Antonio de la Cruz: El shock de la demanda petrolera

Los factores que han contribuido a la gran caída de la demanda petrolera –en momentos históricos– han sido: la recesión económica por el confinamiento de la población, junto con la decisión de Vladimir Putin y Andrés Manuel López Obrador de bloquear los acuerdos para recortar la oferta oportunamente

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Antonio de la Cruz.  Director Ejecutivo de Inter American Trends

La estrategia global de confinar a la población para salvar vidas, administrando los escasos recursos hospitalarios por el impacto del covid-19, afectó la movilización de la población en el mundo. Por lo que se estima una caída interanual de la demanda de combustible en el transporte terrestre de 9,9% y aéreo 31%, provocando un shock en la demanda petrolera mundial.

El primer país que adoptó el confinamiento fue China, disminuyendo la importación de crudo en el primer trimestre de 2020. De esta manera, el gigante asiático –primer importador mundial– reducía la importación en 2,5 millones de barriles por día en febrero. Después seguirían la gran mayoría de los países europeos, Estados Unidos y Canadá. La demanda global de 102,05 millones de b/d en diciembre de 2019 cayó 12,67 millones de b/d a finales de marzo de 2020, para ubicarse en 89,38 millones de b/d. Mientras tanto, los países productores de petróleo mantuvieron una sobreoferta de 3,03 millones de b/d en enero; 4,39 millones de b/d en febrero y 9,63 millones de b/d en marzo, según los datos de la Agencia de Información de Energía de Estados Unidos.

Por lo tanto, para equilibrar el mercado mundial en abril entre la oferta y la demanda se debía recortar la producción de líquidos en 29,72 millones b/d.

Además del shock de demanda causado por el confinamiento, a principios de marzo, la guerra de precios surgida entre el príncipe heredero Mohamed bin Salman de Arabia Saudita y Vladimir Putin de Rusia en la reunión de los 23 países productores (OPEP+) contribuyó a incrementar la sobreoferta de crudo en 9,631 millones de b/d en marzo.

El fracaso del recorte de la producción de 1,5 millones de b/d hasta finales de 2020 propuesto por Arabia Saudita ayudó a mantener la caída de los precios de petróleo, derrumbándose en más de 10% en la jornada del día siguiente de la frustrada reunión. El WTI de referencia en Estados Unidos alcanzó 41,24 dólares el barril, el más bajo precio desde junio de 2017.

El 30 de marzo, el marcador estadounidense se cotizaba a 14 dólares el barril, avanzando a niveles de 1999.

La “guerra” entre Bin Salman y Putin dejaba secuelas en el mercado petrolero. La jugada del ruso le genera un déficit de 26.600 millones de dólares en el presupuesto nacional 2020, que estima cubrir con el Fondo de Bienestar Nacional (165.384 millones de dólares). Además, le abrió otro frente: el cierre de pozos por el costo de producción, impactando en todos los productores de petróleo. En ese momento, los 500.000 barriles que no quiso recortar el pasado 6 de marzo iban a ser “peanuts”.

El 1º de abril, Donald Trump, ante el impacto del bajo precio en el mercado petrolero estadounidense, intercedió en el impasse entre los gobernantes de Rusia y Arabia Saudita para que pusieran fin a la disputa, revirtiendo la tendencia a la baja. La expectativa del mercado del recorte de la oferta entre 10 y 15 millones de b/d haría que saltara el precio del WTI hasta 25,18 dólares, constituyendo el aumento más alto de su historia en un solo día, 24,61%.

Sin embargo, la realidad fue otra. La OPEP+ buscaba un acuerdo histórico para recortar la oferta en «9,7 millones de b/d de petróleo» en mayo, y junio, equivalente a la sobreoferta de marzo. En esta ocasión Rusia y Arabia Saudita reducirían su producción en 2,5 millones de b/d. Y México debía hacerlo en 400.000 b/d, pero se negó y ocasionó la caída del acuerdo. El presidente López Obrador cometía el mismo error de Putin un mes antes. Bloqueaba el “acuerdo histórico” para recortar la producción de petróleo. Por lo que los productores seguían bombeando sin freno. En consecuencia, la sobreoferta la colocaban en todos los espacios de almacenamiento: patios de tanques, tuberías, tanqueros, ocupando 76% de la capacidad total a nivel mundial en marzo.

En abril, la sobreoferta alcanzaba 29,73 millones de b/d, equivalente a 30% de los líquidos a nivel mundial. El “acuerdo histórico” apenas servía para aliviar el almacenamiento, evitando que los precios cayeran al abismo, pero no restauraba el equilibrio de mercado.

Fue cuando el comportamiento del “commodity” se encontró con el instrumento financiero del fondo de inversión cotizado (ETF) del WTI. Los tenedores de los contratos a futuro de mayo se vieron obligados a venderlos porque no podían cumplir con la especificación de la hora y lugar de entrega en Cushing, Oklahoma. No había capacidad para recibir el petróleo. Los tenedores de los ETF decidieron vender, pagando un precio al comprador. Por lo que los contratos a futuro para el petróleo WTI de mayo cerraron en -37.63 dólares el 20 de abril. Registraban su menor nivel histórico.

El tipo de salida de la contracción económica determinará la demanda de petróleo. El escenario optimista asume una forma tipo V, de rebote. El más probable será tipo U suave hasta que no se tenga una vacuna o tratamiento contra el covid-19. Es cuando se restablecerá de nuevo la demanda de gasolina, diésel y Jet A1 a los niveles precoronavirus.

En este escenario, la demanda se equilibra en el tercer trimestre de 2021 –no toma en cuenta una guerra entre Estados Unidos e Irán que reduciría la oferta de petróleo del Medio Oriente equilibrando la demanda mundial.

En conclusión, los factores que han contribuido a la gran caída de la demanda petrolera –en momentos históricos– han sido: la recesión económica por el confinamiento de la población, junto con la decisión de Vladimir Putin y Andrés Manuel López Obrador de bloquear los acuerdos para recortar la oferta oportunamente.

El shock de la demanda petrolera.

 

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