Alfredo Fournier Beeche: Universidad de Costa Rica

Que la enseñanza superior era una obligación inclaudicable de Costa Rica para con su juventud, que -  como la juventud de cualquier otro país - quería educarse, quería saber.

Alfredo Fournier Beeche, Abogado.

Cuando el Presidente Doctor Rafael Angel Calderón Guardia, con su Ministro de Educación, Don Luis Demetrio Tinoco Castro, decidió la creación de la Universidad de Costa Rica, sabían que estaban dando un paso trascendental para la educación de Costa Rica. Sabían muy bien, porque eran gente muy educada, que el cierre de la Universidad de Santo Tomás nunca debió haberse dado. Que la enseñanza superior era una obligación inclaudicable de Costa Rica para con su juventud, que –  como la juventud de cualquier otro país – quería educarse, quería saber.

Ese gran estadista que fue el Doctor – como lo llamaron los costarricenses agradecidos – creyó que llegar a la presidencia era para hacer para los que lo eligieron – el ochenta y ocho por ciento de los votantes – pudieran vivir mejor. Por eso, se empeñó y logró las garantías sociales, mediante la reforma constitucional indispensable, con su complemento, el Código de Trabajo. Pero como humanista que era, sabía que había mucho que hacer adicional. La lista de otros logros de la Administración Calderón son muchos y ninguno de menor rango: Caja Costarricense del Seguro Social, Concordato con la Santa Sede, Ley de General de Educación, creación del Ministerio de Agricultura y Ganadería y gran cantidad de etcéteras.

La Ley de creación de la Universidad de Costa Rica se dio como uno de los primeros pasos de envergadura de la joven administración del Doctor. Es el gran dinamismo del Joven Doctor y de su Ministro que hacen posible esta emprendimiento de la educación costarricense, que había visto cerrada su centro de estudios desde 1888. Cincuenta y dos años estuvo Costa Rica sin universidad. La enseñanza superior estaba en manos de algunos colegios profesionales, como la Escuela de Derecho, que nunca cerró desde 1853 de su fundación.

Fue la administración Calderón la que se engalanó con la creación de la Universidad de Costa Rica. Para dirigirla la nueva casa de enseñanza como Decano, el Doctor y su Ministro buscaron a uno de los intelectuales más destacados de Costa Rica, el Licenciado Alejandro Alvarado Quirós. Y desde entonces, la Universidad de Costa Rica ha sido, ininterrumpidamente, señera en la educación Costarricense. Centenas de miles de costarricenses, que queríamos estudiar y aprender, encontramos en sus aulas la acogida a nuestras necesidades intelectuales y existenciales. Ahí, en la U, nos hicimos profesionales y encaminamos nuestras vidas.

Cada uno de nosotros, estudiantes, salimos de ella con infinidad de vivencias inolvidables. Ahí nos hicimos hombres y mujeres de bien. Nuestros profesores se hicieron nuestros amigos. Nos hicieron estudiar y nos enseñaron. Nos ayudaron a trazarnos nuestras vidas. Les debemos a ellos  y a quienes fundaron, hace ochenta años, nuestro centro de estudios superiores, gran parte de lo que somos. Hace muchos años que me gradué de ese centro de estudios y he visitado, como estudiante de varios diplomas, otras universidades en Estados Unidos y Europa, pero hoy, tantas décadas después, puedo decir con toda sinceridad que, si bien las extranjeras eran excelentes, nuestra Universidad de Costa Rica, no se les que queda atrás en nada. Es una universidad digna de un puesto de primera línea en la educación mundial.

Cuando mis amigos, Alberto Di Mare, Guillermo Malavassi y mi padre, Fabio Fournier Jiménez, me invitaron a formar parte del grupo fundadores de la Universidad Autónoma de Centroamérica, lo hice con plena conciencia de que estábamos poniendo una seria competencia a la hegemonía que había ejercido hasta entonces la UCR. Pero ellos y yo teníamos la certeza y convencimiento de que el país necesitaba tener otro claustro de pensamiento, donde también se pudiera dejar volar la libertad, sin límites, sin que hubiera otra regla que el humanismo y la conciencia del propio ser individual y humano. Queríamos que la juventud estudiosa de nuestra patria tuviera más ámbitos para desarrollarse como quisiera. El entonces Presidente Daniel Oduber Quirós y su Ministro de Educación Fernando Volio Jiménez recibieron la iniciativa de crear una nueva universidad con la característica de ser privada con beneplácito. Aceptaron su creación. Posteriormente aparecieron otras instituciones de enseñanza superior, públicas y privadas. Algunas especializadas.

La existencia y vigencia de las universidades estatales está reflejada en dos normas constitucionales vigentes desde la emisión de nuestra Ley fundamental. En ellas se basa su existencia y la garantía de libertad.

“ARTÍCULO 84.- La Universidad de Costa Rica es una institución de cultura superior que goza de independencia para el desempeño de sus funciones y de plena capacidad jurídica para adquirir derechos y contraer obligaciones, así como para darse su organización y gobierno propios….. “

La anterior norma es la que más discusión ha desatado, pues algunos, exagerando el sentido de sus palabras, han llegado a decir que hay una total independencia de actuación y erradamente creen que es un estado dentro de otro estado. Claro la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia ya dimensionó el lenguaje de este Artículo 84 y aclaró que la UCR, si bien tiene las facultades de ese artículo, ello no significa – lógicamente – que podría significar que sus jerarcas pueden hacer lo que les venga en gana o que su territorio (campus) sea territorio impune. Claro que no, aunque algunas autoridades universitarias y estudiantes hayan pretendido que la soberanía de Costa Rica no rige en ese campus.

El otro Artículo constitucional muy importante es el siguiente:

“ARTÍCULO 87.- La libertad de cátedra es principio fundamental de la enseñanza universitaria.”

No dice la Constitución en qué consiste la libertad de catedra a que se refiere el Artículo 87 y que podría ser motivo de discusión en algún momento. Sugiere que todo profesor puede libremente expresar sus opiniones y que los institutos y autoridades pueden decir lo que les parezca. Si bien esto es cierto, no parece que podrían enseñar y proponer el derrocamiento de los principios fundamentales de la propia Constitución, tales como la propia existencia del Estado o los derechos individuales o los derechos y garantías sociales, de los ciudadanos. Algún día, la Sala Constitucional dimensionará sus alcances.

La Universidad de Costa Rica sigue siendo la Universidad más grande del país y mantiene un primus inter pares con las otras universidades. Así será mientras mantenga la aceptación de la ciudadanía. La aceptación y prestigio se ganan todos los días y ni el transcurso del tiempo ni la propaganda no son garantía de mantener esa aceptación. Tal vez la creación de más universidades fue acicate para la lograr la UCR fuera más libre, más abierta, más inclusiva y más creativa. El legado de los fundadores de hace 80 años sigue vigente. Corresponde a las nuevas generaciones, día a día, velar porque así sea.

¡FELIZ OCHENTA ANIVERSARIO!

 


La Revista se une a la celebración de los 80 años de la fundación de la Universidad de Costa Rica.
Nuestros distinguidos colaboradores: Constantino Urcuyo, ex director de la escuela de ciencias políticas , Macarena Barahona, Catedrática y Vladimir de la Cruz, Ex Decano de Ciencias Sociales, nos brindan sus palabras en esta importante ocasión.

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