Albino Vargas: “La deuda nacional es carísima, crece a ritmo acelerado y…”

Optar por la política tipo shock, aunque sea a la tica, no augura nada bueno

Albino Vargas Barrantes, Sindicalista.

“La deuda nacional es carísima, crece a ritmo acelerado y el pago de intereses absorbe recursos necesarios para enfrentar otras necesidades”. Este criterio no es nuestro. Fue incluido en el comentario editorial del periódico La Nación, correspondiente a su edición del pasado domingo 8 de marzo de 2020; editorial titulado ¿Cuántos bancos necesita el Estado? Con sinceridad, debemos decir que nosotros no lo habríamos escrito mejor. ¡Sorprendente que uno afirme esto!, ¿verdad? Pero, también, debo indicar que, ¡hasta que por fin entendió La Nación!

Ocurre que, desde el lado de la lucha social, sindical, cívico y patriótica, se tiene a dicho medio de comunicación como la voz oficial del alto corporativismo mega-empresarial del país. Por tanto, como antípoda a la visión-país que, en nuestro propio caso venimos sosteniendo hace ya bastante rato; manifestándose una colisión político-ideológica entre las posiciones de La Nación y las de la ANEP, que son de constancia pública y de amplio conocimiento en ambos casos; tanto en las esferas del poder formal, como las del poder real que mueven los hilos de la sociedad costarricense de hoy en día, sobre todo estas últimas.

Así que, de una manera u otra, uno debe estar al tanto de lo que piensa el enemigo de clase y no sé si somos correspondidos en tal sentido.

Pero que de manera antípoda ambas partes notales de la confrontación social de los últimos tiempos (no las únicas, por supuesto; ni de un lado ni del otro), estemos coincidiendo en que “la deuda nacional es carísima”, que “crece a ritmo acelerado” y que “el pago de intereses absorbe recursos necesarios para enfrentar otras necesidades”; bien podría dar cabida a un intercambio de pareceres que, a lo mejor, abonaría para que, en algún momento y antes del descalabro total, en el país se diese un acuerdo nacional.

ANEP ajusta ya, como indicamos, muchísimo tiempo apuntando que al déficit fiscal tiene una serie de causas y explicaciones que no pasan por el salario de las personas trabajadoras estatales, ni aún en los casos de abusos que se han dado y que nosotros reconocemos.

A juzgar por el contenido de ese editorial de La Nación, tal apreciación habría sido dejada de lado; lo cual es llamativo pues este medio ha sido líder en la promoción de la más infame campaña de agresión psicológica y de terrorismo ideológico jamás desplegada en el país contra un grupo social (al menos, en los tiempos de la Segunda República), como el de los empleados públicos.

Si esta posición nuestra ya ellos la entendieron bien, y como actor político que son, por esencia, aunque tengan ropaje de medio de comunicación; bien podrían albergar un buen debate acerca de la clase de empleo público que necesita una sociedad como la costarricense de estos momentos, misma que está caracterizada por la desigualdad, la informalidad, la alta criminalidad, el desempleo, la criminalización de la protesta social, el narcotráfico metido en el sistema financiero y en la política electoral, el fraude fiscal, la des-reactivación económica, la inmigración incontrolada, etc.

Llevan razón, en otro orden de cosas, con eso de que “el pago de intereses absorbe recursos necesarios para enfrentar otras necesidades”; tesis nuestra planteada “n” cantidad de veces y que nos tiene ahora, en este 2020, con una cifra diaria de 5 mil millones de colones según lo ha reconocido el actual jerarca de la cartera ministerial de Hacienda. ¿Cuánto ayudaría si tan solo hubiese que honrar la mitad de esa cantidad que hay que pagar en intereses obscenos; plata tan necesaria hoy en día como lo es el desafío de enfrentar la pandemia del coronavirus Covid 19?

Finalmente, no nos cansaremos en abordar el tema fiscal desde nuestra óptica social, por supuesto; con una propuesta inicial para poner en la mesa.

Preguntamos: ¿con cuántos puntos porcentuales de Producto Interno Bruto (PIB), de déficit fiscal podría vivir nuestra sociedad en estos tiempos, de acuerdo a las características socioeconómicas y políticas que experimentamos; por una parte?

Por otra, ¿cuántos son los puntos PIB que dislocarían el equilibrio social? ¿Podríamos ponernos de acuerdo, los sectores sociales y políticos, en que el déficit tolerable es 3 %; y, que el inmanejable es 6 o 7 por ciento? Entonces, ¿se podría abrir un espacio para soluciones concertadas de cómo se de financiar esos 3 o 4 puntos inmanejables y acordar cómo se financiarían?

Optar por la política tipo shock, aunque sea a la tica, no augura nada bueno. El “pa’ eso tenemos la mayoría”, típico de las democracias representativas, muy desprestigiadas en América Latina, ya no funciona como antaño. Sólo hay que provocar a la gente, como se está haciendo en nuestro país; y, en algún momento algo estallará.

 

 

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Albino Vargas Barrantes

Es sindicalista y Secretario General de la
Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP)

 

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