Alex Solís: Hacia la reforma del Estado y la fundación de la Tercera República

Para salir adelante, paralelamente, tenemos que impulsar una profunda reforma estructural, con el fin de modernizar el aparato institucional y fortalecer la  capacidad política del Estado. Si queremos ser una sociedad económicamente próspera, socialmente inclusiva y ambientalmente sostenible tenemos que escribir un nuevo pacto social.

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Alex Solís Fallas, Doctor en Derecho

Introducción     

Con el propósito de superar la crisis en la que se encuentra el país, desde hace varias décadas, se viene planteando, de múltiples formas, la necesidad de reformar el aparato institucional. Casi no hay experto, que no sugiera profundas reformas con el propósito de mejorar la gestión del Estado, para que éste pueda hacer frente a los retos que demanda el presente y el futuro del país.

Lamentablemente, el concepto de reforma que ha predominado es de tipo económico, quizás fiscalista, limitado a resolver el flujo de caja que se necesita para atender los gastos de un gigantesco, hipertrofiado e insostenible aparato estatal. Más impuestos, endeudamiento y un parche por aquí y otro por allá, ha sido la receta preferida. Y como no se ha querido resolver de forma integral los problemas, las crisis cada vez se producen con mayor frecuencia y magnitud.

Tampoco podemos continuar designado juntas de notables para que diagnostiquen el país y formulen recomendaciones, que al final no han servido para casi nada.  En esto se ha estado durante los últimos cuarenta años. No podemos continuar “pateando el tarro” hacia adelante –como advierte el Estado de la Nación–, es decir, ya no se puede continuar posponiendo las decisiones que se tienen que tomar hoy.

Este es un lujo que Costa Rica ya no se puede dar. La gente, no solo está pasándola muy mal, sino que también está indignada con el funcionamiento del mismo sistema político. En consecuencia, se dice que la democracia está a la defensiva, por la caída del apoyo popular a las instituciones y a los valores que le dan sustento a este sistema político. Por esto tenemos que hacer algo, antes de que el país se nos vaya por un despeñadero y se rompa la paz social.

¿Entonces qué hacer? Por supuesto, como dice el libreto, hay que resolver el problema fiscal, reactivar la economía y generar empleo.  Sin embargo, hay que estar claros que la solución de esos problemas no será una tarea fácil, ni rápida, ni suficiente para enfrentar la profunda crisis que enfrentamos como país.

Para salir adelante, paralelamente, tenemos que impulsar una profunda reforma estructural, con el fin de modernizar el aparato institucional y fortalecer la  capacidad política del Estado. Si queremos ser una sociedad económicamente próspera, socialmente inclusiva y ambientalmente sostenible tenemos que escribir un nuevo pacto social. Es decir, para estar a la altura de las demandas, principios y valores de los nuevos tiempos, es necesario convocar la Asamblea Constituyente, promulgar una nueva Constitución y fundar la Tercera República, con el propósito de que todos podamos vivir mejor.

Estoy claro que la innovación, el cambio y el impulso de nuevos proyectos siempre generan resistencia entre algunos sectores de la población. Siempre hay personas que dirán que no estamos preparados, que no es el momento, que es peligroso, que es dar un paso a lo desconocido o que es como abrir una caja de pandora. Son las mismas frases gastadas, que en todo tiempo lugar, algunas personas suelen recurrir para oponerse al progreso y la modernidad

En realidad, estas frases no son argumentos son una forma de capitulación. En esta vida hay dos formas de no hacer nada: oponerse a todo y apelar al miedo. Yo no imagino a Juanito Mora, a Rafael Ángel Calderón Guardia, a Pepe Figueres, ni a ningún gran líder en la historia de la humanidad diciendo que no estaban preparados para emprender un gran proyecto. Ningún gran líder ha luchado por impedir el cambio. Ellos soñaron con un mundo mejor para todos y ellos lideraron el cambio para conseguirlo.

Ahora nos toca a las actuales generaciones emprender el camino de las reformas para superar la grave crisis en la que está sumido el país. Ya no podemos posponer más la solución de los problemas. Ahora nos toda a todos dotar a Costa Rica de una nueva Constitución para que tengamos un moderno y eficiente Estado. Ahora nos corresponde a las actuales generaciones –no a nuestros padres y abuelos — la responsabilidad de construir la nueva Costa Rica; la Costa Rica en la que habrán de vivir nuestros hijos y nietos.


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