Angela Huyue Zhang: Los reguladores tecnológicos de China golpean de nuevo

When Apple began asking iPhone users whether they wanted to opt out of data tracking, 84% said yes – dealing a major blow to platforms whose business models depend on the collection and sale of user data. This is an ominous sign for Chinese tech companies, which now face the prospect of much tougher data regulations.

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HONG KONG – ByteDance, la compañía matriz de la popular plataforma de redes sociales TikTok, tiene un arma no tan secreta. Sus potentes algoritmos pueden predecir con precisión las preferencias de los usuarios y recomendarles lo que de verdad desean ver, manteniéndolos así “pegados” a sus pantallas. Pero puede que pronto la deba envainar o, al menos, desafilarla.
Las compañías de plataformas de internet de China enfrentan una serie de nuevas normativas sobre datos que podrían limitar el uso de motores de recomendaciones. Para comenzar, la Ley de Protección de Información Personal, que entró en vigencia este mes, exige que todas las plataformas permitan que sus usuarios tengan la opción de excluirse de anuncios ni contenido personalizados.
Pero puede que China vaya mucho más allá en el futuro. Su entidad reguladora de internet, la Administración China del Ciberespacio (CAC), hace poco hizo público un borrador de nuevas prácticas que comprende una serie de restricciones a la recolección y el procesamiento de datos y su transferencia entre fronteras. Notablemente, las apps tendrían que obtener un consentimiento explícito de los usuarios antes de reunir o usar sus datos para hacer recomendaciones personalizadas. En otras palabras, las personas tendrían que consentir la personalización, en lugar de optar por la exclusión, como es la norma actual.
Esta política podría afectar mucho los modelos de negocios de plataformas en línea como Douyin (la versión de TikTok que se usa en China) y Taobao (una plataforma de compras en línea de la que Alibaba Group es propietario), con implicancias potencialmente de largo alcance para la innovación futura en el sector tecnológico chino. La razón es simple: si se les pregunta, muchos usuarios deciden que no merece la pena renunciar a su privacidad en aras de la personalización.
El hecho de preguntar marca toda la diferencia. Cuando Apple enterró la opción de rechazar las apps que hacen seguimiento en sus complicados ajustes de seguridad, solo un 25% de los usuarios se tomó el tiempo de encontrarla y optar por quedar fuera. Pero cuando la compañía comenzó a ofrecer a los usuarios de iPhone la posibilidad de rechazar el seguimiento, un 84% la aceptó.
La nueva política de exclusión optativa de Apple, introducida en abril en el iOS de sus iPhone, ha sido devastadora para firmas tecnológicas estadounidenses como Facebook, cuyos modelos de negocios se basan en la recolección de datos de sus usuarios y la venta de anuncios personalizados. Según una estimación, el cambio de política de Apple les costó a Facebook, Snap, Twitter y YouTube cerca de 10 mil millones en ingresos –o un 12% del total- en el segundo semestre de 2021. Los anunciantes en línea, que ahora deben pagar mucho más por llegar a potenciales clientes, están entrando en pánico.
Se trata de una señal ominosa para las tecnológicas chinas, no en menor medida porque el borrador de regulaciones de datos de la CAC va mucho más allá de la nueva regla de Apple. Mientras que esta exige que las apps obtengan el consentimiento del usuario antes de compartir sus datos con terceros, las nuevas medidas chinas les exigirían obtener el consentimiento informado del usuario, incluso antes de hacer uso de sus datos.
La propuesta de China de exigir el consentimiento del usuario también parece ser más estricta que la Normativa de Protección de Datos Generales (GDPR) de la Unión Europea, actualmente una de las leyes de privacidad más severas del mundo. Mientras la GDPR exige a las plataformas que obtengan el consentimiento del usuario antes de reunir y procesar sus datos, no exige un consentimiento específico para habilitar los servicios de recomendaciones.
Está por verse la manera en que reaccionarán las plataformas chinas a la normativa propuesta. Casi con toda seguridad intentarán influir sobre el gobierno para que la ponga en práctica. Si el gobierno se niega a escuchar, probablemente tratarán de eludir la regla mediante el rediseño de las funciones de sus apps, aunque eso tomará tiempo y planteará serios riesgos de cumplimiento.
Y, sin embargo, puede que, para la CAC, los problemas que enfrenten las compañías tecnológicas privadas no sean una gran fuente de inquietud. Si bien es imposible decir exactamente cuáles y en qué medida incidieron los factores de su análisis de coste-beneficio para la propuesta de exigencia del consentimiento informado, parece claro que no forma parte de su mandato el fomentar el crecimiento de los negocios ni la innovación tecnológica.
Entonces, ¿cuáles son los objetivos de la CAC? Para responder a esa pregunta debemos considerar la misión, cultura y estructura burocrática de la entidad. Dado que las decisiones administrativas chinas se ven determinadas por la dependencia de trayectoria, es necesario ver sus conductas pasadas, en particular su estatus como uno de los departamentos estatales más intervencionistas del país.
Operando bajo la Comisión Central de Asuntos del Ciberespacio, un grupo de liderazgo encabezado por el propio Presidente Xi Jinping, la CAC inicialmente estaba a cargo de garantizar la ciberseguridad y regular el contenido de internet. Sin embargo, desde 2013 se ha ampliado de manera significativa, absorbiendo otras entidades relacionadas con la ciberseguridad.
En julio, la CAC salió en los noticieros cuando sorprendió a la compañía de viajes compartidos Didi Chuxing con una inspección de ciberseguridad apenas dos días después de que la firma comenzara a cotizarse en la bolsa de Nueva York. Desde entonces, la CAC ha ordenado comprobaciones de ciberseguridad para cualquier tecnológica china con alto manejo de datos que tenga planes de ser parte de listados en el extranjero, con lo que en la práctica se ha erigido en un vigilante para las iniciativas de recaudar capital externo.
Puesto que los datos son la vida misma de una compañía de plataformas, la CAC tiene un importante espacio para ampliar su jurisdicción burocrática. Y, si el borrador es señal de algo, planea hacer precisamente eso, demoliendo los muros que rodean los “jardines amurallados” de las plataformas de internet, prohibiendo la discriminación de precios basada en algoritmos y arremetiendo contra otras prácticas injustas de determinación de precios.
No hay duda de que estas medidas se solaparán con el mandato del órgano antimonopolios chino, la Administración Estatal de Regulación de Mercados. Pero eso no importa: envalentonada por el impulso del gobierno de mantener a raya a las gigantes tecnológicas, la CAC tiene grandes ambiciones normativas. En los próximos años, sus esfuerzos por hacerlas realidad jugarán un papel importante en la determinación de la trayectoria de las empresas de plataformas –y la innovación tecnológica- en China.
Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

Copyright: Project Syndicate, 2021.
www.project-syndicate.org

 


Angela Huyue Zhang

Angela Huyue Zhang, a law professor, is Director of the Center for Chinese Law at the University of Hong Kong. She is the author of Chinese Antitrust Exceptionalism: How the Rise of China Challenges Global Regulation.

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