Alfredo Fournier Beeche: Lo que esperaríamos

Lo contrario al Aislacionismo es el Internacionalismo, que consiste en afirmar que todos los países están interrelacionados y que todos tienen interés en los asuntos de los demás, por lo que sucede en un país interesa y es asunto de todos los otros países. Este es el fundamento de la internacionalización de los Derechos Humanos y fundamento a la persecución del genocidio, como crimen contra la humanidad.

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Alfredo Fournier Beeche, Abogado.

Las elecciones de los Estados Unidos de América, dentro del esquema bipartidista que tanto gusta a los estadounidenses, trajeron al Partido Demócrata de nuevo al gobierno. Y salió el Partido Republicano de la Casa Blanca. Para escudriñar lo que podemos esperar, tenemos que buscar cuáles han sido las políticas históricas que esos dos partidos han propuesto en el pasado, dentro del contexto de la composición social y los cambios que en el transcurso del tiempo han sido necesarios.

La manera de ser del estadounidense es, generalizando, muy conservadora y amante de las tradiciones, propias y heredadas de Inglaterra. Los muchos inmigrantes que han llegado después: irlandeses, alemanes, italianos, polacos, mexicanos, cubanos, y hasta algunos pocos costarricenses, no han querido cambiar esta manera de ser. La razón es sencilla: salieron de sus países para buscar un futuro cierto y bueno al qué aspirar, mejor que en su propio país, por razones políticas, condiciones y restricciones sociales. Se fueron a los Estados Unidos porque creían que vivirían mucho mejor y darían un mejor futuro a sus hijos.

Cuando los primeros colonizadores llegaron a las tierras que hoy son Estados Unidos de América, no pretendían crear un país del tamaño y otras dimensiones que hoy conocemos. Tenían un inmenso territorio para colonizar y no necesitaban ver para atrás a sus países de origen. Tenían las manos llenas con un país de tamaño continental.

Con el tiempo, el gobierno inglés se tornó exigente con sus colonias en América (como todos los países colonialistas) y exigió ayuda a sus colonias en sus luchas en Europa, especialmente contra Francia, pues ya España había pasado a segundo plano. Los colonos de Inglaterra no creían que ellos tenían que ayudar en luchas que no les eran propias, sobre todo sin que siquiera les preguntaran y sin aprobar esa ayuda. Les estaban tocando el bolsillo. Ellos querían decidir por medio de sus representantes el tamaño y clase de ayuda, si es que la daban. Cuando Inglaterra puso un impuesto al té, fue rechazado y los barcos cargados de té fueron vaciados en la bahía de Boston. Nada de impuestos sin representación (No taxation without representation.)

Durante toda la historia, Inglaterra se sintió despegada de Europa por el hecho de ser una isla, lo que trajo como consecuencia que siempre se sintiera libre de los problemas continentales. Y ese sentimiento llegó a los Estados Unidos con los ancestros ingleses. Tenían las manos llenas con el gran continente que tenían al oeste. Los problemas de Europa no eran suyos, aunque recibieron muy complacidos el apoyo que les brindo Francia a su Guerra de Independencia, con el ejército francés que, durante el reinado de Luis XVI al mando de Gilbert du Motier, marqués de La Fayette, llegó a ayudar en la lucha contra Inglaterra. En este marco histórico se dio la Independencia.

Geográficamente, las trece colonias, que derrotaron al ejército inglés al mando de Jorge Washington, no estaban del todo solas: al Norte estaba la colonia francesa de Montreal y otras inglesas (lo que es hoy Canadá) al Sur estaba la colonia española de la Florida. Al oeste estaba la colonia francesa de Luisiana, llamada así en honor de Luis XIV, el Rey Sol. También había grandes extensiones de tierra en manos de los indígenas, que, para efectos prácticos, en aquella época, no contaban como nación.

