Alfredo Fournier Beeche: Y los jugadores, ¿Qué?

Creo que seguiremos con la injusticia de que los jugadores juegan mal y el que se va es el entrenador. La economía está contra los segundos. Plata manda, guste o no. Ningún dueño de equipo en el mundo va a echar a sus carísimos jugadores, cuando puede encontrar un entrenador a la vuelta de la esquina - o por internet-.

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Alfredo Fournier Beeche, Abogado.

Los abogados, por naturaleza o por enseñanza, somos proclives a fijarnos si las situaciones son justas o no lo son. Tal vez nacimos con esa inclinación a buscar Justicia y por eso estudiamos Derecho; o, por el contrario, porque estudiamos Derecho se nos creó la inclinación a buscar Justicia. Al cabo, es lo mismo.

Los últimos resultados de varios equipos de primera división, me traen a una reflexión general de la Justicia en el fútbol. Ya se hablaba de la posible renuncia de varios directores técnicos o entrenadores, lo que es peor, de su destitución. Entonces salta a la conciencia y a la mente la preocupación de si será esta una solución justa. Serán ellos quiénes, necesariamente, los que deban pagar los platos rotos en las canchas. Si renuncian o se les despide, ¿estará bien, será correcto, será justo?

El director técnico de un equipo de fútbol no participa de las jugadas buenas o malas del equipo, solamente es el que escoge a los que hacen las jugadas y les dice – se supone – cómo deben de hacerlas. Después, son los jugadores los llamados a hacer las jugadas. Durante el juego, son los jugadores los llamados a hacer lo que el director técnico les enseño, entrenó y dijo qué debían hacer. Si los jugadores no pueden o desobedecen las indicaciones, parece injusto que sea el director técnico el pierda su trabajo o renuncie. Pero si el entrenador participó en la escogencia del jugador incapaz o desobediente, habrá que preguntarse si esa culpa in eligiendo – haber escogido al jugador – es suficiente para despedirle o no lo es. ¿Sería necesario analizar si el entrenador escogió mal a los jugadores, los entrenó mal o les dio malas instrucciones?

Por otro lado, hay la preocupación de si son los jugadores los responsables y los que deben de cargar con las culpas o responsabilidades de lo que sucede en la cancha. Parece muy difícil señalar a los jugadores como los responsables de un resultado adverso, porque son un equipo y se vuelve difícil o imposible individualizar al culpable o los culpables. Por otro lado, es prohibido imponer multas a los jugadores, (aunque se haga) porque son trabajadores y lo prohíbe la legislación laboral. Aunque la FIFA lo permita o se haga la vista gorda.

Además, los jugadores no pueden ser sancionados porque les ganaron. Perder no es delito castigable, aunque parece ser que algunos no creen igual. Un buen jugador no puede ser culpable de que otro jugador sea malo o juegue mal – que no es lo mismo -. Pero puede ser que el buen jugador no dé buen el rendimiento esperado porque no se lograron conjuntar los jugadores o alguno sea malo, a pesar de los esfuerzos del entrenador y de todos los otros jugadores. A nadie se le puede culpar por los defectos o incapacidades de otros; solo los propios. Entonces la escogencia de culpables se torna difícil o imposible.

Como adición a lo anterior, hay una importante consideración de tipo económico que es imprescindible tener en cuenta y es que los jugadores son – guste o no a la Organización Internacional de Trabajo (OIT) – un activo muy valioso de los equipos. Los contratos de trabajo – fichas – de los jugadores valen por su capacidad de atraer gente a los estadios o a los televisores. Según la revista Forbes , los 10 equipos más caros son Real Madrid que vale £1.286 millones,

Barcelona £1.280 millones, Manchester United £1.190 millones, Liverpool £1.143 millones, Manchester City £1.018 millones, Bayern Munich £957 millones, Paris Saint-Germain £876 millones, Chelsea £859, Tottenham Hotspur £710 millones, y por último, Arsenal £651 millones. El último vale un 50.6% de lo que vale el primero. Podemos destacar que seis son de la liga inglesa, los dos primeros son españoles, de Alemania solo uno está dentro de los más caros, al igual que de Francia. Ninguno de Italia o Suiza u otro de los países europeos y menos de América. Estos valores reflejan, principalmente, el valor de los jugadores, porque los contratos los amarran y no pueden jugar en otro equipo mientras el contrato esté vigente. El jugador necesita el pase, nacional o internacional, para cambiar de equipo o lograr que se pague la cláusula de rescisión incluida en todos los contratos, o fichas.

Pero el valor de los entrenadores, por lo general y con muy contadas excepciones, es muy inferior. No juegan, no meten goles, no hacen atrapadones vistosos. Para el público espectador, solo pegan gritos a la orilla de la cancha, o se comen las uñas. Pero, adicionalmente, solo se necesita uno o dos por equipo y jugadores se necesitan, por lo menos, 23 y hasta 30. Además, la vida útil en la cancha de los jugadores es poca y todos quieren ser entrenadores al terminar de jugar. Nótese que los cursos para llegar a ser entrenador no son largos y todos pueden llegar a serlo sin mayor dificultad. El plazo que pueden ser entrenadores es muy largo y puede, fácilmente, llegar a los treinta y cinco y hasta cuarenta o más años. Al ser muchos, su disponibilidad hace que sean más fáciles de conseguir, lo que rebaja su sueldo (¿precio? – que no me oiga la OIT).

Creo que seguiremos con la injusticia de que los jugadores juegan mal y el que se va es el entrenador. La economía está contra los segundos. Plata manda, guste o no. Ningún dueño de equipo en el mundo va a echar a sus carísimos jugadores, cuando puede encontrar un entrenador a la vuelta de la esquina – o por internet-.

La obligatoriedad de los contratos de los jugadores y entrenadores es otro asunto que se las trae. Para no hacer este articulo mucho más largo, voy a dejar este comentario para otro día, porque sí se las trae. ¡Y cómo!

Ya veremos, pero como no tengo ningún nexo de negocios o familiar con ningún equipo, puedo hablar sin intereses personales.


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