Alejandro Chacón: Un nuevo mapa para el bicentenario

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Alejandro Chacón Porras, Educador.

A lo largo de la Historia, los Estados de cualquier parte del globo, han entendido la relevancia de una efectiva división político administrativa de su territorio. Así como cualquier persona busca la mejor distribución de sus efectos personales en el hogar, a fin de facilitar la vida cotidiana, la gestión eficaz del Estado sobre el territorio a su cargo, depende en importante medida de ordenar sus esfuerzos en el territorio. Los criterios para definir esa demarcación puede ser muchos, pero siempre en busca de cumplir el objetivo arriba citado: cohesionar y administrar efectivamente.

En Costa Rica, la división político administrativa ha sido relegada a un plano poco relevante de la vida nacional, convirtiendo nuestro mapa, en una especie de dibujo inmutable, suspendido en el tiempo, exento de modificaciones considerables y llenos de inconsistencias y disfuncionalidades. La actual división política administrativa data de 1848 y refleja la dinámica colonial que aún persistía en la visión de Estado, con tres figuras conocidas: provincia, cantón y distrito parroquial. Del trazado de aquellos límites primigenios el mapa nos deja claro que representan a la Costa Rica de aquel tiempo y poco significan a la actual.

¿Qué comparten hoy las personas de Coto Brus con las de Jacó, en la provincia de Puntarenas? ¿Qué vínculo une a un habitante de Poás y una vecina de Los Chiles en la de Alajuela?

En la década de los noventa terminó de extinguirse la figura del Gobernador Provincial y con ella, quedó solo una utilidad práctica para la provincia: la elección de diputados y diputadas, que podría sufrir importantes cambios de aprobarse un mecanismo distinto que se viene discutiendo desde la ciudadanía. En el caso de los cantones y distritos la transformación del mapa ha tenido mayor movimiento, aunque no siempre positivo en la búsqueda de una administración estatal efectiva.

Para inicios del siglo pasado, adquirir el rango de cantón era una especie distinción a los pueblos “progresistas”, y se hizo muchas veces de forma descontrolada y sin considerar criterios técnicos y geográficos. Finalmente eso derivó en que existan hoy municipalidades con territorios muy extensos a su cargo, otras de escaso tamaño y algunas que se hacen cargo de territorios de otras, muchas veces sin los presupuestos necesarios, complicando el adormecimiento burocrático.

Quien suscribe, se adhiere a la tesis que la Costa Rica moderna y ajustada a los tiempos, demanda una discusión nacional para modificar la división política administrativa del país. Un proceso serio de análisis, democrático y participativo, para recoger las inquietudes y realidades del país, orientado hacia el logro de resultados concretos. La Costa Rica del bicentenario debería aspirar a una división política interna definida sobre bases de carácter científico, humano, democrático e inteligente, que permita al Estado utilizar sus recursos de forma ágil y eficiente en beneficio de la ciudadanía.

Hoy que tanto se repite la palabra “Reforma del Estado” debe partirse de la premisa que, el Estado no funciona en abstracto, no ejerce su soberanía sobre papeles y escritorios, sino sobre la tierra que pisamos, sobre el suelo que sembramos, en la naturaleza que nos cobija. Que las políticas de desarrollo productivo, de construcción de infraestructura, de programas de atención social y la democracia comunal se potencian o paralizan, en buena parte, por la división político administrativa del país.

 

 

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