Albino Vargas: ¿Qué le han hecho a los agricultores?

El ir y venir de los agricultores por distintas oficinas gubernamentales; su condición casi de esclavos financieros de los bancos, y el tratamiento que les dan casi que de mendigos, representa un cambio cultural y de valores de orden negativo para con ellos de parte de los decisores de políticas públicas dedicadas al agro que han venido mostrando un menosprecio casi total a la producción nacional. 

Albino Vargas Barrantes, Sindicalista.

Uno de los más importantes baluartes de una democracia que realmente aspira a lograr la mayor legitimidad posible, tiene que ver con todas esas políticas públicas volcadas a la protección de la gente que tiene a cargo  la producción de lo que se come ese pueblo que disfruta de la democracia.

En los mejores tiempos de la Segunda República, misma que parece estar muriendo, los agricultores costarricenses fueron objeto de múltiples atenciones por parte del Estado, procurando éste que pudieran producir desde sus comunidades de origen, con buenos servicios públicos a su alcance, para que no tuvieran que migrar a las ciudades; a parte de que sintieran que su actividad tenía un carácter estratégico para la convivencia democrática.

Cuando  a Costa Rica la empiezan a forzar para que imponga a la sociedad los postulados del Consenso de Washington, nuestros agricultores empiezan a sufrir. El Estado comienza, paulatinamente, a abandonarles, en aras de rendirle pleitesía a un «libre comercio» que nunca lo fue, que nunca lo ha sido por cuanto hoy muchos de nuestros agricultores son víctimas de monopolios comercializadores.

Una de las razones que explican el grado de desesperación que hoy sienten nuestros agricultores, al punto de decidirse a acudir a La Calle para hacerse sentir, tiene que ver con el paulatino desmantelamiento y debilitamiento de instituciones claves que fueron determinantes para que ellos y sus familias adquirieran, en no pocos casos, estatus de clase media. Hablamos del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y del Consejo Nacional de Producción (CNP). Ambas entidades están al borde de la extinción; el MAG con una existencia cuasi-fantasmal y el CNP apunto de su eliminación jurídica y la venta de su parte más «atractiva»: la Fábrica Nacional de Licores (Fanal).

Otro aspecto interesante de destacar dentro del actual calvario que viven los agricultores nacionales, en su lucha por no desaparecer del todo, tiene que ver con la comprensión que muchos de ellos han logrado asimilar, en el entendido de que forman parte de un gran conjunto social que se siente excluido de los beneficios del crecimiento económico, éste en tendencia concentradora. Es decir, que ya muchos agricultores nacionales comprenden que el modelo económico dominante les afecta tanto como a importantes sectores de nuestra democracia, la cual parece haber quedado reducida al ejercicio electoral cuatrienal, pero no a seguir incluyendo como se hacía antes de la implementación en el país del hoy tristemente célebre Consenso de Washington.

El ir y venir de los agricultores por distintas oficinas gubernamentales; su condición casi de esclavos financieros de los bancos, y el tratamiento que les dan casi que de mendigos, representa un cambio cultural y de valores de orden negativo para con ellos de parte de los decisores de políticas públicas dedicadas al agro que han venido mostrando un menosprecio casi total a la producción nacional.

No ha llegado todavía el Gobierno que esté dispuesto a «agarrar el toro por lo cuernos», de manera tal que el problema de la agricultura nacional se tenga que abordar desde conceptos claves como la soberanía y la seguridad alimentarias, como aspecto fundamental de la seguridad nacional del país, tal y como lo hace Estados Unidos con sus agricultores.

 

Si le interesa recibir información diariamente:


Albino Vargas Barrantes
Es sindicalista y 
Secretario General de la
Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP)

Del mismo autor le podría interesar:

 

También podría gustarte

Comentarios

Cargando...