Alfredo Fournier BeecheAbogado.

Ya van a ser 231 años, el 14 de julio de 1789, del inicio de la Revolución Francesa cuando la los parisinos tomaron por asalto la cárcel de la ciudad, la Bastilla, que representaba todo lo malo del sistema monárquico francés. Y, aunque tal vez los revolucionarios de entonces no lo intuían, representaba todo lo negativo del sistema monárquico absoluto en el mundo. La revuelta representaba el odio que los parisinos tenían a lo que consideraban monumento a la injusticia, la arbitrariedad y despotismo.

Los historiadores están de acuerdo en que este hecho representa el fin del “antiguo régimen”  (ancien regime) en Francia y el inicio de la Revolución francesa.

La Bastilla era una fortificación militar que se construyó para resguardar la entrada oriental de París durante la Guerra de los Cien Años. Por lo tanto, desarrolló una función importante en las problemáticas internas de Francia y, además, con el tiempo y hasta la fecha, se utilizó como prisión estatal. De esta manera, la Bastilla era un símbolo representativo del despotismo y la monarquía absoluta francesa, por lo que su asalto y posterior destrucción, por parte de los civiles parisinos, significó el comienzo del triunfo del republicanismo sobre la monarquía.

La ideas y anhelos habían sido expresados por muchos escritores políticos con anterioridad, en Inglaterra y Francia, en Europa, tales como Locke, Montesquieu, Rouseau, y Thomas Paine en Estados Unidos de América. También habían sido llevados a la práctica por los Founding Fathers de los Estados Unidos.

La repercusión de los hechos de ese 14 de julio cambiaría, a la larga, la historia política del mundo. Los republicanos y sus ideas hicieron temblar a las casas reales de Europa, que rápidamente se unieron para terminar con esa revolución que amenazaba contagiar, con su ejemplo, a los otros países. Especialmente, se sintieron amenazadas las casas reales de los Estados que cuya organización feudal continuaba y, aunque se habían enfrentado en muchas ocasiones a la Francia del ancien regime, temían que las ideas republicanas sirvieran para que también en sus propios países se quisieran imponer las ideas francesas. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano emitida por la Asamblea Nacional fue promulgada por patente real el 3 de noviembre de 1789. Con esta Declaración, junto con otros textos aprobados por la Asamblea Nacional, se había aprobado la abolición de los privilegios en los que se basaba la sociedad del Antiguo Régimen, poniendo fin al sistema feudal.

Todos se unieron para atacar a los revolucionarios franceses y, especialmente, los parisinos decidieron defender sus recién logrados derechos, que amenazaban desde el extranjero los representantes de las casas reinantes en otros países. La comuna de Paris llamó a sus ciudadanos a defenderse y toda Francia les apoyó. De todo rincón de Francia venían tropas, más o menos ordenadas, a unirse a la defensa de la Patria. La consigna era Libertad, Igualdad y Fraternidad (Liberté, Égalité, Fraternité).

La bandera tricolor fue instituida también durante  la revolución.  Ya en las semanas anteriores a la toma de la bastilla, en julio de 1789, en medio de la intensa agitación que recorría las calles de París, se formó una milicia que decido lucir un signo distintivo, una divisa iluminada con los dos colores parisinos de entonces, el rojo y el azul. El 17 de julio, cuando Luis XVI, todavía Rey se dirigió desde Versalles a París para reconocer a la nueva Guardia Nacional, lució la escarapela roja y azul, a la que El marqués de Lafayette, que había sido nombrado comandante de la Guardia, (sobre todo por sus triunfos al frente de las tropas francesas en Estados Unidos) parece que le añadió el blanco real. Al año siguiente, en la fiesta de la Federación (14 de julio de 1790), el Campo de Marte se adornó con la bandera tricolor.

Con el fin de distinguirse, los revolucionarios usaban una  insignia, que era la escarapela o cucarda.   Es una cinta con que se hace como el rosetón con el lazo y deben tener los mismos colores que la bandera nacional del país que representa, en el caso de Francia, con los colores de la Revolución, azul, blanco y rojo. Durante la Revolución se colocaba en el sombrero.

Como los franceses tuvieron que defender sus recién logrados triunfos, se luchó con bastante éxito en varios frentes. En 1789, la Austria de Leopoldo II, hermano de la reina francesa María Antonieta, había convocado a la guerra con Francia. Fue el 24 de abril cuando el alcalde de Estrasburgo convocó a varios oficiales, entre ellos a Claude Joseph Rouget de Lisle, también conocido como de l’Isle o de Lile, un oficial de ejercito, de para escribir un himno para el batallón Enfants de la Patrie de Estrasburgo. Su primera estrofa, conocidísima: “¡Vienen hasta vosotros a degollar a vuestros hijos y vuestras esposas! ¡A las armas, ciudadanos! ¡Formad vuestros batallones! ¡Marchemos, marchemos! ¡Que una sangre impura inunde nuestros surcos!” es típica de una arenga guerrera.

