Anauim Valerín: El Cooperativismo en su día

En las actuales circunstancias ha servido de muestra real de solidaridad social, cuando el mundo entero se debate por los estos socioeconómicos de la peor pandemia de estos tiempos

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Anauim Valerín PérezPeriodista.

Uno de los sectores productivos más importantes del país, lo constituye el cooperativismo, cuyo impulso a la reactivación económica después de la crisis de los años 80, fue estratégico para la economía nacional. Recibió del gobierno de don Luis Alberto Monge Álvarez (1982-1986) todo el apoyo para crecer, desarrollar y fortalecer el principio de una justa distribución de la riqueza. Si bien su crisis fue una derivación de factores de orden externo como los programas de ajuste estructural, y de orden interno en materia de educación y gestión, no ha dejado de representar un elemento determinante para el desarrollo económico del país, por eso es bueno recordar su origen tanto en nuestra historia, como en nuestro ordenamiento jurídico, tal y como lo resumen Federico Li Bonilla, y José Sandoval (2014)

El cooperativismo en nuestro país empieza de una manera incipiente; sin embargo, ya en 1893 se dan los primeros emprendimientos cooperativos (Aguilar y Fallas, 1990). Posteriormente sobreviene la Gran Depresión, entre 1923 y 1943, periodo durante el cual se crean una gran cantidad de cooperativas. En Costa Rica, el cooperativismo formal y propiamente dicho se inició en los años veinte del siglo pasado. Al respecto, conviene señalar que desde 1919 el entonces presidente de la República, don Julio Acosta García, al restablecer la Constitución de 1897, incluyó el artículo 58, el cual dice: “El Estado fomentará las formas de actividades cooperativas como medio de facilitar mejores condiciones de vida a los trabajadores” (Li, 1989, p. 5). La Ley 861 del 6 de enero de 1947 creó la sección de Fomento de Cooperativas Agrícolas e Industriales en el Banco Nacional de Costa Rica, primer organismo técnico nacional con la capacidad para ayudar a este tipo de cooperativas. Según Li (1989), esta sección impulsó varias cooperativas, de las cuales actualmente subsisten la Cooperativa Agroindustrial La Victoria, RL (1943) y la cooperativa Agroindustrial y Servicios Múltiples de Productores de Leche, RL (1947). El cooperativismo en Costa Rica ha tenido la venia de los políticos de turno en diferentes épocas, tanto en la Primera República como en la Segunda República.

Así, la primera legislación en materia cooperativa data del 26 de agosto de 1943, cuando se emitió el Código de Trabajo con su capítulo III dedicado a las asociaciones cooperativas. La Asamblea Legislativa (1982), por su parte, define el concepto de cooperativa en la Ley 6756 de Asociaciones Cooperativas y Creación del Instituto de Fomento Cooperativo (Infocoop) de 1982, cuyo artículo 2 plantea lo siguiente: las asociaciones cooperativas son grupos de personas unidos de forma voluntaria y democrática, en donde el capital no es la parte importante del cooperativismo. La constitución de una cooperativa obedece el satisfacer el mejoramiento social y económico de tal forma que sea individual y grupal. Para lo cual existen diferentes tipos de gestión cooperativa y de actividades económicas.

Como se aprecia, en Costa Rica el cooperativismo no sólo está contemplado en la Constitución, sino que está amparado por una ley específica. De ahí que el fundamento del desarrollo cooperativo nacional se haya convertido en un modelo óptimo de desarrollo nacional, que no solamente reparte equidad social, sino también bienestar económico a la población costarricense.
La autogestión, la cogestión, el solidarismo y el cooperativismo son las modalidades asociativas de propiedad de los trabajadores que fundamentan la democracia económica, la cual tiene en el cooperativismo la forma de asociación empresarial más congruente con la idiosincrasia del costarricense, cuya raíz está en la pequeña propiedad y la pequeña empresa. En el contexto actual es la mejor herramienta para promover la reactivación de la economía nacional, fomentar la cohesión social que demanda el país y sacar del desempleo y la pobreza a una gran mayoría de nuestros habitantes: Como lo explica don Juan Huaylupo (2003)

Los principios y prácticas cooperativistas al dignificar el ser humano y su trabajo, están revirtiendo las tendencias que desprecian el trabajo en las actividades empresariales, y que sólo aprecian el desarrollo de la tecnología y acción unilateral en la conducción de las organizaciones. Asimismo, la perdurabilidad de las organizaciones cooperativas, así como su larga presencia en la historia nacional e integrada a la cultura organizativa, posibilitan su crecimiento en nuestros días por la acción ciudadana.

La dignificación del trabajo humano es el reconocimiento de la capacidad creadora e innovadora que ha posibilitado todas las transformaciones ocurridas en la humanidad a través de la historia y que hoy en día es destacado como importante desde diversas perspectivas (Huaylupo, 2002). La capacidad organizativa de la población mayoritaria, sea a través de las cooperativas u otras formas, son apreciadas como expresiones de complejos procesos de creación de capital social (Kliksberg, 2000), concepto que dista mucho de su significación cuantitativa, para estar directamente relacionado con la creatividad, solidaridad, cooperación, capacidad organizativa, voluntad y la acción transformadora de las colectividades.

