Alfonso Chase: Libertad de prensa de “Cántigas de escarnio”

Libertad de prensa

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Alfonso Chase

 

Libertad de prensa

Quién quiere los diarios de ayer,

quién quiere la chica de ayer,

quién quiere los diarios de ayer.

Nadie en el mundo.

 

The Rolling Stones:
Yesterday’s Papers

 

En mi país la libertad de prensa se vende a trece

colones la pulgada

y se mide por columnas y cíceros

y depende de un extraño funcionario

que pone su firma al lado de los textos,

con letra circunspecta,

como si estuviera refrendando un posible pagaré.

En mi país la libertad de prensa existe para:

La United Fruit Company

la Colgate Palmolive

Sears Roebuck

Madrake El Mago

Benitín y Eneas

la Mejoral

el té Bekunis

el Jarabe Vernifugo de Witt

y la Oficina de Prensa de la Embajada Americana.

En mi país la libertad de prensa consiste en disponer

de cien pesos

y publicar nuestra foto en los periódicos

o una pequeña tarjeta agradeciendo al Padre Pío

algún favor recibido

o decir que el señor y la señorita

(no se hicieron participaciones personales)

contrajeron matrimonio

y que nuestra abuela murió confortada

con los santos sacramentos y la bendición papal.

En mi país la libertad de prensa se ejercita

botando al basurero

las notas aclaratorias

y fabricando cartas al director y a la columna

para pedir unión contra la influencia rusa

mientras la misma oligarquía

le vende nuestro café (según la propaganda: el mejor

/del mundo)

y allí donde murieron 140 estudiantes,

olvidarse agregar despreocupadamente alguna cifra,

según el gobierno que los haya asesinado.

Para nuestros diarios un vulgar usurero

es de pronto decente y dulce,

y se olvidan las viudas, los desahucios,

los remates, los obreros, los pagarés,

y se ensalzan sus virtudes cívicas.

Para alguna de nuestra prensa es importante

poner junto al nombre de un estudiante encarcelado:

Universitario,

en negrita, bien destacado,

mientras los contrabandistas y los traidores

únicamente tienen derecho a sus siglas:

  1. M., F. V., G. R., etc.

En mi país hay un diario que tiene más anuncios

que textos y noticias

y una página especial donde escriben los escritores

/del momento,

previos cincuenta pesos y una diminuta tijera

para cortar los malos pensamientos,

y se publican artículos sobre la cultura occidental,

la libertad de expresión, la libre empresa, Coco Chanel,

y la infame presión de los grupos minoritarios

contra la prensa abierta y soberana de nuestra patria

y una columna en donde se exaltan las virtudes cívicas

de nuestros héroes,

previo brindis con whisky

en alguna mansión limpia y hermosa la noche anterior.

Al levantarnos cada mañana y al abrir las páginas

de algunos de nuestros diarios

comprendemos que es necesario haber estado

/dormidos

para poder creer en tanta felicidad:

vivimos en la Suiza centroamericana,

somos el país de la eterna primavera,

nuestras mujeres se cuentan entre las más bellas del

mundo,

tenemos más maestros que soldados

y más escuelas que cuarteles,

somos blancos y con apellidos europeos y

/no tenemos indios

y todos los ciudadanos podemos votar cada cuatro años

y los accionistas de los diarios

pueden también cada cuatro años hacerse ricos

con los dineros de la deuda política,

en páginas en donde se ofrecen en venta

/las virtudes cívicas

de todos los candidatos

y se descubren los nexos con el comunismo

internacional

de casi todos los partidos

en un despliegue de palabras

y columnas

y cíceros

que le cuestan al pueblo,

más o menos,

trece colones la pulgada.

Ah, sí, la libertad de prensa

consiste, en mi país,

en desaparecer de las páginas los nombres de las gentes

cuando se empieza a desfilar con los

/obreros y estudiantes

o pedir justicia para los bananeros despedidos

o cuando se denuncia la miseria

o se piensa,

simplemente,

que las cosas no pueden seguir indefinidamente

como los dueños de los diarios desean.

Ah, sí, la libertad de prensa en mi país

consiste en atacar a los gobiernos progresistas

y en difamar estudiantes

y en darle al pueblo la mejor información

sobre las diez mujeres mejor vestidas de este año

o sobre las peleas del siglo:

un bofetón presidencial

que se arregla de papá a papá

y la tremenda pelea

entre Cassius Clay

y

Joe Frazier.

 

1971

 

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