Alfonso Chase
Los álamos
Al honor del Gran Hongo opongo las manos extendidas.
A la muchedumbre, el silencio de un labio hermoso.
Al desenfoque del tiempo, el ojo avizor de un niño.
A la desintegración de la materia, el silencio de la piedra.
A la locura del hombre, la cordura del insecto.
Al desorden interno del átomo, la silente levedad
del alma.
A la necesidad de un dios cualquiera, la sequedad
del Dios único.
A la soberbia del laboratorio, la excelsa virtud
de las probetas.
Al desorden organizado del átomo, el vuelo
de una mariposa.
A la maldad del universo, el poder de caminar
sobre las aguas.
Al horror colocado sobre el cielo, la inmensidad
de las galaxias.
¡Oh, Padre, perdónalos porque saben lo que hacen
y son testigos
de 4000 millones de años de hacer siempre lo mismo!

