Alfredo Fournier Beeche: El lider

Nuestros gobernantes deben ser líderes. Corresponde al Presidente de Costa Rica y a su Ministro de Relaciones Exteriores llevar adelante las demandas y denuncias formales del crimen masivo que llevan a cabo en Nicaragua Ortega y Murillo.

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Alfredo Fournier Beeche, Abogado.

En tiempos prehistóricos, no había más que una elemental organización social, lo que se llamaba EL CLAN. La persona de mayor importancia de esta primera organización social era el caudillo, ahora llamado LIDER. Las primeras organizaciones entregaban a la figura del caudillo la tarea más importante: la de velar por la seguridad del clan y su defensa; de todo el clan. Por ello se escogía, normalmente, al mejor guerrero. Con el tiempo, los miembros del clan también tratarían de que el guerrero también fuera inteligente y tuviera otras características que lo hicieran mejor caudillo. Es decir, fuera una mejor persona.

Con el pasar de los tiempos, aparecieron formas de organización social mucho más complejas y se le fue dando al caudillo la ayuda de gentes que le aconsejaban o, con su anuencia, le representaban. Estos, con el pasar del tiempo, se llamaron ministros. Sin embargo, la responsabilidad final y última de seguridad significaba la supervivencia del clan o del grupo con un lazo común, que llamamos hoy NACIÓN. Este fin no ha cambiado, sigue siendo igual.

Sí han cambiado los tiempos. Ahora, el caudillo ya no es un guerrero, pero su obligación de defensa y seguridad permanecen, de lo contrario la nación desaparece. Por eso las naciones inventaron organizaciones internacionales que sustituyeran la defensa y seguridad de cada nación. Y como el Derecho es la forma que las sociedades han escogido para regular y regularse, crearon del Derecho internacional. La primera de estas organizaciones con pretensión a ser de carácter mundial, fue la Sociedad de Naciones, después de la Primera Guerra Mundial. Hoy existe la Organización de las Naciones Unidas, creada después de la Segunda Guerra Mundial, y sus organismos, entre ellos el Consejo de Seguridad y la Organización Mundial de la Salud (OMS en español y WHO, en inglés) y la regional de ésta, la Organización Panamericana de la Salud (OPS). También existe la Corte Internacional de Justicia, que tiene su sede en la ciudad holandesa de La Haya. También existen organizaciones regionales como la Organización de Estados Americanos, la Comisión Interamericana de Derechos humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

En estas organizaciones internacionales se han delegado las funciones de seguridad y defensa de los estados modernos. Ellas han venido a sustituir al caudillo o líder. Ya no son los más o menos valientes o buenas personas las que deciden lo que se hace en el campo internacional de las naciones. A estos organismos deben acudir los Estados para dirimir sus diferencias. Costa Rica lo ha hecho recientemente cuando llevo el caso de la invasión nicaragüense a Isla Calero. Teníamos razón y ganamos el reclamo que hicimos. El Derecho Internacional nos dio el espaldarazo.

Ahora, nuevamente Costa Rica está en peligro. Los tiranos de Nicaragua son tan irresponsables que han abandonado a su gente, a su pueblo, su suerte ante la pandemia del Covid 19. Han permitido que se extienda sin freno. Como se contagiaron los presos de las cárceles, les dieron la libertad para que salieran, aunque fuera a contagiar a otras personas, posiblemente, a sus propios parientes. Insisten en que los transportistas vengan de Nicaragua y no se les haga examen. Permiten que su población salga hacia Costa Rica contagiada de Covid 19, aunque saben que van a contagiar a quien se encuentre en Costa Rica, nacional o turista.

Ortega y Murillo, tiranuelos de turno en Nicaragua, son culpables de genocidio, por el desdén, desde la cumbre de su ignorancia, hacia la mortal enfermedad. Costa Rica está en la obligación de reclamar ante todas las organizaciones internacionales la gravedad de lo que sucede en el limítrofe país. Sí es asunto nuestro lo que suceda en el otro país. Los Derechos Humanos no son nacionales, son INTERNACIONALES. Su respeto debe ser exigido por toda la comunidad internacional y su reclamo es de incumbencia de todos los países del orbe. Son crímenes de lesa humanidad y así fue reconocido por todas las naciones de la tierra desde que se conocieron los crímenes de genocidio, después de la II Guerra Mundial. Se delinque no solo acción, también, por omisión.

Nuestros gobernantes deben ser líderes. Corresponde al Presidente de Costa Rica y a su Ministro de Relaciones Exteriores llevar adelante las demandas y denuncias formales del crimen masivo que llevan a cabo en Nicaragua Ortega y Murillo. A Nuestros gobernantes les corresponde hacer que intervengan los organismos internacionales. Para eso somos parte de esas organizaciones.

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