Ani Brenes.

En aquella hermosa noche, llena de luces, colores y sonidos, nadie podía esperar que algo se saliera de control. Ángeles bien ensayados, Reyes Magos con la dirección correcta, pastores con sus ovejas en fila y bien ordenadas, a la expectativa del suceso y desde luego, un Niñito Jesús bien calientito entre la mula y el buey, acompañado de María y José, sus orgullosos padres.

Mas de pronto, la brillante estrella que alumbraba la escena con su luz mágica y potente, comenzó a moverse de un lado a otro; algo fuera de lo normal sucedía, eso no estaba en el libreto.

A lo lejos, alguien estaba en problemas y ella no lo podía permitir, mucho menos en medio de tanta alegría y festividad.

Subiendo y bajando su intensidad, la estrella pudo observar a un niño pequeño, que cargaba una tristeza más grande que una casa y a lo mejor ella, a pesar de sus grandes obligaciones, podría marcar la diferencia. En un abrir y cerrar de luz, se desplazó hasta el lugar, decidida a solucionar el asunto.

Un silencio colectivo fue seguido por preguntas y exclamaciones de los protagonistas de aquella noche ante el inexplicable suceso. ¿Dónde estaba la estrella? ¿Por qué se había oscurecido el lugar? La escena parecía haberse congelado. ¿Las nubes? ¿El viento? Cada uno de los presentes daba su propia versión de los hechos.

-¿Por qué lloras?- preguntó la estrella a un pequeño pastor que muy angustiado se escondía tras la arboleda. –Desde allá arriba pude sentir tu gran tristeza y no podía dejarlo pasar. Es una noche feliz y de celebración.

– Se me perdió una oveja. Mi papá me puso a cargo de tres de ellas para que las cuidara y yo hice mi primer viaje solito desde las montañas hasta acá. Y entre tantas cosas bonitas me distraje un momento y no la logro encontrar. – respondió el niño entre lágrimas y explicaciones.

-No te preocupes que yo te ayudo. Con mi luz será más fácil encontrarla, no creo que haya ido muy lejos.

La estrella se fue moviendo despacio, seguida por el pequeño, alumbrando cada rincón del lugar.

-¡Aquí está! ¡La encontré!! gritó el pastorcito -Cerquita de la cueva, bien dormida y enrollada como una bola de algodón. Se asustó con tu reflejo, pero al verme, hasta parece que sonríe.  Muchas gracias, en esta oscuridad no lo habría logrado sin tu ayuda. ¡Y de tremendo castigo me acabo de escapar!

-Estoy muy contenta de haberte sido útil. Y ahora, te toca estar muy atento a tus responsabilidades. -aconsejó la Estrella. -Camina con tus ovejitas y sé parte con nosotros de esta gran celebración. Yo vuelvo a mi lugar, feliz de haber podido ayudarte a recuperar tu oveja y tu alegría.

Y dejando a su paso una estela de luz como nunca se había visto, la estrella regresó a su sitio y exclamó:

Ahora sí, que comience la fiesta porque ¡todos estamos completos!

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Por Ani Brenes

Ani Brenes. Maestra pensionada, madre, abuela y escritora alajuelense de cuentos, poesías y canciones para niños de todos los tamaños y colores. Con más de 40 libros a su haber, sigue escribiendo y publicando textos infantiles, así como poesía y relatos para adultos. Ganadora del Premio Carmen Lyra de la Editorial Costa Rica en 1997.