Ana Álvarez: Solentiname

En la actualidad, ya Ernesto Cardenal no vive en la isla y los sueños volaron, quedando la simiente de un pueblo lleno de arte que vende su trabajo a nivel nacional como internacional y que vive con grandes dificultades. El apoyo del gobierno es mínimo y su lucha es diaria por salir adelante.

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Ana Álvarez Rojas, Psicóloga.

Cuando se empieza a viajar, dentro o fuera de Costa Rica, lo más difícil es detenerse.

Los pies te hormiguean, la mente vuela y un cúmulo de animalillos internos, que vibran haciéndote sentir extraña, te avisan que ya han pasado algunas semanas sin salir de caminata. Esta vez nos enrumbamos  hacia la frontera norte, tomando la ruta San Ramón-Los Chiles, cantón número 14 de la provincia de Alajuela. Después de pasar el puesto fronterizo “Las Tablillas”, ahí mismo, en Los Chiles (que por cierto fue inaugurado hace poco, en mayo del 2015) nos embarcamos para surcar las tranquilas aguas del Río San Juan. Nuestra primera escala sería en El Castilloque es un municipio del departamento de Río San Juan, en la República de Nicaragua.

El Río San Juan es verdaderamente impresionante. Ya en otras ocasiones lo había surcado y siempre me sorprende.

Tomamos rumbo al este, hacia este pequeño pueblo con una gran historia. En algún momento, allá por el siglo XVII fue el punto específico donde se resguardó la Ciudad de Granada del ataque de los corsarios y piratas, principalmente ingleses, que deseaban atacar la ciudad y hacerse de las riquezas que en ella se almacenaban.

El pueblo se encuentra a orillas del Río San Juan a la altura de los rápidos de “El Diablo “. Estos rápidos se forman por la gran cantidad de rocas que se encuentran en su cauce, siendo de difícil tránsito para las embarcaciones. Resulta que, por la gran amenaza que estos bandidos significaban, la corona española, allá por el año de 1675, construyó una fortaleza para evitar que pudieran atacar la ciudad de Granada, subiendo desde el Océano atlántico por el Río San Juan, atravesando luego el Lago Cocibolca o gran lago deNicaragua y accediendo a la ciudad, la cual, por aquellos años, era el lugar donde convergían los cargamentos de materiales preciosos para la época y muy apetecidos por estos delincuentes marinos.

Entre el 29 de julio y el 3 de agosto de 1762 este pequeño poblado fue sitiado por los ingleses, y gracias a la valentía de la hija del comandante del fuerte   que los enfrentó, es que la fortaleza se salvó del ataque.

Rafaela de Herrera y Torreynosa, de escasos 20 años, una criolla española considerada como Heroína Nacional de Nicaragua e hija de don Pedro Herrera, comandante del fuerte, fue criada, desde muy niña, en el cuartel o “Castillo de la Inmaculada Concepción”, junto a su padre, quien, para evitar que la niña se aburriera en tan curioso lugar, la entrenó en las artes bélicas, enseñándole todo lo que debería saber sobre el uso del armamento militar que tenían en la fortaleza. Es por esto y no por casualidad que esta joven tuvo el coraje para hacerle frente a los muy sofisticados navíos ingleses, ganándoles la batalla. Cuenta la leyenda que, en un arranque de valentía, la muchacha llamó a los soldados y les dijo con voz fuerte y decidida “- Los cobardes que se vayan, los valientes se quedan conmigo hasta la muerte.”

El pueblo en sí es pequeño, bonito, con casitas chiquitas a orillas del Río y una vista eterna de las aguas pacíficas del San Juan. A excepción, por supuesto, del “Raudal del Diablo”, ahí la furia de sus aguas es constante. Su gente es amable y trabajadora y la comida deliciosa.

Al día siguiente, devolviéndonos sobre la estela que dejamos el día anterior, subimos hacia el noroeste, rumbo a San Carlos de Nicaragua. La ciudad está ubicada a unos 290 kilómetros al sureste de Managua, justo donde termina el Lago de Nicaragua y comienza el río San Juan.

