Amir Rockman: Israel – Entre el combate, la protección y una Paz deseada

Amir Rockman , Cónsul de Israel en Costa Rica

La quinta entrega de los artículos del señor Bernal Herrera sobre el conflicto entre Israel y Palestina exige una revisión detallada, ya que la complejidad de esta situación va más allá de una narrativa de opinión personal.

En relación con las dinámicas históricas que el señor Bernal Herrera aborda al inicio de su artículo, es esencial comprender que la creación del Estado de Israel en 1948 se basa en la necesidad imperante de brindar un refugio seguro y la soberanía autodeterminada para el pueblo judío.

En este sentido, resulta inapropiado tachar de traición la decisión británica de respaldar el proyecto sionista para establecer un estado judío. Esta elección se gestó en un contexto de cambios significativos en el escenario geopolítico y en medio del brutal antisemitismo nazi, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial. Este sombrío panorama acentuó la urgencia humanitaria y proporcionó una justificación moral innegable para erigir un hogar nacional judío en su tierra ancestral.

La formación de Israel recibió respaldo de la comunidad internacional y se fundamentó en la legalidad de las resoluciones de las Naciones Unidas. Fue una respuesta legítima a la necesidad imperante de proporcionar un refugio para los judíos y afirmar su derecho a la autodeterminación en su tierra ancestral. Es crucial destacar que la inmigración judía y la creación subsiguiente de Israel no fueron concebidas como un acto de agresión contra la población musulmana de la región.

En el periodo de la creación del Estado de Israel, la situación en esta región se caracterizaba por la violencia y la inestabilidad, impulsada en gran medida por líderes como Amin al-Husayani, quien perpetraba ataques contra la población judía. Este contexto generó una respuesta defensiva por parte de la comunidad judía, y no como lo plantea el señor Herrera señalando a grupos terroristas.

Israel ha reafirmado consistentemente su apoyo a la coexistencia de un Estado judío y otro palestino. Esto se evidenció cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas, a través de la resolución 181, optó por la división de Palestina en dos Estados y estableciendo un régimen internacional especial para Jerusalén. Sin embargo, esta propuesta fue rechazada por el bando palestino y sus vecinos árabes.

La apuesta por soluciones militares del bando árabe planteó desafíos significativos en las guerras de 1948, 1967 y 1973. Las ganancias territoriales durante estos conflictos fueron el resultado de acciones legítimas en el marco de las reglas de la guerra, basadas en la legítima defensa y la seguridad nacional. Estas acciones fueron necesarias para prevenir futuros ataques de múltiples frentes y proteger a su población.

Es importante señalar que el surgimiento de fuerzas fundamentalistas religiosas ha sido una dinámica significativa en el conflicto. El ascenso del fundamentalismo islámico ha desplazado gradualmente a gobiernos laicos, como la Autoridad Palestina, llevando a un movimiento terrorista como Hamás al poder en Gaza. La carta fundacional de Hamás, redactada en 1988, se opone a reconocer a Israel como Estado legítimo y llama a su destrucción. Esta posición fundamental ha obstaculizado cualquier proceso de paz en la región.

En el complejo escenario del conflicto israelí-palestino, es esencial abordar ciertos términos que han sido mal utilizados para describir la realidad en los territorios disputados, entre ellos “ocupación” y “apartheid”, y los cuales Israel niega categóricamente.

La presencia militar y administrativa de Israel en los territorios disputados es una medida de seguridad necesaria, dada la historia de conflictos y amenazas existenciales que ha enfrentado. Estas medidas buscan garantizar la seguridad tanto de los ciudadanos israelíes como de aquellos que residen en la región.

En segundo lugar, Israel rechaza absolutamente la acusación de “apartheid”, pues el país es una democracia pluralista donde ciudadanos de diversas religiones y etnias participan activamente en la vida política, profesional y social. Se destaca que todos los ciudadanos, independientemente de su origen étnico o religioso, tienen derechos y oportunidades iguales en Israel. La diversidad cultural y religiosa se valora como un aspecto integral de la identidad israelí.

La creación del Estado de Israel constituyó un objetivo fundamental que demandó enfrentar numerosos desafíos. La habilidad para superar estos desafíos no solo evidenció la fortaleza de nuestra nación, sino que también definió la historia de Israel, caracterizada por la constante necesidad de afrontar obstáculos para asegurar la supervivencia y la prosperidad del Estado. A lo largo de este proceso, Israel ha experimentado amenazas y hostilidades desde sus primeros días, lo cual ha impulsado un notable desarrollo en las esferas militar y tecnológica con el fin de garantizar su seguridad.

A pesar de las adversidades históricas, Israel ha abrazado firmemente la búsqueda de la coexistencia pacífica y la resolución de conflictos. La voluntad de alcanzar acuerdos de paz y convivencia con sus vecinos musulmanes ha sido una constante, resaltando la importancia de encontrar soluciones diplomáticas que aborden las preocupaciones de ambas comunidades. No obstante, este compromiso se ha visto desafiado por un grupo decidido a oponerse tenazmente a la negociación, prolongando la complejidad del proceso de paz en la región.

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