Para escribir la letra y componer la música, Rouget se inspiró en un cartel que había visto en la calle con la frase «Aux armes, citoyens!» («¡Ciudadanos, a las armas!»). Es por esto que decidió titular la canción como «Chant de guerre pour l’armée du Rhin» («Canto de guerra para el ejército del Rin»). En poco tiempo, el canto adquirió gran difusión entre los soldados de toda Francia y, en julio de 1792, alcanzó París gracias a los voluntarios marselleses que desfilaron y la entonaron por las calles de la capital, cuando acudían en defensa de la patria.

Después hubo tiempos en los que La Marsellesa fue prohibida, de forma intermitente. Con la Restauración de los Borbones en el trono de Francia, tras la caída de Napoleón, a los franceses no les estuvo permitido entonarla. Aunque, luego, con la Revolución de 1830 volvió a resonar por las calles del país. Hubo que esperar hasta 1958 para que fuese reconocida como himno nacional. A pesar de esos intentos por sustituirla, ninguno de ellos cuajó. La Marsellesa ya estaba demasiado arraigada entre los ciudadanos franceses. Es su himno nacional. Copio de seguido la letra, con su traducción, de las estrofas que son las que se cantan corrientemente, aunque son catorce:

 

Himno Nacional De Francia – La Marsellesa

 

La Marsellesa

¿Vamos hijos de la patria,
El día glorioso ha llegado
Contra nosotros la tiranía
El estandarte ensangrentado se iza (bis)
¿Escuchan en los campos
Gritar a esos feroces soldados?
Ellos vienen hasta tus brazos
A matar a tus hijos, a tus compañeros
A las armas, ciudadanos,
Formen sus batallones
Marchemos, marchemos
Que una sangre impura
Llene nuestrs surcos
Que quiere esta horda de esclavos
De traidores, de reyes conspiradores
¿Para quién éstas viles cadenas,
estos hierros que llevan tiempo preparados?
Franceses, para nosotros, ah, ¡Que atropello!
El transporte debe despertar
Somos nosotros quienes osamos meditar
Acerca de volver a la antigua esclavitud
A las armas, ciudadanos,
Formen sus batallones
Marchemos, marchemos
Que una sangre impura
Llene nuestros surcos
¡Qué! Estas cohortes extranjeras
Harían leyes en nuestros tribunales
¡Qué! Estas falanges mercenarias
Derribarían a nuestros guerreros orgullosos!
¡Dios mío! Por las manos encadenadas
Nuestros frentes bajo el yugo se doblarían
Déspotas viles se convertirían en
Los amos de nuestro destino!

La Marseillaise

Allons enfants de la Patrie
Le jour de gloire est arrivé !
Contre nous de la tyrannie,
L’étendard sanglant est levé, (bis)
Entendez-vous dans les campagnes
Mugir ces féroces soldats ?
Ils viennent jusque dans vos bras
Égorger vos fils, vos compagnes !
Aux armes, citoyens,
Formez vos bataillons,
Marchons, marchons !
Qu’un sang impur
Abreuve nos sillons !
Que veut cette horde d’esclaves,
De traîtres, de rois conjurés ?
Pour qui ces ignobles entraves,
Ces fers dès longtemps préparés ? (bis)
Français, pour nous, ah ! quel outrage !
Quels transports il doit exciter !
C’est nous qu’on ose méditer
De rendre à l’antique esclavage !
Aux armes, citoyens,
Formez vos bataillons,
Marchons, marchons !
Qu’un sang impur
Abreuve nos sillons !
Quoi ! des cohortes étrangères
Feraient la loi dans nos foyers !
Quoi ! ces phalanges mercenaires
Terrasseraient nos fiers guerriers ! (bis)
Grand Dieu ! par des mains enchaînées
Nos fronts sous le joug se ploieraient
De vils despotes deviendraient
Les maîtres de nos destinées !

 


Alfredo Fournier Beeche,

Licenciado en Derecho Incorporación de Honor de la Universidad de Costa Rica. Cursos de Doctorado en Derecho en la Universidad de Madrid, España, Curso de Derecho Comparado en la Facultad Internacional para la Enseñanza de Derecho Comparado, los meses de julio y agosto de 1962, en Helsinki, Finlandia, Curso de Derecho Americano e Internacional, Southwestern Legal Foundation, Dallas, Texas de 1974.
Fundador en 1973, Licencia Docendi en 1978 y Profesor de Número desde 1980 de la Universidad Autónoma de Centro América. Profesor de Derecho Comercial del Colegio Santo Tomás de Aquino, desde 1986.
Ha ejercido varios cargos en el servicio diplomático, en las áreas protocolares, encargado de negocios y cónsul de Costa Rica en el exterior. Es fundador de la firma de abogados Alfredo Fournier y Asociados.

 

 

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Por Alfredo Fournier

El autor es Abogado de profesión.