Alejandro Muñoz: RECOPE ante los retos ambientales y la COP 26

Las inversiones prioritarias deben estar enfocadas en aquellos proyectos que lancen a la empresa hacia el futuro de las energías alternativas y dejen en el pasado la refinación, la importación de petróleo o de sus derivados, mucho menos, dar esperanzas a las desfasadas ideas de la actividad extractiva.

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Alejandro Muñoz Villalobos, Presidente Ejecutivo de RECOPE.

Nos encontramos a las puertas de dar por concluida la COP 26 (Conferencia de las Partes), en Glasgow, Escocia. Ha sido un camino largo sin duda, desde la primera, realizada en la ciudad japonesa de Kioto (Protocolo de Kioto), celebrada en 1997. Pero mucho más largo y desesperanzador si nos remontamos al año 1967 y sobre todo en la década del 70, cuando el Club de Roma ya advertía sobre lo mismo que estamos discutiendo hoy, más de 50 años después.

Las instituciones ambientales han venido tratando de afrontar los efectos de los paradigmas sociales y económicos dominantes, que nos han llevado a la crisis del Cambio Climático. Las soluciones propuestas y su implementación han sido inocuas, por lo que visualizamos un punto de inflexión con graves repercusiones en el planeta para la especie humana, sus estructuras sociales, sus procesos de desarrollo y su interacción con el resto de la biosfera.

Dadas las experiencias y las resistencias desde Kioto y hasta la COP 25 y los Acuerdos de París, parecieran enormes las expectativas que se tienen de la COP26, y la credibilidad en las propuestas está devaluada, la responsabilidad de gobernantes y organismos internacionales participantes está en duda después de este largo transitar, con sus avances dispares y donde lo pendiente presenta grandes obstáculos.

La falta de acciones oportunas y de acuerdos ha sido la tónica del encuentro, mientras la presión de la gente en las calles aumenta y los liderazgos de las nuevas generaciones presionan con su gran capacidad de convocatoria y cuestionamientos válidos. Este esfuerzo global se disipa entre múltiples declaratorias, estrategias y proyectos sobre los ecosistemas, las ciudades, los océanos, los bosques, la movilidad, la agricultura, la infraestructura, los suelos, economía verde y otros aspectos relacionados a las actividades humanas. Se debe definir hacia a dónde vamos y cuál es la contribución en concreto que cada país debe hacer, en un proceso tan complejo y dispar.

El Presidente de la COP António Guterres, al inaugurar la conferencia lanzó un contundente mensaje en el que señaló que “los seis años que han transcurrido desde el Acuerdo de París sobre el Clima han sido los años más calurosos registrados. Nuestra adicción a los combustibles fósiles está empujando a la humanidad hacia el abismo… …Tenemos por delante una difícil decisión: o acabamos con ella o ella acaba con nosotros”  Por ello, las actividades que se han venido desarrollando durante la COP 26 con las delegaciones oficiales han sido acompañadas por el reclamo de la sociedad civil global que está preocupada porque no se está haciendo lo necesario por alcanzar verdaderos compromisos que tengan impactos reales y eficientes en cuanto a detener los efectos del cambio climático. Han llamado a eso: “A ASUMIR UN VERDADERO COMPROMISO AMBIENTAL” por nosotros y por las generaciones venideras que aún no conocen los efectos a los que se van a tener que enfrentar si no hacemos un cambio ya, si no decimos: “¡ESTE ES EL MOMENTO!”  Así como reza la consigna de las calles de Glasgow: “What do we want? Climate Justice”, “When do we want it? Now”

En esa línea, siguiendo el ejemplo de liderazgo moral que tiene nuestro país, se debe dar paso a la discusión a fin de trascender la era de los hidrocarburos en el transporte en general y en los procesos industriales. Aquella que integra una política nacional para desarrollar una matriz energética limpia con la promoción de una economía resiliente y la participación de las empresas públicas y privadas del sector energía junto al ente rector estatal que es el MINAE. Estamos frente a una oportunidad de oro para implementar el modelo energético que el país ha juzgado deseable para Costa Rica y que se ha forjado a través de varias administraciones.

Por consiguiente, con motivo de este gran encuentro global que está finalizando en Escocia, creemos que el proyecto de “Ley para la Contribución a la Transición Energética” constituye una base seria para iniciar la discusión sobre el papel que corresponde asumir al país, para lograr trascender la era de los combustibles fósiles y dar oportunidad a una mejor salud pública, calidad ambiental y a la dinamización de la economía costarricense.

El proceso de transición debe planificarse cuidadosamente y llevar el pulso de la capacidad financiera del país para implementarlo, ya que requiere realizar inversiones que deben priorizarse para no detener el desarrollo de otros sectores fundamentales para el progreso del país. Es fundamental unir esfuerzos, definir planes y acciones a nivel del gobierno, evitar duplicidades, rescatar el conocimiento ya desarrollado en las diferentes instituciones e industrias, así como establecer alianzas sector público – sector privado para aprovechar y potenciar las fortalezas que cada uno puede aportar.

El aporte de RECOPE al Plan Nacional de Descarbonización delineó una ruta hacia la Descarbonización del transporte terrestre, ofreciendo alternativas energéticas de transición, y que con este aporte se podría casi duplicar el ahorro de emisiones de GEI en un plazo de 20 años, conjuntamente con la e-movilidad y las otras medidas planteadas por la Dirección de Cambio Climático, que en su momento no fueron tomadas en cuenta. Esperamos que esta contribución favorezca no sólo la descarbonización de la economía, sino que se refleje en beneficios sobre la salud, a partir de una movilidad sostenible, alcanzar la reactivación económica, fomentar el empleo, desarrollar alianzas con el sector industrial y agroindustrial de energías alternativas, fortalecer la seguridad energética y reducir la vulnerabilidad por la dependencia de los hidrocarburos, fomentando la competencia en los mercados energéticos y estableciendo nuevas sinergias entre el sector público y privado. Ya hemos construido algunos cimientos, pero falta camino.

Las inversiones prioritarias deben estar enfocadas en aquellos proyectos que lancen a la empresa hacia el futuro de las energías alternativas y dejen en el pasado la refinación, la importación de petróleo o de sus derivados, mucho menos, dar esperanzas a las desfasadas ideas de la actividad extractiva.

Necesitamos evolucionar y contribuir a la transformación de la matriz energética del país. Ese sí será un paso concreto y decisivo hacia un nuevo paradigma de sostenibilidad. No sólo cumpliríamos como país con los acuerdos de París y las metas de la COP 26, sino que más allá de ello, contribuiríamos con nuestra parte con el planeta, y si cada nación hace lo suyo, el planeta podría sustentar nuestra vida, la vida de todo lo que existe.

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