Albino Vargas: DD.HH. – Alvarado y Bolsonaro

La estafa política que implica el Gobierno de Alvarado para quienes aspiramos a un proyecto económico más justo, para quienes creemos en la segunda generación de derechos humanos; ahora se extiende y muestra su doble moral para estafar, también, a quienes han luchado por una sociedad más diversa y menos arrolladora del medio ambiente y de la Ecología.

Albino Vargas Barrantes, Sindicalista.
No encuentro cómo explicarme, lo más acertadamente posible, las razones por las cuales Carlos Alvarado Quesada pretende que Costa Rica logre un escaño en el seno de la Comisión de Derechos Humanos (DD.HH.), de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), utilizando un encadenamiento pernicioso con su colega de Brasil, Jair Bolsonaro; quien destaca en el planeta, en estos momentos, no necesariamente por su vocación a favor de los Derechos Humanos.

Lo único que me viene a la mente es el proceso de degeneración política del señor Alvarado Quesada que, desde nuestra perspectiva, comenzó cuando hizo esas perversas alianzas electorales, con lo más rancio del neoliberalismo criollo, para ganar la segunda vuelta de la ronda presidencial del pasado año 2018.

Si nos atenemos a su discurso y su lógica política de ese sui generis comportamiento suyo a favor de los Derechos Humanos de grupos LGTBIQ, de lo que tanto le gusta ufanarse; que el mandatario tico se junte con un homofóbico declarado como Bolsonaro, debe tener en estos momentos desconcertados a muchas personas honestas que han venido luchando, en medio de gran adversidad, a favor de la diversidad en el seno de sociedades democráticas; gran parte de las cuales le han rendido devoto agradecimiento. De concretarse este “matrimonio político por conveniencia” con Bolsonaro, el gran perdedor es Alvarado quien, nuevamente, quedará desenmascarado por mostrar una doble moral.

También si lo vemos desde el punto de vista de la cuestión ambiental-ecológica, y más dramáticamente contradictorio con ese premio que recibiera el señor Alvarado, en las Naciones Unidas, como país “campeón del planeta” en la cuestión verde; nada más ridículo y descalificante para él mismo y para Costa Rica entera, juntarse con el principal responsable político del incendio de la Amazonía y de los por él mismo proclamados, cínicos fines políticos de Bolsonaro para permitir la explotación comercial del pulmón del planeta con el agronegocio, por ejemplo. Otra vez, se haría evidente la doble moral del mandatorio tico.

Juntarse con Bolsonaro, partidario del exterminio físico de lo diferente y gendarme ideológico para castrar lo distinto en cuanto a la organización de la sociedad a fin de que en ésta imperase el bien común; es una abierta afrenta a aquellos mejores valores de la nacionalidad costarricense animadores en la construcción de nuestra idiosincrasia original; aunque ahora la misma esté muy maltrecha por la imposición prepotente de esquemas de exclusión socioeconómica, pulverizadores de la promoción del bien común que estuvieron en los principios forjadores de esa sociedad de relativa integración que tuvimos hasta hace corto tiempo.

Concretamente, viéndonos a nuestro propio interior con el lente transparente de los DD.HH., es real que tenemos una autoridad disminuida si, por ejemplo, nos analizamos a nosotros mismos con base en el respeto y en la aplicación de lo que los expertos denominan como la segunda generación en Derechos Humanos: el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

Ratificado éste por Costa Rica, en 2014 (si no nos equivocamos), sometido que fuera a una especie de auditoraje político independiente, arrojaría un impresionante balance negativo en cuando al bienestar civil y de la gente. Costa Rica, probablemente, no pasaría con buena nota un examen de tal calibre.

Hasta donde hemos podido ponernos al día en la importante materia de los DD.HH., éstos muestran un carácter integral en su puesta en práctica; no de aplicación segmentada, sectaria, con exclusión.

Lo que queremos decir es que, es en la actual época histórica del desarrollo nacional que se nos muestra con más crudeza, el enorme techo de vidrio que tenemos en Derechos Humanos, como para sentarnos en esa importante comisión internacional de las Naciones Unidas, a formular señalamientos acusadores, sin tener mayor mérito moral… Y, mucho menos, en esa mala junta: Bolsonaro.

La estafa política que implica el Gobierno de Alvarado para quienes aspiramos a un proyecto económico más justo, para quienes creemos en la segunda generación de derechos humanos; ahora se extiende y muestra su doble moral para estafar, también, a quienes han luchado por una sociedad más diversa y menos arrolladora del medio ambiente y de la Ecología.

 

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Albino Vargas Barrantes
Es sindicalista y 
Secretario General de la
Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP)

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