Alfredo Fournier Beeche: ¿Y ahora?

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Alfredo Fournier Beeche, Abogado.

El mundo está a la espera del resultado de la vacunación contra el Covid 19, que ya empezó en unos países y esperamos que empiece pronto en el nuestro. La idea de la vacunación generalizada es que se llegue a la inmunidad de rebaño, que consiste en que el contagio sea imposible porque el contagiado no encuentre a quien contagiar, ya que todas las personas con las cuales se relaciona no pueden se contagiadas por estar inmunizadas por la vacuna.
Como el virus no puede continuar sin ser contagiado a alguien, necesariamente se acabará. Con esto se acabó el contagio y con ello el Covid 19. Por eso es indispensable que queden los menos posibles sin vacunar, de manera que no haya contagiados y con ello no haya transmisores o contagiadores.
Ahora, ya obtenido el éxito y acabado el riesgo de contagio, habrá que volver a la normalidad, pero ¿será todo igual? ¿Será posible, de nuevo, hacer todas aquellas cosas que no pudimos hacer durante muchos meses – alrededor de un año – por las restricciones sanitarias que nos impusieron o nos impusimos? Veamos algunas consecuencias:
Volveremos a las oficinas, porque es necesario incentivar la interacción de los funcionarios y empleados para que se produzca más inventiva por el contacto directo de las personas. Sin embargo, muchos se quedarán a trabajar desde sus casas mediante el teletrabajo. La tecnología ya permite las reuniones a distancia, sin desplazamiento. Reuniones que podrán ser con ropas menos formales. Si las reuniones pueden ser a distancia, no será necesario usar el carro para ir al trabajo, con lo cual se ahorra combustible y, muy importante, tiempo para desplazarse. Si el combustible es caro y el tiempo es oro, habrá un ahorro significativo para todos. Las necesidades de transporte, público y privado se reducirán. Ya veremos si en forma importante o no.
¿Serán necesarias tantas carreteras? Si el teletrabajo se mantiene o aumenta, las carreteras no necesitarán llevar a tantas personas a su lugar de trabajo. No creo que haya carreteras que quedarán sin uso, pero sí creo que habrá menos necesidad de aumentar su número o de ampliar las existentes. También será posible dar menos y mejor mantenimiento a las que ya hay.
Si se puede trabajar desde la casa, los viajes de negocios se harán menos necesarios y más esporádicos. Con ello, el costo de comunicarse y de llevar a cabo negocios se disminuye. Los agentes viajeros serán mucho menos. Los viajes serán de placer, para turistear o visitar familia. Los hoteles de ciudad no se llenarán de “hombres de negocios” y, los que lleguen, convivirán con los turistas de ciudad – que van a ver museos o catedrales – y no se visten con traje y corbata, los hombres, o con falda y tacones altos, las mujeres.
Con el teletrabajo, los aviones no serán tan necesarios y los aeropuertos podrán permanecer como están. No habrá necesidad de hacer nuevos o mejorar la capacidad de los existentes. Con ello, será menos la contaminación o – por lo menos – no aumentará.
Entre las medidas sanitarias habrá que incluir la obligatoriedad del baño, especialmente en aquellos lugares en que el agua es escasa y cara. Todos conocemos lugares (sobre todo en otros países) en que para bañarse es necesario pagar. Sin embargo, las reuniones podrán llevarse a cabo en pijamas y sin bañarse. No habrá urgencia de usar perfumes o afeites, pues no será útil oler bien; será opción muy personal. ¿Habrá que afeitarse? Parece que tres veces por semana sería de sobra.
Se volverán a llenar los supermercados, no solo de compradores, sino también de los que, de pasada, van a echarse una conversada con sus amistados o vecinos. Volverán a ser los sitios de reunión de amistades y de chismorreo de comadres que antes eran antes de la pandemia. Será una mejora en el comercio.
Con la pandemia, se volvió a las entregas a domicilio de supermercados y farmacias. ¿Se mantendrán esos servicios? ¿O quedaran sin trabajo los miles de motociclistas que lo hacen? Las fuerzas de la economía serán las que decidan si son necesarios o si dan una ventaja competitiva. Si la contestación es negativa, desaparecerá el servicio.
El contacto personal volverá, especialmente para demostrar afecto o cariño. Los amigos se volverán a saludar de abrazo, especialmente en México, y a las damas se les volverá a saludar de beso en la mejilla: uno en Costa Rica, dos en España y tres en Bélgica. También volverá el respetuoso besamanos de los caballeros a las damas, más o menos pronunciado, según la costumbre de cada país. Los alemanes se volverán a dar la mano en forma terminante, fuerte y sin dejar dudas.
Se supone que la actividad económica volverá a tomar impulso y se mejorarán los índices con que los economistas miden lo que está pasando y el esfuerzo común hará que haya una esperanza de vida mejor. Esto deberá traducirse en un aumento del empleo privado. No soy economista, pero creo que mayor bienestar para todos es lo que debe de buscar el quehacer, público y privado, y si   todos, ricos y pobres, logran mejorar, habrá un antes y un ahora, con esperanza de un futuro mejor. La pregunta es la siguiente: ¿Será larga y profunda la recuperación? No lo sabemos, pero tendrá que ser suficiente para volver donde estábamos y, si posible, mejorar. Los países – hasta ahora pobres – tenemos necesidad de crecimiento mayor, pues estamos retrasados y tenemos que adelantar con más rapidez para alcanzar a los que nos llevan ventaja. Por lo menos, para no quedarnos todavía más atrás.
Creo que el posible crecimiento de la economía logrará un mejoramiento de la forma de vida, siempre que los políticos no lo impidan, al asustar a la inversión, nacional y extranjera, con demagogia socialista, con más burocracia o con retorica amenazante y populista. El capital inversionista no es timorato, pero no le gusta que lo desprecien o le impidan crecer y desarrollarse. El capitalista quiere rendimientos y no invierte si no tiene claro que tiene oportunidad razonable de obtener el rendimiento que justifique el riesgo que implica la inversión. Porque con no invertir, no es posible perder. No invertir, o llevarse el capital a otros ambientes más propicios, es muy fácil e imposible de impedir.
Ya verán los políticos si toman los caminos de la demagogia destructiva o, por el contrario, seriamente permiten el crecimiento de las ganancias privadas, único acicate de la inversión. No puede esperarse que haya inversión extrajera si no hay inversión nacional. Pero no es posible medir la inversión que no se da. La no inversión no es cuantificable.
En todo caso, nos ha tocado vivir una de las peores pandemias de la historia. Ha sido una ocasión única de la humanidad. El reto es terminar con la enfermedad y retomar el mejoramiento de las condiciones de vida de toda la sociedad. Todos tenemos la responsabilidad de buscar el mejor vivir, porque, cuando todos vivamos mejor, será mejor el mundo en que vivimos.
Cuando llueve, debe llover parejo. Que ricos y pobres vivirán mejor cuando todos, individualmente, vivan mejor.

 


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