Aaron Chaves Carrillo, Estudiante de la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Costa Rica,

Cada 4 años en el primer domingo de febrero, se eligen nuevos mandatos presidenciales y gabinetes que prometen crear un cambio estructural capaz de mejorar el vivir del ciudadano costarricense. Promesas pasan, propuestas vienen y el tiempo se va, sin embargo, raramente se cumplen. Prometen cambios en las congestiones vehiculares, cambios en seguridad, cambios en transporte público y que el ciudadano pueda sentirse seguro caminando en cualquier calle de Costa Rica.

Cuando vemos la realidad de la situación, esas propuestas rara vez se materializaron. Los políticos, elegidos por el pueblo, pretenden entender lo que sufre el ciudadano de a pie, pero cuando se dirigen a reuniones, van escoltados con caravanas policiales. La situación se torna evidente cuando vienen diplomáticos y políticos nacionales e incluso delegaciones extranjeras y se movilizan por carreteras congestionadas, con toda la fuerza policial para protegerlos y evitar así toda la congestión vehicular y otras crisis de seguridad que afectan al costarricense.

 Esta es la paradoja de la seguridad costarricense y se evidenció el día anterior al traspaso de poderes, el 7 de mayo del 2026, cuando asesinaron producto del sicariato, a un hombre e hirieron a 2 mujeres en horas de la tarde en Paseo Colón, San José. Posteriormente, en horas de la noche del mismo día, vimos en el Teatro Nacional al rey Felipe VI de España, el presidente de Chile, José Antonio Kast y diversos representantes de Estados Unidos, Arabia Saudita y otros países más.

En ese evento, se celebró la cena dirigida por el Poder Ejecutivo antes del traspaso de poderes. Además, se presenció un despliegue policial, alta presencia de oficiales de tránsito, cierre de calles para seguridad de los políticos y seguridad estructurada. ¿Por qué no aplicar políticas de seguridad para proteger al ciudadano de a pie y establecer como prioridad estatal la protección de todos los costarricenses? La percepción ciudadana de ese 7 de mayo fue que había poco despliegue policial para intervenir y evitar el homicidio.

Esto se evidencia en:  de acuerdo a hallazgos de la Encuesta Actualidades 2024, producido por la Escuela de Estadística de la UCR, indica que una cuarta parte de los costarricenses, el 26%, sienten que siempre o casi siempre algo malo va a suceder, ya sea cuando transitan en la vía pública o en medios de transporte.

De igual forma, lo mismo sucede en las presas y es donde justamente crece la fractura entre clase política y clase trabajadora: el ciudadano costarricense puede dedicar horas de su vida al día, antes o después del trabajo de 8 o más horas para someterse en largas congestiones vehiculares, cuando justo en ese instante pueden escuchar sirenas, donde se movilizan políticos y no pasan ni 1 solo minuto de presa. ¿Cómo pretenden entender el malestar civil, si no sufren lo mismo que el ciudadano promedio costarricense?

Los políticos pasan protegidos en vehículos para no retrasarse y llegar tarde a sus actividades laborales, civiles o políticas, evitando ser víctimas de sicariato, robos y problemas de seguridad, simulando una burbuja de aislamiento, que creen formar parte de una élite intocable, pero es ahí cuando la contradicción inicia: fueron elegidos por la mayoría civil, pero cuando tocan el poder, muchos toman la inhumana decisión de volverse insensibles al malestar civil.

La sociedad pierde la confianza en el Estado cuando este deja de experimentar las consecuencias de las mismas decisiones que ellos tomaron años atrás y que provocaron presas interminables, crisis de homicidios y narcotráfico que se evidencian en la actualidad.

No es desproteger a los políticos, es darles un trato prioritario también a la sociedad en general. No es de privilegiar más al privilegiado, es privilegiar también al históricamente desprivilegiado y excluido por su condición socioeconómica. Ya que, no hay humanos más valiosos que otros humanos.

Es proteger y darle seguridad a los niños, jóvenes, adultos y adultos mayores que transitan por las calles, es ofrecerles seguridad para poder trasladarse en buenas condiciones a su casa o trabajo. No de pasar con caravanas evitando congestiones y el ciudadano que eligió al político, queda atrás, rezagado e ignorado ante el privilegio político.