la heredad para plantar nuevas semillas cósmicas.

Te transformas en hormonas de energía, dejando de lado la desértica sed que calcinó el subsuelo.

Te proyectas en el sueño feliz y plena, súbita y apasionada.

Acaricias el vientre de la madre tierra.

Tus alergias aumentan en proporción a tu estado de alerta en que filtras los elementos étnicos y del trópico.

¡Oh Abril!

Que haces transición al verdor de los campos,

pétalo nacido del viento.

Espectacular fruto, cultivo de los dioses,

pregón, floración, abeja.

Bonsái que bailas entre árboles, hojas tiernas y flores,

mojada en agua bendita del cielo.

Ni la Provenza, ni los campos de lavanda se comparan

a tu festiva y lúcida presencia.

 

Te quiero narrar

Hoy te quiero dibujar con el portaminas, sin trazos, solo mano alzada.

Allí estás, quieta, inmóvil, los sentidos posan sobre tu relieve.

Espuma blanca es tu piel, palabrerías y sortilegios tus ojos.

Tu cabello hilos de cobre anudados.

Tu cuello sostiene una bella metrópoli.

Tu nariz en división de atrayentes hemisferios.

Tus sensitivos labios bañados de pasión.

Tu frente donde se juntan las dualidades.

Tus pechos caracolas de pleamar.

Tus hombros, los que han arrullado nacimiento.

Tus alargadas manos que tranquilizaron pesadillas.

Tu señoril prestancia color sepia.

Tú figura irreverente salpicada de autosuficiencia.

Tu gesticulación anónima, deducida.

Dibujo tu respiración cerca de mi oído, tus abismos, tus manías, tus nervios.

Se hace imposible plasmar caprichos y extravagancias,

ni la presunción o pretensiones más allá de la realidad.

Esa eres tú, aun con el pasar de los años.

 

Romànie

Pasó el carromato de los ágrafos y salieron las putas a callar tal escándalo.

Eran los sin registro, la dispersión de estar en todas partes y en ninguna a la vez.

Un mosaico movido de nostalgia,

una muestra estéreo de lamentos empaquetados en cachivaches.

La identidad sin asimilación, expulsados, itinerantes de estaciones.

Hilos subterráneos de quejido jondo en caravanas que manchan la muerte

y trazan el universo desde adentro.

Expulsan el dolor con palmeo mudo y sordo

y taconean en la improvisación de las imágenes.

Es el poderío de las venas en la frente

y la exaltación del árbol ancestral en la yugular.

Y el cuerpo vive las entrañas desgarradas por la pena.

El más oscuro sentimiento de la morriña, el cante que duele.

Cante a la tierra y giro flamenco

esparciendo la sangre caliente en los tablaos del mundo.

Son navajas que cortan los vellos y derraman lágrimas en surcos de angustia.

Acampan sus caballos en la marginación del móvil marrón,

ocultos de la historia, degradados.

La expresión de lo no expresado, la telúrica pasión de las almas errantes.

  

 

Publicado en Evidencia en los Nublados, Libro Libre, Edinexo, 2019.

 

La Guevara

En el esquinero y desvencijado local

ebullición política, ideológica y sectaria a raudal.

Montes de Oca en los setenta y ochenta,

en guerra fría brutal y cruenta.

Panfletarios, artistas, idealistas,

moderados, comunistas y escépticos cronistas.

Profesores, estudiantes y otros comprometidos

con sus librillos aprendidos.

Corrientes, doctrinas, discusiones y acciones.

Autores, sucesos, conspiraciones,

negros nubarrones.

Líderes, lidercillos, fachas, camaradas,

todos a puñaladas,

que en miradas mesa a mesa,

porfías desconfiadas.

Micro ajedrez de un puzle mayor y dividido,

en rostros jóvenes de credo y de partido.

Con tufos olor a moho y a madera podrida,

fueron arrastradas las Facultades y las filosofías.

Fuerzas de movimiento

que desde las humanidades iban calando

en la razón y el pensamiento.

Unos por ego, otros comprometidos por dogma,

matriculados en manifiestos, volantines y arrestos.