Esa historia y esa geografía hicieron que hubiera un sentimiento de individualismo y soledad que no gustaba de meterse en asuntos de otros, a pesar de las realidades que eran evidentes y las embajadas de Thomas Jefferson y Benjamín franklin en Europa. Los inmigrantes eran bienvenidos, siempre que se comportaran como los fundadores del país (The Founding Fathers) habían establecido. Ese sentimiento se convirtió en doctrina política y ese le llamó Aislacionismo.

El Aislacionismo en política exterior afirma que es interés de las naciones mantener distancia de los asuntos de otros países, con el fin de evitar verse envueltos en conflictos ajenos e indeseables. Se trata de aislar al país de los asuntos de otras naciones y no se entra en alianzas, compromisos económicos extranjeros, o acuerdos internacionales. Además, intenta hacer que la economía sea autosuficiente. Se busca dedicar todos los esfuerzos del país a su propio egoísta avance, tanto diplomática como económicamente, buscando la paz evitando enredos y responsabilidades extranjeras.

Lo contrario al Aislacionismo es el Internacionalismo, que consiste en afirmar que todos los países están interrelacionados y que todos tienen interés en los asuntos de los demás, por lo que sucede en un país interesa y es asunto de todos los otros países. Este es el fundamento de la internacionalización de los Derechos Humanos y fundamento a la persecución del genocidio, como crimen contra la humanidad.

Los Demócratas fueron los ganadores de las dos Guerras Mundiales, con los presidentes Thomas Woodrow Wilson y Franklin Delano Roosevelt, ambos del Partido Demócrata. Como consecuencia, los opositores fueron los aislacionistas, el Partido Republicano. Se opusieron a la creación de la Liga de las Naciones y lograron que el Tratado de Versalles, que terminó la I Guerra Mundial, no fuera aprobado. Se opusieron a las políticas en América Latina, que a veces no fueron sino aventuras en favor de dictadores (dicen que una vez le dijeron a Roosevelt que un dictador era un “son of a bitch,” a lo que contestó: “yes, but he is our son of a bitch”)

Las diferencias entre lo hecho por los Presidentes Barak Obama y Donald Trump, muchas se podrán encontrar en la historia de las doctrinas políticas de los dos partidos y creo que podemos esperar que no haya mayores diferencias, para lo que más nos interesa, que es la política que seguirán respecto a nosotros, Latina América. Habrá una política más condescendiente respecto a Cuba (fue el demócrata John Fitzgerald Kennedy quien no respaldó la invasión de Bahía Cochinos y consolidó a los castristas al prometer a la Unión Soviética que los Estados Unido no invadiría Cuba, para terminar la Crisis de los Misiles.) Creo que los estadounidenses se acomodarán con la Venezuela de Maduro porque tiene el apoyo de Rusia, que es muy grande y tiene el apoyo de los países de la nueva izquierda, especialmente la Argentina de hoy. Por otro lado, apoyarán a las Naciones Unidas y, consecuentemente, a sus órganos, como la Organización Mundial de la Salud. Como lo republicanos, los demócratas apoyarán al Estado de Israel, pues esa es política bipartidista. Centro América sí se verá beneficiada porque la nueva administración querrá terminar con los miles de “refugiados” que se agolpan en la frontera Sur. Creo que van a darles ingente ayuda económica a los países del Triángulo Norte, para que haya más empleo y tengan mejores condiciones de vida. Para Costa Rica, es de esperar una relación mucho mayor, fluida y amigable, pero tendremos que seguir soportando la mala relación con Nicaragua, a la cual los Estados Unidos trataran de esquivar. Es posible que los refugiados nicaragüenses vayan al Norte, por la ayuda a esos países.

En todo caso, creo que Costa Rica puede esperar una mayor y mejor relación con la Administración del Biden, porque con la anterior fue buena y de respeto mutuo, aunque no fue mucha. La Administración Trump fue indiferente. Respetuosa, pero sin mucho que hablar o hacer. Nos dieron apoyo en la lucha contra el narcotráfico – que está bien – pero era un poco en beneficio propio de los Estados Unidos. Como Costa Rica no es problema mayor o amenaza, La Administración Trump le dejo a su suerte. Funcionó el aislacionismo republicano. Veremos si la de Biden trae algo más positivo.


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