Alejandro Trejos: Hablando de seguridad energética y un proyecto de terminal en el Pacífico

Si contáramos con una segunda opción en el Pacífico, podríamos dormir un poco más tranquilos y hacer ver que al menos en un tema somos previsores, costumbre que hemos perdido.

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Alejandro Trejos Correia.

La seguridad no tiene que ver solo con el derecho que tenemos a caminar de manera libre y sin riesgos por la calle.

Aunque quizás esta sea la acepción de uso más frecuente y conocida por la mayoría, lo cierto es que hay diversos tipos de seguridad, todas igual o más importantes que el de seguridad ciudadana.

Podemos hablar, por ejemplo, de ciberseguridad, tema que me apasiona, seguridad económica y financiera, seguridad alimentaria, seguridad sanitaria, seguridad ambiental, seguridad marítima, entre otras.

Como vemos, es un concepto amplio y multidisciplinario al que, dada su trascendencia, algunos países le dan rango de ley.

Valga aclarar que no se debe confundir con soberanía, un término más relacionado con la autosuficiencia para, por ejemplo, producir su propio alimento (soberanía alimentaria) o energía (soberanía energética).

No es el caso de Costa Rica que compra afuera mucho de lo que se come, así como la totalidad de sus combustibles. De lo que sí podemos hablar acá es de una de las “seguridades” de mayor impacto en el desarrollo y estabilidad de Costa Rica.

Nos referimos a la seguridad energética, entendida esta como la capacidad de disponer de canales de abastecimiento, reservas de inventario o alguna alternativa para garantizar cadenas de suministro energético.

Sobre todo, en caso de eventos fortuitos (terremotos, inundaciones, huracanes) o de fuerza mayor (bloqueos, huelgas, sabotajes) que comprometan la provisión de la energía comercial a las diversas actividades productivas nacionales.

Actualmente, los combustibles ingresan por la Terminal Moín, en Limón, lo que nos coloca en una situación de vulnerabilidad frente a algún evento natural o social que obstaculice o impida las labores de descarga y transporte.

Ya ha sucedido en ocasiones anteriores y ni el país ni RECOPE -como suplidor de más del 65% de la energía comercial- pueden seguirse arriesgando a un desabastecimiento que paralice la economía del país, ya de por sí severamente golpeada por la pandemia.

Existen tres formas para reducir la dependencia de Moín: una es produciendo de manera autóctona, lo cual es técnicamente inviable antes la ausencia de fuentes comprobadas de gas o petróleo y aunque hubiera es un tema tabú.

La segunda es guardando combustible en tanques de almacenamiento, lo que implica una fuerte inversión en construcción, mantenimiento y mano de obra. También se debe invertir en los inventarios, es decir el producto almacenado esperando a un evento.

La tercera y más viable de todas las opciones es fortalecer las cadenas de suministro externas mediante el acceso a ambos océanos. Es aquí donde entra en juego el proyecto de la Terminal Pacífico, que consiste en la implementación de un sistema para la importación de Diésel, Gasolinas y GLP por el Pacífico.

Así, de una forma eficaz, segura, y rentable, nos evitaríamos un desabastecimiento de estos productos ante un evento que inhabilite las instalaciones de Limón por múltiples razones, sean causas naturales o humanas, de las cuales sobran ejemplos.

A diferencia de otros países de Latinoamérica con acceso a ambas costas como Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y Colombia, Costa Rica es el único que importa combustibles solo por el Mar Caribe.

Si contáramos con una segunda opción en el Pacífico, podríamos dormir un poco más tranquilos y hacer ver que al menos en un tema somos previsores, costumbre que hemos perdido.

En medio de una compleja coyuntura como la actual, Costa Rica no puede darse el lujo de quedarse sin energía para seguir avanzando y una terminal de descarga de combustible moderna y de alta tecnología Pacífico sería un paso correcto.

 

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