Alfredo Fournier Beeche: Exercise in Futility

Para lograr el préstamo con el FMI el Estado de Costa Rica, por medio de su Poder Ejecutivo, debe comprometerse a pagar y para convencer al FMI tiene que demostrarle que sí podrá pagar. Para hacer esa demostración tendrá que tomar los acuerdo y decisiones que hagan posible ese pago

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Alfredo Fournier Beeche, Abogado.

Los norteamericanos son gente muy pragmática y no les gusta perder el tiempo. Menos aún les gusta perderlo en cosas que no pueden resolver. Y tienen razón. Históricamente, una discusión bizantina es una discusión inútil. Son discusiones que no llevan a nada. Puede suceder porque los participantes no tengan la capacidad intelectual para resolver el tema o no les corresponda tomar una decisión, o, en fin, el tema no merece darle la importancia de ser discutido.

Constante, Emperador de Bizancio de 630 a 668, posiblemente por su corta edad de 17 años, estaba tan hastiado de las interminables discusiones religiosas que decidió prohibirlas e incluso imponer penas a los que se enfrascaran en ellas. Ejemplos fueron la discusión sobre el sexo de los ángeles y la de cuántos ángeles podría haber en la cabeza de un alfiler. Porque dijera lo que dijera cualquiera de los participantes, no se iba a llegar a nada. Incluso, si se llegaba a una solución de lo que se discutía, de nada serviría, pues no resolvía nada útil o los que discutían no podían, ni por el convencimiento o por las armas, imponer su criterio.

Lo mismo sucede en Costa Rica con la actual discusión sobre lo que se va a hacer para lograr un arreglo con el Fondo Monetario Internacional, pues los que discuten no están llamados a decidir lo que se va a ofrecer como solución o lo que lleguen a plantear no tiene ninguna importancia. Los que deciden, en última instancia, son los diputados por mayoría de treinta y ocho votos. Las cámaras empresariales, los sindicatos de empleados públicos o de cualquier otra naturaleza, las asociaciones solidaristas, los muchos muy buenos economistas que hay, los ciudadanos en el ejercicio de su derecho constitucional de libre expresión, y cualquier otro grupo o persona que quiera participar, puede hacerlo, pero que no espere que su parecer vaya a ser determinante, aunque bloqueen carreteras, se desgañiten protestando o hagan cualquier otra manifestación, pacifica o no.

Para lograr el préstamo con el FMI el Estado de Costa Rica, por medio de su Poder Ejecutivo, debe comprometerse a pagar y para convencer al FMI tiene que demostrarle que sí podrá pagar. Para hacer esa demostración tendrá que tomar los acuerdo y decisiones que hagan posible ese pago, porque tendrá el dinero necesario para hacerlo, porque tiene un presupuesto balanceado para hacerlo. La disyuntiva es fácil de plantear: más impuestos o menos gasto. Claro que los que tomen la decisión serán los diputados, a instancia del Poder Ejecutivo. Verán si optan por aceptar lo que les proponga el Poder Ejecutivo o no. Entonces, es el Poder Ejecutivo que verá cómo hace para lograr una propuesta que satisfaga a los treinta y ocho diputados necesarios para la aprobación. Porque el FMI no va a hacer el préstamo mientras no se hagan en la Asamblea Legislativa los incrementos de impuestos o rebajas de gastos necesarios para que Costa Rica pueda pagar.

Claro, que el Gobierno puede “patear el tarro pa’ delante”, que es lo que parece está haciendo el Presidente al llamar a una discusión bizantina. Porque los que el Gobierno está llamando a discutir, no pueden decidir. Son otros – los diputados – los que tendrán que decidir. Decidirán conforme a sus criterios y conforme a sus conciencias.

Me imagino que el Poder Ejecutivo estima que podrá “sostener la burra” durante los diecinueve meses que quedan de este gobierno. “Apres moi, le deluge”, dijo Luis XV. Frase que simboliza la irresponsabilidad gubernamental. En Francia o en Costa Rica. Allá, el diluvio fue tal que le costó la cabeza en la guillotina a su nieto, junto a demasiados miles de franceses. Espero que el diluvio en nuestro país no se tan cruento, pero sí tenemos que llamar la atención sobre lo que está sucediendo. No debe el Gobierno ser tan irresponsable. Sí puede, pero no debe. Son nuestros hijos y nietos.

Ya las estadísticas nos están enseñando la triste situación en que se encuentra el país. La coincidente pandemia no amaina, la pobreza aumenta, el analfabetismo crece, el desempleo es cada vez más generalizado, la producción está estancada. En pocas palabras, crecimiento se paró. No hay quien emprenda o creé nuevos trabajos. Los bancos rebozan de dinero, que nadie les pide. Psíquicamente, los costarricenses estamos desesperanzados; no vemos la luz a final del túnel. Las autoridades están desprestigiadas y no saben qué hacer. Los ingresos estatales se estancaron y los gastos suben.

Recuerdo que el Presidente, durante los debates antes de las elecciones del 2018, señaló que quería celebrar con bombos y platillos los 200 años de vida independiente. Me temo mucho que sus deseos se verán frustrados, en medio de la crisis económica más grave desde 1929 y la crisis política tan grave como la del 1948.

Pero por Dios, dejen de discutir y pónganse a trabajar. El pueblo eligió a los gobernantes para eso: para gobernar. No para estar discutiendo o tratando de imponer criterios, con bloqueos o con discursos destemplados, de quienes no son los llamados a resolver. El tiempo apremia y no necesitamos saber el sexo de los ángeles. No para estar oyendo hasta el último hijo de vecino que quiere oírse a sí mismo. La constitución garantiza la libre expresión, pero no impone el deber de oír. El Gobierno debe proponer.

¡Ojalá no sea yo oráculo de mala suerte! Quiero equivocarme.

 

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