Alicia Fournier: Cambio de mentalidad

Los costarricenses hemos llegado a la gran encrucijada del ser o no ser: el momento de acuerpar las grandes decisiones en materia de transformaciones políticas, pues hemos sufrido décadas de posposiciones, que solo agrandaron la gravedad de nuestros males.

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Alicia Fournier Vargas, Periodista.

Desde diversos escenarios y perspectivas, día a día el liderazgo político de este país se ha venido refiriendo a la situación que viene atravesando desde hace décadas nuestra sociedad.

Algunos, lo hacen valorando en su justa medida decisiones visionarias y otros, aferrándose a sentimientos destructivos que no aportan al necesario cambio de mentalidad que los tiempos demandan.

Si nos remontamos varias décadas atrás, veremos como se dieron pasos significativos en materia de transformaciones, sobre todo en materia económica, productiva, cultural  y social.

La economía dio saltos trascendentales hacia la exportación y la diversificación productiva, la generación de empleo y la disciplina macroeconómica, entre otros ajustes.

Hoy, en un mundo tan complejo, abierto y competitivo, habría que imaginarse la situación en que estaría el país si tales cambios no se hubieran hecho, si siguiéramos con el viejo modelo, aferrados al estatismo a ultranza, pero tampoco al desabrigo de los sectores más necesitados.

Lamentablemente, los cambios no fueron integrales; no pasaron a las transformaciones políticas indispensables, dando más bien lugar a cierta desarticulación del Estado y debilidad en el cumplimiento de funciones esenciales como la de asegurar la prestación oportuna y eficiente de los servicios públicos, la educación, la seguridad social, las funciones de policía y la imprescindible función simbólica del poder.

El Estado centralizado, en crisis de legitimidad y funcionalidad, más bien se atomizó en una multitud de feudos en los cuales se atrincheró una burocracia insensible, la cual interpretó que era su derecho la apropiación de los ámbitos de la función a ellos encomendada; y este es el escenario que tenemos.

Comparto muchas de las preocupaciones que desde distintos sectores se plantean, teniendo en cuenta que vivimos un proceso muy profundo de cambio y recomposición de fuerzas políticas, a la luz de un cambio generacional que no todos comprenden.

Hoy vemos que las respuestas a la sociedad son lentas, que el Estado se mueve entre un andamiaje jurídico institucional que construimos al mejor estilo «kafkiano» y como si fuera poco, el camino esta cada día más plagado de enormes obstáculos, que han sido sembrados, casi meticulosamente, para impedir el rápido desarrollo del país y para que priven el estancamiento, la pobreza y la inequidad.

A pesar del conflicto implícito, quiero ver lo que está sucediendo con optimismo, con fe en las mayorías que quieren cambios, que aspiran transformaciones de verdad y que quieren vivir en una justa paz social.

Los costarricenses hemos llegado a la gran encrucijada del ser o no ser: el momento de acuerpar las grandes decisiones en materia de transformaciones políticas, pues hemos sufrido décadas de posposiciones, que solo agrandaron la gravedad de nuestros males.

Indolentemente, hemos dejado que las cosas llegaran a su punto más crítico, allí donde ya no es posible relegar las decisiones y dejar de tomar acciones a costos que hubieran sido menores de haber logrado los consensos necesarios en momentos pasado, lamentablemente.

Hoy debemos decidir dar los saltos, que nos permitan reconstruir la gobernabilidad del Estado democrático sobre mejores bases de participación, eficiencia económica, transparencia, rendición de cuentas y eficacia política y jurídica.

De este proceso saldrá fortalecida nuestra democracia, con la voluntad y decisión de cambio, y el aporte de fuerzas en pro y en contra de los mismos, como los vemos hoy.

Dentro de esas voluntades tenemos que distinguir, no obstante, a quienes tienen una agenda destructiva, claramente antidemocrática, que tienen dobles agendas, que actúan como verdaderos “lobos con piel de oveja”.

Lo deseable es llegar a tomar decisiones al menor costo social y humano. Pero que no sea ni la mezquindad de quienes anuncian el fin del mundo, ni el miedo a decidir, quiénes se sobrepongan a la voluntad de cambio.

 


La autora es de formación Periodista, es relacionista pública y comunicadora. Se desempeña como asesora en temas cooperativos y desarrollo social empresarial. También, ha sido Viceministra de la Presidencia durante la Administración Figueres Olsen, Presidenta Ejecutiva del SINART y dos veces Diputada a la Asamblea Legislativa durante los períodos 1998-2002 y 2010-2014. 

 

 

 

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