Ana Victoria Badilla: La dolorosa destrucción de una joya arquitectónica, el Templo Bíblico

De ahí la importancia vital de preservar una muestra significativa de construcciones con valor patrimonial, entre más grande mejor.

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Ana Victoria Badilla, Licenciada en Derecho por la Universidad de Costa Rica, Máster en Derecho Público

El 6 de mayo de 1928, debido al esfuerzo realizado por los misioneros Henry Strachan (Enrique) y su esposa Susana Beamish, se colocó en un terreno ubicado entre calle 6 y avenida 4 la piedra angular de lo que sería la primera edificación en la que se construiría una iglesia evangélica en Costa Rica: el Templo Bíblico. Este fue el primer bastión del Evangelio en Costa Rica, y cuando se colocó la piedra fundamental para la construcción del edificio, se plantó una Biblia en una caja –algunos dicen que era de zinc, otros dicen que de estaño.

El edificio fue encargado a uno de los más distinguidos arquitectos costarricenses de la época, y así se construyó una hermosísima edificación de sobrio estilo neoclásico estilizado art decó (según lo clasifica el Arq. Andrés Fernández). Cuando niña tuve muchas veces la oportunidad de estar en ese majestuoso edificio y, aunque ignoraba su valor, siempre me impresionó la magnificencia de estos salones cuyas paredes estaban decoradas con versículos bíblicos esculpidos. Todo en el Templo Bíblico respiraba elegancia, sobriedad y sobretodo recordaba el maravilloso esfuerzo de los Misioneros Strachan, y las personas que en ese tiempo contribuían a la expansión del conocimiento de la Biblia en Costa Rica.

Es lógico que, dado su valor arquitectónico e histórico, no solo por ser un referente de la historia del evangelismo en Costa Rica, ya que se trata del primer edificio que alojó una iglesia no católica, sino también porque fue construido por un distinguido arquitecto costarricense, don José María Barrantes Monge, debió ser declarado patrimonio nacional. Sin embargo, debido a la inoperancia de la institución que debió tutelar esta valiosa joya de la arquitectura, la lentitud burocrática fue aprovechada por alguien para quien el dinero fue más importante que la parte espiritual, la historia y el valor arquitectónico.

Al respecto, señaló el periodista Eduardo Vega: “El edificio del Templo Bíblico (ubicado en calle 6, entre avenidas 2 y 4 de San José) cayó en una desgracia tal desde que el pastor Reynaldo Salazar se lo vendió a los chinos, quienes le metieron mano con remodelaciones sin tener permisos, que ya el trámite de declararlo Patrimonio Nacional fue tirado a la basura.” (La Teja, 21-5-17)

Dolorosamente la ignorancia, o la avaricia del vendedor lo llevó a cometer este crimen contra el evangelismo, la historia, el arte y la arquitectura, a la vez que privó a las futuras y actuales generaciones de conocer una de las más bellas construcciones de San José. Es probable que en la urgencia de vender no se considerara ni siquiera el valor real, que era incalculable. Tanto es así que el Arquitecto Andrés Fernández expresó:

“¿Cómo le dieron valor a ese edificio? Eso me gustaría saberlo porque ese edificio es invaluable, es una pieza de la historia tica que a mi criterio no tiene precio.

El Templo Bíblico no solo es una exquisita obra arquitectónica, sino que también tiene riqueza histórica: fue el primer edificio que albergó una iglesia que no fuese católica en el Valle Central, por eso hablo de que es difícil ponerle un precio” (Ibid).

Por su parte un expresidente de la Comisión Nacional de Patrimonio Histórico Arquitectónico, al referirse a la venta del Templo Bíblico expresó:

“Durante 87 años el recinto acumuló en sus muros el registro de diversos acontecimientos y la devoción de cientos o miles de fieles. Lamentablemente, el valor de uso de este edificio fue cambiado a inicios de junio, cuando fue vendido a un grupo empresarial chino, con intenciones de establecer un mercado en el sitio… La arquitectura cuenta la historia. Las personas mueren y literatura, fotografía, pintura y otros registros son más difíciles de localizar. Pero los inmuebles permanecen, si los dejan, para convertirse con los años en insignes testigos y evidencia de cómo se ha forjado nuestra identidad nacional.

De ahí la importancia vital de preservar una muestra significativa de construcciones con valor patrimonial, entre más grande mejor.

Es probable que de la memoria de la causa evangélica en el país subsistan documentos y fotos, pero ya no existe un referente material”

Asimismo, recordó la historia de la Biblia colocada en las bases y comentó al referirse a ella: “Si aún permanece soterrada, la única buena noticia de este nefasto acontecimiento será que la palabra de Dios estará presente en un espacio atípico, antes de profesión de fe y en el futuro cercano invadido por “mercaderes del templo”, (La Nación, Vergüenza Bíblica, 29-7-16).

Para quienes tuvimos el placer y la dicha de ser albergados en algún momento en aquella maravillosa edificación, el dolor de ver el Templo Bíblico destruido y mancilladas sus bases por mercaderes, es indescriptible. Sobre quien lo vendió no queda más que decir: “perdónalo Padre, porque no supo lo que hizo”.

Es importante señalar la necesidad de proteger nuestra historia y nuestra arquitectura. Por ello, no debe permitirse que algunos anteponiendo mezquinos intereses particulares, destruyan nuestros valores históricos. En el caso en comentario la declaratoria como patrimonio fue simplemente obstaculizada por una persona, ya que  según lo señaló el señor  William Monge, director del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural (CICPC) del Ministerio de Cultura, la declaratoria del Templo Bíblico como patrimonio histórico, “… no se llegó a concretar debido a que Reynaldo Salazar, director del Templo Bíblico indicó a los funcionarios de patrimonio que no se iba a permitir la declaratoria ”  (Diario La Teja 11-7-16: Templo Histórico iba a ser declarado Patrimonio Nacional: Pastor frenó protección)

Por razones como la mencionada es necesario hacer un llamado a la Comisión Nacional de Patrimonio Histórico, para que defiendan realmente nuestros valores, nuestra memoria histórica y que no permitan que ruines intereses permitan que vuelva a suceder un crimen de esta magnitud; la historia y las futuras generaciones se los agradecerán, tal como sabrán condenar con toda energía a aquellos que los han realizado y/o consentido.

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