(Lago Cocibolca y al fondo se observa, según datos de nuestro guía, el Volcán Miravalles)

El municipio de San Carlos, se podría decir, que es donde el Río San Juan nace, fue descubierto en 1529 a raíz de la búsqueda de los conquistadores españoles de una ruta que conectara los dos océanos. La ciudad fue fundada en 1526 como Nueva Jaén,  abandonada durante varias décadas y vuelta a fundar, ya como  San Carlos durante el siglo XVII.  Es un pueblo golpeado por la pobreza, que desea, fervientemente, salir adelante con la ayuda de sus pobladores y de los turistas que llegan a comprar sus productos. La colaboración del gobierno es poca, pero ellos no se echan para atrás y están haciendo lo posible por cambiar esta situación. Los últimos acontecimientos de protestas en nuestro vecino del norte les trajo muchos inconvenientes, pero ahora la situación está cambiando, hay paz y ganas de salir avante. Aquí nos quedamos lo suficiente para almorzar, conocer los alrededores, hablar con algunos cuantos pueblerinos y tomar de nuevo la embarcación que nos llevaría a nuestro destino final: EL ARCHIÍÉLAGO DE SOLENTINAME. Qué bonito nombre, ¡verdad!

Solentiname es un nombre de origen náhuatl, “Celentinametl “, y significa “lugar de muchos huéspedes” o “lugar de hospedaje”. Este archipiélago es un conjunto de 36 islas e islotes ubicado en el extremo sureste del Lago Cocibolca o gran Lago de Nicaragua a unos 20 Km, al oeste de la ciudad de San Carlos y con un área de 40.2 Km cuadrados.

¿Ustedes conocían que el Lago de Nicaragua se llamaba “Cocibolca” ?.  Pues yo no y me impresionó sobremanera la belleza de estos nombres ancestrales tan musicales y llenos de color. Cocibolca, voz náhuatl que quiere decir varias cosas, según la recopilación que hizo el científico nicaragüense Jaime Incer Barquero.  Cocibolca como “lugar donde se destruyen los camaroncitos” o “Lugar de la Gran Serpiente” y también “Lugar de los árboles de zapote” y por último “Lugar donde está el más grande de los (lagos) gemelos.

Los españoles lo llamaron «Mar Dulce» y fue descubierto por el conquistador español Gil González Dávila. A este señor, el lago le pareció   no tener fin y cuando vio a su caballo beber su agua comprendió que esta no era salada.

Es el más grande en América Central,  el noveno más grande en América y el 25º del mundo. Contiene más de cuatrocientas isletas y 8.200 Km2.

Pero, volvamos a Solentiname. Por mi parte, nunca había oído hablar de estas islas. El archipiélago de Solentiname ¿qué era eso? Empezando por el nombre, me impresionó hermoso, musical, pegajoso y como lleno de una frescura o dulzura que no sabía cómo asimilar.

Solentiname fue declarada área protegida, bajo la categoría de Monumento Nacional bajo el Decreto No. 527 y por resolución No. 6699 del MARENA (Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales) por ser valorado con alta riqueza natural, cultural e histórica. Además, este archipiélago es un gran humedal donde se encuentran grandes poblaciones de aves, reptiles como el lagarto y el cuajipal, iguanas y tortugas, mamíferos, como el cusuco, venados cola blanca y una pequeña colonia de monos —peces, insectos, así como numerosas especies de plantas.En sus aguas se encuentran tiburones de agua dulce y durante mucho tiempo se pensó que esta especie era endémica del lago, sin embargo, se han encontrado en el Río San juan y otros lugares. También habitan el lago peces sierra y sábalo real.

El archipiélago Solentiname fue el solar de una cultura precolombina de la que aún pueden observarse una gran cantidad de petroglifos, con figuras de pájaros, monos o personas. Fue un sitio sagrado dedicado al culto del agua, del fuego y a los difuntos. Se cree que los pobladores de Solentiname eran aborígenes de Nicaragua que migraron hacia regiones centrales y orientales del país cuando éste fue colonizado por pueblos procedentes del norte (chorotegas primeros y nicaraos después). Estos pobladores poseían una gran tradición artesanal, en sus tumbas destacan las vasijas de barro decorado y los metates de piedra con figuras de animales.

