Albino Vargas: Primero de mayo – El sindicalismo post-pandemia

La conmoción que necesitamos para encarrilar a la Costa Rica actual post-pandémica por la vía de la inclusión social y económica, con justicia tributaria plena y con acceso pleno a la serie de servicios públicos pensados para el bien común, ocupa otro tipo de sindicalismo que el que se habituó al confort. Y, en no pocos casos, tendrá que ser pese a su actual dirigencia, temerosa de arriesgar su estatus porque sus propias bases la podrían rebasar.

Albino Vargas Barrantes, Sindicalista.

 Con ocasión de la histórica conmemoración del PRIMERO DE MAYO, la fiesta obrera por excelencia a nivel planetario, misma que para el caso costarricense ajusta ya 107 años desde que, en 1913, se celebró en el país el primer PRIMERO DE MAYO; creemos oportuno dejar planteados varios aspectos fundamentales desde la perspectiva del sindicalismo sociopolítico que hemos venido practicando, los cuales podrían marcar un camino de lucha obrero-social con nuevos bríos, en estos tiempos de coronavirus-covid 19, mismos que parecen haber llegado para quedarse.

La clase trabajadora asalariada con empleo fijo y con trabajo formal, clásicamente conceptuada para la operación del marco jurídico del Derecho Laboral regulador de la relación obrero-patronal, ¡es ya minoritaria!

El actual estado de situación del sindicalismo tico parece no haberse dado cuenta de tal situación. Pese a las dimensiones de los desafíos abiertos al mundo obrero (como concepto de clase en su más amplia acepción), no hay un solo esfuerzo genuinamente transparente y políticamente sincero para superar el altísimo nivel del gremialismo corporativo-sindical heredado de las épocas de bonanza del Estado Social.

Tenemos un sindicalismo acomodado, sistémicamente hablando, cuya práctica con relación a las proclamas que elabora guardan gran distanciamiento; y, cuya legitimización viene dada desde el afuera institucional al marco sindical, lo que le resulta suficiente para su propia sobrevivencia. De esto hemos hablado en comentarios anteriores.

Ahora bien, en el marco de tal estado de cosas dos grandes ámbitos del mundo obrero-social están ayunos de categorización conceptual por parte del sindicalismo tico, por una parte; por otra, no se siente en el horizonte una disposición lo suficientemente segura como para animarse a una organización estructural.

El primero de esos ámbitos tiene que ver con el sector informal de la economía, el del cuenta-propismo, el de las personas desempleadas o con empleo mal renumerado, o de medio tiempo, o de “cuando hay un trabajito”; que ya de por sí era bastante numeroso antes de la llegada de la pandemia al país, tomando como fecha oficial de esto el 6 de marzo de 2020. Según las fuentes más serias y creíbles, la cifra ya se acercaba al 50% de la Población Económicamente Activa (PEA), en edad de trabajar. Necesario es puntualizar el drama juvenil de tanto compatriota en este segmento del mundo obrero-laboral.

El otro gran ámbito, es el que se ha conformado de súbito, “en un dos por tres” por estos días: es la gente trabajadora que debido a la pandemia del covid-19 se le despidió, se le acortó su jornada y/o se le rebajó su ingreso; o la gente trabajadora del micro-mediano emprendimiento o de la misma informalidad que se quedó, literalmente, sin nada.

No hay oferta sindical para atender a estas miles de personas una vez superada la pandemia en el plano sanitario; considerando que toda esta gente estará atormentada por la inseguridad de su situación socioeconómica inmediata y mediata.

Si ya teníamos problemas de orfandad organizacional en el seno de la informalidad pre-pandemia, el contingente derivado de la misma evidenciará todavía más la precariedad sindical para dar, organizativamente hablando, un abrigo seguro y esperanzador a nuestros hermanos y a nuestras hermanas de clase. Como vemos, queda muchísimo por construir, pero no parece que a lo interno del mundo sindical haya voluntad y disposición.

Por otra parte, también tenemos que sumar la circunstancia de que, dado que estamos tan cortos de vista, o que nuestra comodidad política nos tiene cegados, estamos dejando pasar las posibilidades de estructuración de una fuerte corriente de posicionamiento social articulado y estratégico para conmover o sacudir a la institucionalidad oficialista que mantiene un staquo quo excluyente, a tal nivel que ya no solamente los y las de abajo parecen quedar por fuera de los beneficios del crecimiento económico, sino que los y las de en medio empiezan a resquebrajarse y a tomar conciencia relevante de su situación estresante.

Estábamos notando que eso tenía señales inequívocas en la etapa pre-pandemia y que tendía a crecer. Creíamos que el establishment del tripartidismo neoliberal estaría ya siendo rebasado al respecto; sin embargo, la atención que el mismo ha venido brindando a la cuestión sanitaria del covid-19, más la manipulación mediática sostenedora de ese establishment (encuestas incluidas), pudiera dar la sensación de que “todo va a estar bien”; y, por tanto, el estado natural de las cosas imperará de nuevo.

Pensamos que las deudas sociales acumuladas antes del 6 de marzo de 2020, con su expresión concreta en la desigualdad sistémica y sistemática, lejos de aminorarse se acentuarán. La sola situación de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), muestra la envergadura del abismo que nos espera a la vuelta de la esquina.

La conmoción que necesitamos para encarrilar a la Costa Rica actual post-pandémica por la vía de la inclusión social y económica, con justicia tributaria plena y con acceso pleno a la serie de servicios públicos pensados para el bien común, ocupa otro tipo de sindicalismo que el que se habituó al confort. Y, en no pocos casos, tendrá que ser pese a su actual dirigencia, temerosa de arriesgar su estatus porque sus propias bases la podrían rebasar.

Esa construcción sociopolítica está pendiente y no es de orden electoral precisamente. En este PRIMERO DE MAYO, esta apuesta sindical parece que es la correcta.

 

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Albino Vargas Barrantes
Es sindicalista y Secretario General de la
Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP)

 

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