La confusión que se ve reinar en el mundo sindical se asemeja mucho a la que experimentaron amplios sectores de trabajadores y organizaciones sindicales del mundo industrializado al devenir la actual revolución científico-técnica. Entonces, el movimiento obrero ligado a la vieja economía empezó a reaccionar en contra de de las nuevas formas productivas que desplazaban amplias masas de trabajadores. Los trabajadores de la metalurgia y siderurgia ejemplificaban bien este terrible cambio de paradigma en sus efectos propiamente humanos y sociales.

El movimiento sindical, fuerza primordial de los grandes logros y luchas revolucionarias por la justicia social, se trocó en fuerza casi “reaccionaria” en muy diversos aspectos de la vida política.

Dicha confusión se explicaba porque el capitalismo pasaba así a una fase desconocida hasta entonces, la cual invertía bruscamente la lógica misma de la acumulación: el aumento de la productividad, (y de la rentabilidad del capital) era directamente proporcional a la mayor utilización de la fuerza de trabajo, mientras que el nuevo modelo impone que la mayor productividad (y rentabilidad del capital) es inversamente proporcional a la cantidad de la fuerza trabajo y directamente proporcional a la aplicación masiva de la inteligencia y la tecno-informática.

El mundo del trabajo y la producción se siente realmente amenazado por la ola de cambios que se suceden, la cual no dejará de tener efectos negativos hasta tanto no seamos capaces de comprender su inevitabilidad histórica y situarnos en la perspectiva de los grandes cambios, con un sentido de transformación de nuestras culturas asociativas, laborales y productivas y la educación y la capacitación técnica.

Naturalmente, todo ello implicó graves impactos en las concepciones y las formas de organización del sindicalismo y movimientos sociales y políticos originados en la revolución industrial. Recordemos que los grandes agrupamientos políticos e ideológicos del siglo XX provienen de esa misma época histórica y estructura social, cuya crisis era inevitable con el cambio de modelo.

La perplejidad y confusión es, por eso, comprensible, porque cuando no se comprende el sentido de la historia la respuesta es generalmente “reaccionaria”, no en el sentido peyorativo o clasista del concepto, aplicado básicamente a quienes defienden sus intereses desde posiciones y concepciones muy conservadoras.

Nuestro país por supuesto no es la excepción a estas reglas.

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