Aquellos que solo leían lo que la doctrina les impartía,

otros que devoraban letras en visión de mundo objetiva.

Ah… época aquella,

que por encima de todo ello,

se conservan adversarios, amistades y memorias.

Se fue con el tiempo la guerra fría

y el gran rótulo tabaco “REX”.

¡Se aproximará otra circunstancia parecida!

Por lo pronto, de las cafeterías y los libreros

no quedan más que pergamineros.

 

Hambre

Ojos pequeños miran arriba, a la nada.

Están distraídos en cuerpo grisáceo,

piel hundida en huesos,

cartílagos de tristeza.

Apenas una composición de silueta andante

con nariz respingada,

reminiscencia de criatura hermosa.

Tiene preocupación del presente,

y aquel sermón de fondo.

Acaso una galleta para saciar el hambre,

un trago de agua sabor amargo

de la fuente de poco futuro.

Suenan monedas,

no son para ellas.

Nos hincamos, giro, queda una estela.

Con manos abiertas se invoca justicia.

 

Collage

En la sombra del viento más allá del invierno donde el corazón te lleve, estará el nombre de la rosa de los mares del sur.

En ese sitio lo que el viento se llevó será impreso en la vida secreta de la mente y anotado en el diario de Ana Frank, tal y como se percibió el perfume en la casa de los espíritus.

Plata quemada en la región más transparente que nadie verá llorar, pues los hombres que no aman a las mujeres tendrán cien años de soledad y serán llevados por el príncipe de la niebla como lo reclama el código Da Vinci.

No digas que fue un sueño de principito ni un juego de tronos de cómo explicar el mundo.

O llevarás luto por mí,

O matarás a un ruiseñor.

Esa conversación se escuchó en visita a la catedral siendo testigo el señor de los anillos, el mismo que estuvo a la caza del octubre rojo cuando fue alquimista antes de que ardiera París.

Queda fuera de duda que los pilares de la tierra no son del mundo de Sofía, sino, de la ciudad y los perros.

 

Gaia

Desde las estrellas eres cápsula azul de vida,

entre océanos y continentes estás constituida.

Gravitas, tienes pulso, te enfermas y te sanas,

pues tus defensas te conservan de las conciencias vanas.

Precioso organismo de co-habitación,

envuelto en tela refractiva de oblación.

Tienes temperatura corporal en sutileza de ejes,

de la globular madre naturaleza que bien proteges.

No eres nuestra solo eres, de los míos y los que vieres,

en rítmico incubamiento de fecundación cíclica de seres.

Terrestres, aéreos y acuáticos compartiendo la fuente,

polvo de estrellas, química infinita y física ascendente.

Gota sonora en el universo elíptico de fusiones,

espiral de átomos en constante fisión de iones.

Formamos parte de ti, migas de un mismo destino,

lentejuela estelar de galaxia, en misma ruta y camino.

Bendita seas Gaia, y bendito el Gran Espíritu Creador,

por todo lo que tienes y lo que nos has dado

Padre alumbrador.

Árboles, plantas, agua, canto, alimento y abrigo,

con dos caras, la del sol y la luna,

y tus hermosos seres índigo.

En bóveda blanquiazul hoy te celebramos,

pues eres el vientre y substancia de todos

los hijos que te amamos.

 

 


Bernal G. Arias Ramírez

Es abogado y politólogo de profesión, doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido profesor de la Universidad de Costa Rica y la Universidad Católica de Costa Rica.

Es autor y coautor de libros y artículos especializados vinculados a las Ciencias Sociales y al Derecho. Ha escrito sobre tópicos de institucionalidad y gobernabilidad democrática.

También ha sido ensayista e investigador, y ha escrito cuento –inédito-; asimismo, tiene avances de una novela.  En el año 2019 publicó tres libros de relato corto, prosa poética y poesía:  A la hora del Ángelus, Fuego y Camino y Evidencia en los Nublados. Tiene inédito un libro de prosa poética y poesía que se llamará “En Alta Mar”.

 

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