Anauim Valerín: El COVID-19 al borde de nuestras fronteras

Nosotros los costarricenses: ¿Estamos conscientes y el país preparado para un posible éxodo sanitario desde el norte hacía acá?

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Anauim Valerín PérezPeriodista.

Cuando se toca el tema de  los nicaraguenses en Costa Rica se activan de forma inmediata las voces que acusan de xenófobo a quien ose abordar el tema. Pero hago una salvedad: no todos los cibernautas son fanáticos intransigentes.

Pese a esas voces intransigentes y fanáticas siempre minoritarias me atrevo a tocar un tema que está haciendo obviado por los medios de comunicación y por el gobierno, salvo alguien que de forma esporádica y aislada se refiere a él.

Y no es otro el tema que el desorden e irresponsabilidad con que está tratando la pandemia del COVID 19 la dupla dictatorial del gobierno Ortega- Murillo, la cual ha desoído todas las recomendaciones de las autoridades regionales y mundiales de salud.

No les ha bastado con perseguir y reprimir de forma miserable y sanguinaria a su pueblo al mejor estilo de los sátrapas que antecedieron a éste cruel mandarinato, sino que han arruinado a ése país rico en recursos naturales, lo han empobrecido y lo han saqueado una y otra vez de una manera vergonzante.

Volviendo a la forma en que han tratado el COVID-19, se dice que le dieron con la puerta en las narices a los funcionarios de la Organización Panamericana de la Salud, cuando pretendió asesorar y recabar datos estadísticos.

Después de una larga y misteriosa ausencia de Ortega en la vida pública, dio la impresión que el vecino país estaba al garete y que no se tomaban decisiones, no aparecían autoridades gubernamentales tomándolas, informando a la población y formando parte de la comunidad internacional como un todo, para enfrentar una pandemia que no respeta fronteras.

Nadie y mucho menos los países subdesarrollados estaban preparados para hacer frente a la pandemia y toda la gama de efectos colaterales, sociales, económicos y productivos, entre otros. No estábamos ni estamos en capacidad económica para atender los grandes desembolsos que significa proteger a nuestra población y asegurarle los mínimos servicios de salud.

Volviendo a Nicaragua, no solo el gobierno de Ortega minimizó riesgos con medidas simples, sino que ignoró la pandemia poniendo en peligro a los habitantes de su país con la mayor simpleza. No cerró los centros educativos, no reguló jornadas laborales, distanciamiento social ni confinamiento. Todo lo contrario, promovió reuniones de corte político, concentrando población sin medida alguna, auspició carnavales y cuanto acto colectivo pudiera darse en territorio del país del norte.

La pregunta aquí es ¿Qué va a pasar cuando el COVID-19 se manifieste y haga picos cuyo impacto ni los países europeos han conseguido poner bajo control? ¿Hacia dónde se dirigirán las caravanas migratorias portadoras de la enfermedad en vista que su propio país no les puede salvar la vida?

Usted podrá sacar sus propias conclusiones pero mi preocupación es clara: el torrente migratorio se dirigirá hacía nuestras fronteras, incapaces de ser controladas por toda una vida. Fronteras que históricamente han estado abiertas para acoger a las víctimas de una u otra dictadura. Fronteras que han permitido el paso a quienes por razones de subsistencia ha buscado y encontrado trabajo.

Nosotros los costarricenses: ¿Estamos conscientes y el país preparado para un posible éxodo sanitario desde el norte hacía acá?

En este país las autoridades políticas dicen unas cosa pero la verdad es que hacen otra. Se ha dicho que la fuerza pública resguarda la frontera con Nicaragua con personal suficiente, con equipo y respaldo necesario. Pero la frontera con ese país es enorme, tiene más de 300 kilómetros de largo, zonas montañosas, ríos, posee numerosos puntos ciegos que usan los coyotes para ingresar nicaragüenses de forma ilegal. El gobierno y en especial la fuerza pública podrá controlar 50 o 100 migrantes, pero qué pasa si ya no son 100 sino 500, 800 0 3000 nicaragüenses lo que deseen ingresar al país, sea por las buenas o por las malas. ¿Tiene el país la capacidad suficiente para detener esa masa de migrantes que desean salvarse de la tríada COVID-19, Ortega y Murrillo?  La respuesta en realidad, es que nadie lo sabe.

 

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