Andrés Fernández

El edificio de la benemérita Biblioteca Nacional “Miguel Obregón Lizano” de Costa Rica, se construyó en un terreno vacío que fuera propiedad de la familia Sáenz Huete; ubicado sobre avenida 3, entre calles 15 y 17, en el distrito Carmen del Cantón Central de San José.

Construido en concreto armado, fue inaugurado el 15 de septiembre de 1971; proyecto de la administración Trejos Fernández (1966-1970), aunque finalizado sólo entonces. Diseño del arquitecto Jorge Borbón Zeller, el inmueble muestra la influencia de las obras tipo pabellón del gran arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe (1886-1969)​.

Jorge Borbón Zeller (1933-2018)

Nació en San José, donde realizó sus estudios primarios y secundarios, antes de partir a los Estados Unidos, donde realizó los universitarios. De vuelta en Costa Rica, en 1956, graduado como arquitecto por la Universidad de Cornell, Nueva York, se convirtió en el miembro más joven de la Asociación Costarricense de Arquitectos (ACA). A partir de entonces y hasta su deceso, tuvo una de las más destacadas carreras profesionales en su campo; lo que lo convirtió en un maestro de la arquitectura en nuestro país.

Así, para salvar la pendiente en sentido longitudinal este-oeste que le impone al terreno la Avenida de las Damas, el arquitecto dispuso un gran pedestal de enchapado irregular en una piedra volcánica oscura (piedra Sánchez) que le brinda una base sólida, física y visualmente, al desarrollo del resto del edificio.

Sobre ese plano elevado, se eleva a su vez un volumen acristalado de doble altura y con intención de transparencia, que alberga el área pública de la biblioteca. Esa caja de vidrio, apenas matizada por la panelería perforada de aluminio, es seguida por un doble volumen en voladizo perimetral y nuevamente de sólida apariencia pétrea, que le brinda ahora el cerramiento con paneles de concreto prefabricado.

Vistos desde el Parque Nacional, entonces, esos volúmenes superiores parecen flotar sobre el pedestal dicho. Esa sensación de liviandad volumétrica, así como la de majestad del edificio, la refuerza la amplia escalinata frontal de paladiana blanca que culmina en el acceso principal; enmarcado, a su vez, en un plano vertical de vidrio que parece retraerse respecto al voladizo.

Ahí, sobre las puertas de entrada, se ubica desde 1974 la obra plástica mural Soleil; un mosaico tipo veneciano del gran artista costarricense Juan Luis Rodríguez Sibaja. Culminando ese transparente retranqueo, y por encima de todo el conjunto edificado, hay una losa cóncava de concreto que simula flotar también; sutil homenaje –decía su autor– al maestro suizo Le Corbusier.

Una vez dentro, el primer nivel es todo de una planta libre apenas interrumpida por las columnas interiores y el volumen central; desde donde se atiende al público y se accede al sótano. Este, que ocupa unas dos terceras partes de la huella, alberga áreas de acopio, trabajo y hemeroteca; y en su remate oeste, el espacio que en el pasado fue la Galería Julián Marchena.

Del vestíbulo de doble altura, parte una escalera flotada en semicírculo, que conduce al mezanine donde están las áreas administrativas y la sala de conferencias. Luego, en el nivel superior, de planta libre de nuevo, se ubica el contenedor de la colección bibliográfica con que finaliza el programa funcional.

Completando el emplazamiento urbano, al este tenía la Biblioteca un jardín que ocupaba el resto del terreno; al tiempo que abrigaba una de las más agradables plazuelas que tuviera San José. Esta continuaba el Parque Nacional hacia el norte en cuanto a lo verde o blando; mientras que, en términos duros o construidos, complementaba con su diseño arquitectónico el de la Biblioteca.

Un conjunto urbano, en fin, de lo más logrado en su moderno diseño de estética internacional; primera pieza de un Centro Cívico que, deseado por varios gobiernos, tuvo en la administración Oduber Quirós (1974-1978) su mayor impulso, aunque lamentablemente, nunca se concretó.

Luego, el ciclo sísmico de los años noventa dañaron el edificio, que hubo de ser reestructurado. La plazuela por su parte desapareció, desplazada por un inmueble anodino, tan masivo como carente de cualquier sensibilidad urbana, de esos que surgen cada tanto en nuestra ciudad para agredir su paisaje.

No obstante, más de medio siglo después, el edificio de la Biblioteca Nacional que diseñara el maestro Borbón Zeller, sigue ahí como el ícono que es, sin duda, de la modernidad arquitectónica criolla en su mayor plenitud.

ILUSTRACIONES

El edificio de la Biblioteca Nacional en 1987, visto desde el suroeste hacia su fachada principal.
Fachada principal del edificio de la Biblioteca Nacional en 1987, vista desde el este.
Fachada posterior del edificio de la Biblioteca Nacional en 1987, vista desde el noreste.
Plazoleta de la Biblioteca Nacional, vista de norte a sur. A la derecha, costado noreste del edificio.   
Plazoleta de la Biblioteca Nacional en 1987. Al fondo, la fachada este del edificio.
Plazoleta de la Biblioteca Nacional en 1987. Al fondo, la fachada este del edificio.
Las fotografías del edificio se reproducen de Brenes Rosales, R. y Cortés Enríquez L.G. 1988.
Biblioteca Nacional. 100 años de historia 1888-1988. San José: Universidad Autónoma de Centroamérica, p. 22 y sin número de página; de las que no se consigna autoría.