El cooperativismo costarricense se tiene la posibilidad de encarnar este proceso de construcción social, que en otras sociedades latinoamericanas le han correspondido jugar a otros actores.

Costa Rica, considero ha sido un país privilegiado en cuanto al desarrollo cooperativo, tanto por el impacto social como económico que ha tenido y por supuesto, por el papel de esta organización en el contexto democrático del país.

La visión de nuestros gobernantes y la sensibilidad de quienes forman hoy la gran familia cooperativista, demuestra con creces cómo el modelo inclusivo es capaz de funcionar en diversas esferas de la economía, abriendo espacios y promoviendo el desarrollo.

En las actuales circunstancias ha servido de muestra real de solidaridad social, cuando el mundo entero se debate por los estos socioeconómicos de la peor pandemia de estos tiempos, cuyas repercusiones ni siquiera todavía imaginamos.

Las Naciones Unidas ha decretado el 4 de julio como el «Día Internacional de las Cooperativas» y para tal efecto nos ofrece  por medio de su sistema de información una breve reseña, la cual compartimos con ustedes.

 

Cooperemos e invitemos a todo el mundo a unirse a la lucha contra el cambio climático

No hay país que sea inmune a este problema. Los gases de efecto invernadero se han incrementado en un 50 % respecto a 1990. Además, el calentamiento global está provocando cambios permanentes en el sistema climático, cuyas consecuencias pueden ser irreversibles si no se toman medidas urgentes de inmediato. «Las cooperativas y la acción por el clima» es el tema elegido para este año, con el que se pretende tratar y apoyar el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 13 sobre la acción por el clima. El cambio climático afecta gravemente la vida de las personas en todo el mundo, especialmente los grupos más desfavorecidos, como los pequeños agricultores, las mujeres, los jóvenes, los pueblos indígenas o las minorías étnicas, que tienen que hacer frente a las catástrofes naturales extremas y a la degradación de los recursos naturales. Este año, nos centraremos en la contribución de las cooperativas en la lucha contra el cambio climático.

El Día Internacional de las Cooperativas es una celebración anual del movimiento cooperativo que se celebra cada primer sábado de julio desde 1923. El objetivo de esta celebración es aumentar la conciencia de las cooperativas. El evento subraya las contribuciones de las mismas para resolver los principales problemas abordados por las Naciones Unidas y para fortalecer y ampliar las alianzas entre el movimiento cooperativo internacional y otros actores.

Únete a nosotros. Comparte. ¡Difunde el mensaje! #Coops4ClimateAction

¿Sabías que…?
Más del 12 % de las población mundial es cooperativista de alguna de las 3 millones de cooperativas del planeta
Las 300 cooperativas y mutuales más grandes generan un volumen de negocio de casi 2 035 billones de dólares.
Las cooperativas emplean a 280 millones de personas en todo el mundo (10% de la población activa mundial).

Antecedentes

El movimiento cooperativo

Las cooperativas son reconocidas como asociaciones y empresas a través de las cuales los ciudadanos pueden mejorar sus vidas de manera efectiva mientras contribuyen al avance económico, social, cultural y político de su comunidad y país. El movimiento cooperativo también ha sido reconocido como un actor principal en los asuntos nacionales e internacionales.

El modelo de afiliación abierta de las cooperativas permite el acceso a la creación de riqueza y la eliminación de la pobreza. Esto resulta del principio cooperativo de la participación económica de los miembros: «Los miembros contribuyen equitativamente y controlan democráticamente el capital de su cooperativa». Debido a que las cooperativas están centradas en las personas, no en el capital, no perpetúan ni aceleran la concentración de capital y distribuyen la riqueza de una manera más justa.

Las cooperativas también fomentan la igualdad externa. Como están basadas en la comunidad, están comprometidas con el desarrollo sostenible de sus comunidades, ambiental, social y económicamente. Este compromiso se puede ver en su apoyo a las actividades comunitarias, el suministro local de suministros para beneficiar a la economía local y en la toma de decisiones que considera el impacto en sus comunidades.

A pesar de su enfoque en la comunidad local, las cooperativas también aspiran a llevar los beneficios de su modelo económico y social a todas las personas en el mundo. La globalización debe regirse por un conjunto de valores como los del movimiento cooperativo; de lo contrario, la desigualdad y los excesos crearían sociedades insostenibles.

El movimiento cooperativista es muy democrático, localmente autónomo pero integrado internacionalmente y una forma de organización de asociaciones y empresas por la cual los ciudadanos cuentan con la autoayuda y su propia responsabilidad para alcanzar objetivos no solo económicos sino también sociales y ambientales, como la superación de la pobreza, la obtención de empleo productivo y el fomento de la integración social.

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