Alonso Cunha: El genocidio maya

Torturas, desapariciones, abusos, campos de concentración (llamados Polos de desarrollo), atentados contra objetivos específicos son solo parte de las vivencias hórridas que experimentaron los guatemaltecos sobre su propia tierra.

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Alonso Cunha Chavarría. Estudiante de Relaciones Internacionales UNA.

Centroamérica es una región que siempre se ha visto influenciada por el número de poblaciones indígenas, no es de extrañar pues, que en épocas precolombinas dicha región -principalmente al norte- la civilización maya se estableció y construyó sus cimientos. Guatemala es un país que goza de un linaje maya exquisito, por lo que su sector turístico se ve promovido por el avistamiento de ruinas que alguna vez pertenecieron a esta cultura y que genera tanto interés a quienes visitan este país. Sin embargo, los estragos sufridos antes y a mediados de la época de 1980 son una mancha en la historia de todos los pueblos indígenas de Latinoamérica y que ha de tomarse en cuenta.

La mayor parte de los Estados centroamericanos se caracterizan por ser “democracias tardías”, es decir, países que adoptaron un régimen democrático luego de atravesar largas décadas de totalitarismos o de inestabilidad en su política interna y que, en el marco de Occidente, emplearon las prácticas democráticas de modo progresivo e incluso interrumpido (muchas veces por golpes de Estado), durante el siglo pasado, en contraposición con otros países Latinoamericanos. Estados que, hasta la fecha, atraviesan por olas preocupantes de violencia (Honduras es el país con las tasas de muertes por cada mil habitantes más densas de toda Latinoamérica; El Salvador se ve azotado por las inseguridades sociales a raíz de las maras y por los tintes autoritarios de su gobierno y presidente) y por una política doméstica ineficiente y una política exterior recelosa y rígida.

Durante la tumultuosa década de 1980, quizá un poco influenciada por la Guerra Fría, Centroamérica fue de las regiones más conflictivas a nivel mundial -evóquese la designación El polvorín del mundo-, situación que fue, al menos parcialmente, mermada por los Acuerdos de Esquipulas. La instauración de la democracia en Centroamérica es un logro innegable, sin embargo, las violaciones a los Derechos Humanos y a los Derechos Indígenas en años ulteriores a los tratados de paz deben ser recapituladas y rememoradas en pos de construir un futuro idóneo para estas poblaciones.

Testimonios como la Nobel Rigoberta Menchú acerca de lo vivido en Guatemala antes de 1986, como lo que le pasó a su padre, es clave para entender las penurias de los pueblos indígenas, así como la poesía del salvadoreño Roque Dalton que abogaba por la libertad de los pueblos centroamericanos y sin olvidar los escritos literarios a manera de crítica del también Nobel guatemalteco Miguel Ángel Asturias y del costarricense Carlos Luis Fallas, que evidencian el pésimo, el deplorable, trato hacia los indígenas a lo largo del siglo XX en nuestra región.

La represión sufrida en Guatemala es desgarradora. A manos de Efraín Ríos Montt, anterior jefe de Estado (de facto), se cometieron crímenes y perversiones contra toda persona que se opusiera a su régimen, la oposición política, el socialismo y los pueblos indígenas. Torturas, desapariciones, abusos, campos de concentración (llamados Polos de desarrollo), atentados contra objetivos específicos son solo parte de las vivencias hórridas que experimentaron los guatemaltecos sobre su propia tierra. Todo esto se ve reflejado con la política de Ríos Montt, llamada Fusiles y Frijoles -quienes apoyen serán alimentados, quienes se opongan serán asesinados- denunciada en varios periódicos del mundo.

La Franja Transversal Norte fue el lugar donde se cometieron la mayoría de estos asesinatos, así como regiones indígenas donde acontecieron varias masacres. Empleándose de grupos paramilitares tales como la MANO -Mano blanca- y la NOA -Nueva Organización Anticomunista-, el régimen de Ríos Montt comenzó una persecución contra aquellos que acometieran en contra suya. La NOA usó tácticas de asesinato, tortura y persecución contra líderes de varios estratos de la sociedad, en los que diplomáticos, sindicalistas, opositores, socialistas y, previsiblemente, indígenas fueron “desaparecidos” a manos de este grupo paramilitar cuya imagen pasa desapercibida por la MANO, quienes asesinaron muchísimos más indígenas que la NOA. Asimismo, se le acusa al expresidente de corte militar, Pérez Molina, de ser perpetrador de muchos de estos actos. Muchos de los culpables fueron absueltos y otros, convenientemente, disfrutaron de privilegios por su estado, como es el caso de Ríos Montt.

Debemos recordar, tras los acontecimientos ocurridos en Guatemala, nuestras raíces indígenas centroamericanas, debemos recordar como dichos pueblos, desde la venerada “Conquista” española y su posterior colonialismo, han estado envueltos en luchas y discriminaciones de cualquier índole. Un pueblo que ha luchado desde 1492 y que permanecerá haciéndolo en virtud de ellos mismos, recios y tenaces.

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