Alvaro Salas: Fernando Volio, Nelson Mandela y los EBAIS

Cuanto más talento tiene el ser humano, más se inclina a creer en el talento ajeno. Blaise Pascal (1623-1662), escritor, matemático, físico y filósofo francés.

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Álvaro Salas ChavesMédico.

Don Fernando Volio Jiménez fue Canciller de la República, en la Administración de don Luis Alberto Monge. Antes había sido Ministro de Educación en la Administración de don Daniel Oduber. Además, fue diputado a la Asamblea Legislativa en tres ocasiones y relator de comisiones especiales de Naciones Unidas. Le encargaron la relatoría de las denuncias sobre crímenes de lesa humanidad, durante la dictadura de Pinochet y los militares salvadoreños. Fue también relator del abominable caso del Apartheid surafricano. Se desempeñó, por último, como profesor de Derecho de la Universidad de Costa Rica.

Era un hombre de convicciones firmes sobre la libertad y siempre estaba dispuesto a dar la lucha para garantizarla. Fue conocido como un funcionario de gran trayectoria política, tanto en Costa Rica como en el extranjero; pero se le recuerda, ante todo, como un gran costarricense, lleno de amor por su Patria, a la que defendió cada vez que alguien intentó avasallarla.

Sin embargo, existía en él un lado menos conocido: era un hombre tremendamente simpático. Guardaba mil anécdotas, producto de los largos años en el servicio público, nacional e internacional, pero, además, tenía una gracia especial para contarlas.

Una vez, cuando formaba parte del Comité de Naciones Unidas contra el Apartheid, llegó el tiempo de realizar nuevamente la elección del vicepresidente. Según las normas de la ONU, debía obtenerse un candidato ganador en la primera o en la segunda ronda, y si no se lograba, por empates consecutivos, debía procederse a una tercera y última ronda de votación. Si realizadas las tres rondas no había un claro ganador, se postergaría la votación para otra oportunidad, con el objetivo de proponer nuevos candidatos y resolver así la elección.

Después de las dos primeras rondas, terminaron empatados don Fernando y el representante de la antigua Unión Soviética. Se conocían muy bien, porque tenían años de formar parte de este comité. Estos eran los tiempos duros de la polarización del mundo en dos bloques hemisféricos: los capitalistas y los socialistas; y por supuesto, la guerra fría se hallaba en todo su esplendor. Don Fernando -“zorro” como el que más- se aproximó al representante de la URSS y le dijo:

Excelencia, quería decirle que si yo no gano esta elección, me fusilan en Costa Rica.

El soviético, convencido de que en su país una amenaza así se concretaba indefectiblemente, le contestó de inmediato:

-Excelencia, de ninguna manera: cuente con mi voto en la tercera ronda.

Don Fernando fue vicepresidente de este comité por muchos años, hasta que llegó el día de eliminar ese odioso sistema de segregación racial, cuando se tuvo a Nelson Mandela como símbolo de la libertad y de la igualdad. Sin embargo, miles de surafricanos tuvieron que ofrendar su vida en las sangrientas luchas contra el gobierno de los blancos que lo sustentaba.

Dos años después, se reunía en Johannesburgo, capital financiera de Sudáfrica, la UNCTAD (Agencia de Naciones Unidas para Comercio) y el Presidente José María Figueres fue invitado como orador de fondo. El evento se llevaba a cabo en Sudáfrica, como un reconocimiento a los progresos democráticos y al rescate de las libertades ciudadanas de ese pueblo.

Por primera vez, se había elegido a un presidente negro, nada más y nada menos que el mismísimo Nelson Mandela, líder de la resistencia de los sudafricanos contra el “apartheid” y quien estuvo encarcelado veinte años en condiciones de aislamiento total. Por otra parte, se cumplía el segundo aniversario de la independencia nacional, de manera que el Presidente Figueres hizo maletas para el continente negro y yo lo acompañé. La idea era compartir lo que hacíamos para desarrollar los programas de salud con los EBAIS que tenían “chocho” a don José María y, además, llevar a don Fernando Volio para que Nelson Mandela le firmara el libro contra el “Apartheid” escrito por él, y conservar así un gratísimo recuerdo de los años de trabajo en el comité de Naciones Unidas.

