Antonio Álvarez Desanti.

Las Universidades “deben ser libres exterior e interiormente, respetadas y comprendidas, apoyadas y estimuladas, y deben saber ganarse el derecho a todo estoRodrigo Facio Brenes

 Cuando se estudia a los pueblos que lograron desarrollarse encontramos diferentes razones que les permitieron dar el salto al desarrollo, entre ellas: coyunturas propicias, condiciones productivas, características de los líderes, ubicación geográfica, en fin, se trata de una cantidad diversa de variables, pero hay solo una que es común a todos los casos de éxito: la inversión en educación.

Esto es así porque la educación es el instrumento por excelencia que puede cortar la transmisión intergeneracional de la pobreza, entre padres e hijos, lográndose construir el círculo virtuoso que permite la superación y el ascenso social.

Por esa razón el país dio el paso para destinar el 8% del Producto Interno Bruto a la educación, como legislador participé en la reforma de 1997 que culminó en la ley 7676, y como ciudadano aplaudí la reforma del 2011, que finalmente consolidó este paso histórico. No podía ser de otra forma para un país que abolió el ejército y cambio los cuarteles por centros educativos y para una nación que siempre ha tenido la educación en su ADN.

En lo referente a la educación superior pública, como presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Costa Rica (FEUCR), y con anterioridad como miembro del Consejo Universitario, me correspondió participar en la reforma del artículo 85 de la Constitución Política que se logró con la ley 6580, que es el que rige en la actualidad y define como el estado debe contribuir con las instituciones universitarias.

Como lo hice en el pasado, lo sigo creyendo en la actualidad, es fundamental la inversión pública en educación, por eso rechazo las acciones de la actual Administración  que debilitan esa inversión, y rechazo la narrativa del presidente Chaves que culpabiliza a estudiantes, docentes universitarios y funcionarios administrativos de las Universidades Públicas. Invertir en educación superior es clave para avanzar en investigación y desarrollo, dinamizar la economía, profundizar la democracia y cultivar una cultura humanista y solidaria.

La vía para fortalecer la educación pública en general, y la educación superior pública en particular, no es recortar recursos, como lo pretendió el actual gobierno al proponer disminuir ¢3.200 millones para trasladarlos a seguridad pública, debilitar el programa Avancemos, el no giro de dineros a las Juntas de Educación, el disminuir los programas de nutrición infantil en centros educativos y la eliminación del programa de la Fundación Omar Dengo. Con estas acciones el gobierno da un golpe injustificado y arbitrario al aporte de la educación al desarrollo del país.

Si de algo debe preocuparse el gobierno es de maximizar las ventajas y aportes de las Universidades y de sus centros de investigación, extensión, producción y docencia, y situarlos en un lugar relevante de la estrategia nacional para la reactivación y crecimiento de la economía con inclusión social. De lo que se trata es de aprovechar el conocimiento acumulado en las universidades para ponerlo en sintonía con el desarrollo nacional. Pero nada de esto es posible para el gobierno actual porque carece de estrategia y no tiene un horizonte que vaya más allá del día a día.

El país necesita con urgencia un sólido subsistema de ciencia y tecnología, y un sólido subsistema de educación superior pública, enlazados a la matriz empresarial y emprendedora, al mundo del trabajo y de la cultura, como ejes irrenunciables del progreso nacional. Pero de esto y de las decisiones que conviene tomar para llevarlo a la práctica, no es posible conversar con un Poder Ejecutivo sin rumbo y con visión de cortísimo plazo.

Un gobierno nacional con una meta de desarrollo clara estaría dialogando con las universidades, no enfrentándolas. Dialogando entre otros sobre: graduación de profesionales para áreas claves del crecimiento económico con inclusión social, promoción de graduaciones en carreras STEM (ciencias, tecnología, ingenierías y matemáticas) que son áreas con opciones importantes de desarrollo y de demanda de una fuerza laboral bien preparada, para aumentar la producción y la productividad nacional; fortalecer las áreas formativas relacionados con análisis social y político y con creación cultural. En este punto, por ejemplo, es sabido que los ámbitos culturales dan un aporte significativo al Producto Interno Bruto y a la generación de empleo. En el año 2019, por ejemplo, las actividades culturales generaron un 2,1% del PIB y dieron empleo a casi 50.000 personas. Sin duda: invertir en educación e invertir en industrias culturales es clave para el desarrollo.

El gobierno debe tomar el camino que permita cumplir con el mandato constitucional de asignar el 8% del PIB a la educación, en vez de lanzar criticas y exabruptos contra las universidades. Es imperativo avanzar hacia un gran pacto social para fortalecer y desarrollar la educación superior pública, y la educación en general, al mismo tiempo que las universidades y las instituciones educativas deben esforzarse por mejorar la eficiencia y excelencia en la gestión de sus recursos económicos, controlar costos y maximizar ingresos.

En esta coyuntura es importante reafirmar la necesidad y urgencia de que el país cuente con una Ruta Estratégica en Educación. Esa ruta es un imperativo nacional, y si la actual Ministra de Educación no es capaz de generarla y comunicarla con claridad, se deben tomar las decisiones pertinentes para que lo haga, incluyendo, si es necesario, su renuncia, tal como lo propuso la diputada Kattia Rivera.

La educación es la llave que abre la puerta de las oportunidades, no la desaprovechemos.

 

Antonio Alvarez Desanti.

Por Antonio Alvarez Desanti.

Político, abogado y empresario costarricense, que ha fungido dos veces como presidente del Congreso. Se postuló además como candidato presidencial de Liberación Nacional para las elecciones nacionales de 2018.