Ana Victoria Badilla, Licenciada en Derecho por la Universidad de Costa Rica, Máster en Derecho Público

La reelección de la Magistrada Julia Varela Araya tuvo características inéditas, a diferencia de otros casos en los que en legislaturas anteriores se discutió ese tema de manera más o menos pacífica y, a pesar del interés que el acto reviste, normalmente se escuchaban únicamente comentarios de personas que conocían el tema, y que por ende opinaban con fundamento, individuos con conocimiento jurídico, cuyas opiniones aportaban a la discusión.

En el caso de la Magistrada Varela, la reelección se convirtió en un tema basado en la polarización que reina actualmente en el país, y como es usual, las redes sociales se convirtieron en un campo de batalla entre los que apoyaban la reelección y los que se oponían a ella, aunque en la mayoría de los casos los “opositores” no sabían ni porqué se oponían, lo que hace creer que se les había indicado qué decir o simplemente repetían lo que le escucharon a sus “líderes” expresar. 

Por parte de quienes aprobaban que la Magistrada continuara en el puesto hubo valoraciones académicas, de conocedores de su trayectoria como jurista, como persona estudiosa del derecho, como profesora universitaria por cuyas aulas han pasado muchos de los actuales miembros del foro nacional, y quienes por razones académicas o profesionales han analizado algunos de sus votos, por lo que insistían en que la reelección de doña Julia era justa y conveniente.

Asimismo hubo un grupo de detractores que, amparados por las pantallas de sus teléfonos o computadoras, y desconociendo el meollo del asunto le obsequiaron insultos, notas de discriminación, unas por edadismo (vaya a descansar, dele campo a la gente joven) y otras por ese machismo rampante que hoy permea nuestra sociedad (vaya a cuidar nietos). En el caso de estos últimos, llamaba la atención los horrores ortográficos presentes en sus diatribas. Es de suponer que algunos de esos comentarios por la bajeza de sus expresiones, por la ortografía y por el encono con que se expresaban, procedían de los llamados troles, sicarios de honras ajenas, mercenarios de las pantallas que a cambio de unas monedas dañan a personas con las que nunca han tenido ni siquiera un contacto visual.

En el caso de quienes debían decidir la reelección, los diputados y diputadas, llama la atención los argumentos esgrimidos  pues, aunque muchos conocían las capacidades e historial profesional de doña Julia, tal como dijo una madre de la Patria al referirse a ella: “les puedo asegurar que es una persona con principios morales y éticos muy arraigados”, sin embargo, esa clarísima mención y conocimiento de algunos de los atributos de la Magistrada, carecían de validez para quien los expresaba, pues se oponía abiertamente a la reelección. 

La magistrada Varela se enfrentó a situaciones inesperadas por bizarras,  como es el hecho de que en el esfuerzo que se hacía para evitar su reelección, hasta ocurrió algo tan insólito como que algún personaje sacó un siniestro conejillo del sombrero: se inventó “una nueva metodología”, exigirle  acreditar al menos 10 años de experiencia en el manejo de presupuestos por montos iguales o superiores a 100 millones de colones: “Oficialismo exige a magistrada experiencia en presupuesto de 100 millones para reelección” (Crhoy, 11-8-26).

Al proponer su nombre para permanecer en la Sala Segunda por un nuevo período, doña Julia mostró ser una mujer de gran carácter, pues sabía que en la coyuntura actual se enfrentaría a vejámenes que también afectarían a su familia. Sin embargo, desafió ese posible temor y sentó dos precedentes: es la primera vez que una magistrada, una dama, aspira a ejercer la magistratura por un cuarto período. Igualmente, no hay precedente de magistradas que hayan aspirado a alguna reelección ostentando la poderosa edad de 15 lustros, como lo hizo la Magistrada.

El tesón, la voluntad férrea, el donaire y la gallardía de doña Julia, propias de quien se ha forjado en el trabajo duro y honesto levantándose con las primeras luces del alba y retirándose al descanso a altas horas de la noche, trajeron a mi mente un segmento de una poesía, que mi profesora Beda Kokemper de Quintana nos regaló a las estudiantes al concluir nuestro Bachillerato: “Dragones y quimeras te saldrán al paso, no les tengas miedo, que nada te harán, camina segura a la luz del día y de las estrellas a la claridad, y en la cumbre eleva llena de alegría el pendón glorioso de tu voluntad.”

Julia Varela constituye un ejemplo para la mujer costarricense, una mujer de extracción campesina, con una formación académica procedente de la Universidad Pública, que venció obstáculos y que con esfuerzo y sacrificio logró escalar posiciones que le han permitido poner en alto el nombre de su Alma Mater y servir con honores a la Patria y a la Justicia ¡Albricias, Magistrada!

 

Ana Victoria Badilla Villanueva

Por Ana Victoria Badilla Villanueva

Ana Victoria Badilla, Licenciada en Derecho por la Universidad de Costa Rica, Máster en Derecho Público.