La delegación costarricense la conformaban, además, el Canciller don Fernando Naranjo, don José Joaquín Chaverri, de la Cancillería en San José, y el diputado Teddy Cole Scarlett, representante de Limón por el Partido Unidad Social Cristiana. Desde Nueva York llegaron los funcionarios de nuestra representación, presidida por el embajador Fernando Berrocal.

Don Fernando estaba muy enfermo y nos preocupaba mucho un viaje tan largo. Volábamos de un solo tirón desde San José hasta Ámsterdam. Unas horas después, tendríamos otro vuelo de unas quince horas, hasta Johannesburgo. Le dimos a beber mucho líquido y lo pusimos a caminar por el avión. Por suerte que este era enorme, con largos pasillos, para que no se aburriera mucho. Había que cuidarle las piernas por la amenaza de una trombosis femoral y una mortal embolia pulmonar. Don Fernando se estaba apenas recuperando de dos cirugías recientes a corazón abierto, en que estuvo sumamente grave. Pero el deseo de conocer a Nelson Mandela era más grande y significaba mucho para él. Era, en síntesis, coronar un anhelo muy hondo, había implicado una lucha durísima; en fin, darle la mano a una estatua viviente por la libertad y los derechos ciudadanos. Así es que se corrió el riesgo.

Nos encontramos todos en Johannesburgo y, de inmediato, nos pusimos en acción para lograr todos los objetivos planteados en este viaje tan largo y complicado.

Don Fernando se mantuvo en reposo en su habitación, mientras el Canciller Naranjo hacía las gestiones para que pudiera acompañar al Presidente Figueres a la cita con Mandela. La cosa estaba muy difícil, porque el protocolo establecía que solo el Presidente podría ver a su colega sudafricano.

Después de muchos estiras y encoges, logramos que don Fernando pudiera acompañar a don José María. Salieron en un vehículo aparte hacia Pretoria, capital política de Sudáfrica, y a nosotros, con todo y canciller, nos llevaron a visitar una Universidad donde, según ellos, había una integración interracial ejemplar. Íbamos cruzando los dedos que para todo saliera bien. Don Fernando se había hecho una gran ilusión de poder lograrlo.
Horas después nos encontramos nuevamente en el hotel. Don Fernando estaba feliz y nosotros pudimos respirar más tranquilos. El asunto se manejó muy a lo “Figueres”. El Presidente llegó con don Fernando hasta la puerta del despacho del Presidente Mandela. En el momento de abrir la puerta por parte del edecán, don José María Figueres tomó una silla de la sala de recepción y entró con ella hasta la salita donde Mandela recibiría a tan distinguido visitante. Habíamos sido advertidos de que solo habría dos sillas: una para cada presidente. Entraron y cerraron la puerta. Ya estando adentro, don José María arrimó la silla y en amplia camaradería los tres conversaron sobre Costa Rica, su democracia, la salud y los EBAIS; y sobre todo, del comité contra el “Apartheid” y el papel que había jugado don Fernando.
El Presidente Mandela se mostró sumamente agradecido con don Fernando. Le firmó el libro con una dedicatoria muy especial y le dedicó el doble del tiempo a la entrevista. De manera que se lograron todos los objetivos que nos habíamos propuesto en el viaje. El Presidente Figueres hizo una presentación extraordinaria en el plenario de la UNCTAD, acompañado por los dirigentes económicos mundiales de la época y yo pude hablar con la Ministra de Salud, Madame Mbeki, de nuestros EBAIS, a solicitud expresa de Nelson Mandela.

Así logramos que un gran costarricense, don Fernando Volio Jiménez, cumpliera su sueño, de una vida dedicada a las luchas por la libertad.idaria compartida.erza capaz de detenerlo.

 

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