Alfredo Fournier Beeche: Turismo en pandemia

El que logró cambiar la tónica de las noticias fue el Presidente del país sin ejército, Costa Rica. Hizo que se hablara de paz, no de guerra.

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Alfredo Fournier Beeche, Abogado.

Antes de 1990, Costa Rica no tenía una actividad turística desarrollada y la oferta hotelera de calidad estaba en San José y era muy limitada. Costa Rica era visitada por hombres de negocios y parientes de residentes. No había política de cielos abiertos y se autorizaban vuelos a compañías de países que dieran reciprocidad a compañías aéreas nacionales. En el extranjero se nos confundía con Puerto Rico y a San José se le confundía con San Juan. Pero al final de la década de los 80, sucedieron dos acontecimientos que vinieron a cambiar la situación en forma radical y, como consecuencia, produjeron el desarrollo del turismo como actividad importante en Costa Rica. Estos dos acontecimientos, no relacionados con el turismo, pusieron a Costa Rica en la mira mundial.

El primer acontecimiento fue la distinción que se le dio a Don Oscar Arias Sánchez, que fue galardonado con el Premio Nobel para la Paz, por sus logros al conseguir que se firmaran los Acuerdos de Paz para Centroamérica. Este fue de alcance mundial y llamó la atención en la forma más positiva, pues de esta zona del mundo solamente se sabía de la guerra sin cuartel que se daba, sobre todo en Nicaragua y El Salvador. El que logró cambiar la tónica de las noticias fue el Presidente del país sin ejército, Costa Rica. Hizo que se hablara de paz, no de guerra.

El segundo acontecimiento fue que la Selección Nacional de Fútbol logró alcanzar los octavos de final en el Campeonato Mundial de Fútbol de Italia, en 1990. Nunca un país centroamericano había alcanzado a tanto. Honduras y El Salvador habían logrado asistir, pero no habían logrado ganar ningún partido. Sin embargo, la selección de Costa Rica le ganó a Escocia y a Suecia y se desempeñó bien contra Brasil – que ya para entonces había sido varias veces campeón mundial – en aunque perdió por un gol. Todavía hoy, treinta años después, reconocemos con gusto el éxito alcanzado, tal vez inesperado, pero sí muy meritorio.

Costa Rica se volvió conocida y a partir de entonces, el turismo creció rápidamente. Gracias a la visión del Presidente Don Rafael Angel Calderón Fournier y su Ministro de Turismo, Don Luis Manuel Chacón Jiménez, que siguieron y supieron interpretar el momento y le dieron el apoyo a las inversiones en importantes proyectos turísticos, como por ejemplo el Barceló Tambor, que fue un éxito. Pronto, toda Costa Rica se llenó de pequeños hoteles (bed and breakfast) y grandes hoteles de ciudad, de playa y de montaña. Y floreció una nueva actividad, en beneficio de todo el país, que llegaría a ser la que más dinero da al país y la que da empleo de calidad a gran cantidad de trabajadores. Son muchos miles de trabajadores se benefician con la afluencia de turistas.

Hoy, el turismo se encuentra en crisis. La pandemia del coronavirus ha obligado a cerrar los hoteles y restaurantes, por un lado, y a cerrar las fronteras al turismo internacional. Casi todos, si no todos, los hoteles han tenido que cerrar o suspender a sus empleados. Los empresarios turísticos quieren trabajar y reabrir sus empresas y el Gobierno, que se ha visto sin ingresos, quiere que abran de nuevo. Pero se dan pasos poco razonables o sesgados por la ideología. Quieren que los turistas, que vienen sanos de sus países,  compren un seguro de salud para que tengan como pagar el costo médico, si se enferman en Costa Rica. Pero no reconocen más que los seguros del Instituto Nacional de Seguros (INS), que son exorbitantemente caros. No hay ninguna razón para no aceptar las pólizas de otras aseguradoras nacionales o extranjeras. No se trata de hacerle en negocio al INS o de expoliar a los turistas. Se trata de asegurar a quienes vienen a dar trabajo a los costarricenses, a hacer posible que los trabajadores del turismo tengan cómo dar comida a sus familias. No se trata de hacer socialismo con la pandemia.

Lo que sí debe hacerse es promover a Costa Rica como un país con la capacidad de dar los servicios médicos que un enfermo de Covid 19 pueda necesitar. Tenemos que hacer saber al mundo que la tasa de fallecidos por contagio es muy baja, mucho más baja que en otros países más grandes y ricos, incluso más baja que en los países de origen del turista. Los servicios médicos deberán darse en hospitales debidamente acreditados, privados o públicos. Pertenecientes a la Caja o no. Los servicios médicos a los turistas deben ser excelentes, como son los servicios que se dan a los nacionales. También debe velarse porque estén disponibles a los turistas los esfuerzos excelentes de las plasmas de recuperados y plasmas de equinos. Recordemos que se trata de turistas benefactores, que vienen a permitir que los trabajadores del sector puedan alimentar a sus familias. Estarán pagando su medicina, su cura. No son extranjeros que vengan a que se les cure gratis o a quitar camas a los costarricenses. Los turistas son merecedores de nuestro agradecimiento. Si se sienten seguros y bienvenidos, vendrán.

¡Y todos los costarricenses estaremos contentos y agradecidos!

 

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