Alejandro Trejos Correia.

El Gobierno de Carlos Alvarado tiene algunos altos y muchos bajos. Asumió de entrada temas impopulares, pero necesarios y urgentes para el país, como el plan de fortalecimiento de las finanzas públicas. Ha fallado estrepitosamente en contar con iniciativas y una agenda para la recuperación económica y ni qué decir del recién destapado “caso cochinilla”.

Lamentablemente, en el momento más crítico de la administración, a pocos meses de las elecciones, y con una enorme tarea por delante, el Presidente Alvarado ha tomado una de las decisiones más torpes, imprudentes e insensatas de todo su mandato, dinamitando los puentes del diálogo con la oposición y generando un posible estancamiento político de su propia agenda política.

La innecesaria designación de Ottón Solís como representante de Costa Rica ante la OCDE es un insulto y un monumento al cinismo. Por un lado, Solís cuenta con el repudio de toda la oposición por su participación en la estafa del PAC, según el informe aprobado por el parlamento. Por otro lado, Solís ha sido un reconocido detractor del libre comercio, de las zonas francas y de la propia OCDE.

El nombramiento de Ottón Solís parece más un exilio dorado a costa del erario público, que una decisión acertada para asentar a Costa Rica dentro de la OCDE. Muchas personas temen que Solís busque boicotear la presencia del país en el organismo.

¿Por qué Carlos Alvarado quiere arriesgar la relación de su Gobierno con la Asamblea Legislativa de forma tan absurda? Para Ottón Solís, París bien vale una misa, pero para Carlos Alvarado no.

Estaremos observando.