Los pobladores de las pocas islas habitadas se dedican principalmente a la agricultura, a la pesca artesanal, a la pintura primitivista y a la artesanía, principalmente de madera de balsa pues este árbol crece en todos los rincones de las islas y es muy común en las orillas del San Juan. Esta madera es suave y tan maleable y liviana que fue la materia prima de las hermosas figuras de animales, intensamente coloreadas que han caracterizado a sus habitantes.

En este viaje visitamos dos grandes islas. La isla de San Fernando, donde pernoctamos y desde donde pudimos contemplar, en los días claros, cinco volcanes de Costa Rica: Arenal, Tenorio, Miravalles Rincón de la Vieja y Orosí y la isla Mancarrón.  Mancarrón es la más grande y la más poblada de las 38 islas de Solentiname. En ambas existen grupos organizados de artesanos que venden su trabajo para sobrevivir.

Precisamente, fue el sacerdote y poeta, Ernesto Cardenal, el que descubrió la pintura primitivista que hacían los campesinos de las islas y alentó la creación artística en los pobladores. En 1965 él compró Mancarrón a Julio Centeno y para los lugareños fue de gran alegría saber que un sacerdote se iba a ir a vivir a la isla, donde un cura quizás llegaba una o dos veces al año.  A partir del arribo del poeta, poco a poco, los solentinameños se fueron convirtieron en una comunidad contemplativa donde se leía poesía, se comentaban los evangelios y se aclaraban otros temas que nunca antes habían tenido la oportunidad de conocer y compartir.

Había mucho analfabetismo y los niños nunca terminaban el año escolar. La presencia del sacerdote fue un gran estímulo para estos lugareños.  Así fue como se produjo una revolución cultural en el olvidado archipiélago de Solentiname. A la isla llegaron muchas personalidades para conocer esta particular comunidad.

Intelectuales del momento e incluso el escritor argentino, Julio Cortázar, en una visita a Costa Rica invitado por el Colegio de Costa Rica en 1976, para dictar unas conferencias, se trasladó a Mancarrón, clandestinamente, invitado por Sergio Ramírez Mercado y Ernesto Cardenal con el propósito de que pusiera su nombre, prestigio y solidaridad al servicio de la lucha contra Somoza.

La unión que se gestó en los habitantes de las islas alrededor de la figura del poeta- sacerdote fue con la esperanza de un mundo mejor.

En la actualidad, ya Ernesto Cardenal no vive en la isla y los sueños volaron, quedando la simiente de un pueblo lleno de arte que vende su trabajo a nivel nacional como internacional y que vive con grandes dificultades. El apoyo del gobierno es mínimo y su lucha es diaria por salir adelante.

Antes y también ahora, la vida ha sido dura en las islas. Hace unos años el gobierno les ayudo a crear la infraestructura para atender al turismo local e internacional. Se dotó de energía solar, 60% financiada por el gobierno, se hicieron muelles, se capacitó a su gente para iniciar un desarrollo turístico, pero, como mucho de lo que sucede en nuestra América Latina, no se les dio seguimiento y sabemos que lo que se deja a la deriva, cae en decadencia. En estos momentos, la población está haciendo un gran esfuerzo para salir adelante ofreciendo viajes turísticos a las islas y rescatando la infraestructura construida. El lugar es hermoso, lleno de naturaleza, paisajes impresionantes, la gente es amable y los pequeños albergues dan las comodidades básicas para pasar una hermosa y tranquila temporada. Es un lugar de contemplación. La bulla de otros lugares no los ha tocado todavía. Es el lugar idóneo para descansar, escribir y llenarse la mente y el alma de imágenes inigualables.

Fui y todavía las fotografías que captó mi cerebro siguen incorruptibles. Las que captó mi cámara ahora son de ustedes. Ojalá puedan, como yo, visitar este paraíso en el hermoso Lago Cocibolca.

Hasta mi próximo andar.

Septiembre, 2019

 


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