Antonio de la Cruz.  Director Ejecutivo de Inter American Trends

“Maldito el soldado que apunta su arma contra su pueblo”.

Simón Bolívar

A medida que avanzamos en el ciclo electoral definido por el madurismo -inscripción de candidatos esta semana-, Venezuela se encuentra en un momento crítico, evidenciado por las severas dificultades experimentadas al inicio de este año. Los primeros meses han sido especialmente duros para la mayoría de la población, enfrentando una realidad marcada por ingresos insuficientes y servicios públicos deficientes que afectan la calidad de vida. De acuerdo con el más reciente informe Encovi-UCAB 2023, 89% de los hogares venezolanos sufre de inseguridad alimentaria y la mitad de estos no logra generar los recursos necesarios para satisfacer las necesidades básicas de alimentación, situándose en una condición de pobreza extrema.

La determinación del régimen de Nicolás Maduro de programar la elección presidencial para finales de julio representa la imposición de un calendario que prácticamente excluye a los nuevos electores y a los venezolanos residenciados en el extranjero; y dificulta enormemente la realización de misiones de observación electoral exhaustivas. Además, la elección de fechas significativas para el anuncio de la elección, alineadas con el aniversario del fallecimiento y el natalicio de Hugo Chávez, ha sido vista por muchos como una explotación indebida de la imagen del “comandante eterno”. Esta maniobra busca capitalizar el legado político de Chávez para favorecer a Maduro, recurriendo al último símbolo de conexión popular disponible tras el fracaso de estrategias nacionalistas, como la consulta sobre el territorio Esequibo.

La elección presidencial de 2024 trasciende la mera formalidad electoral para convertirse en un hito político crucial; es percibida como una de las últimas -si no la definitiva- oportunidades para impulsar transformaciones profundas en Venezuela. Frente a un rechazo masivo y persistente al socialismo, la sociedad venezolana expresa una oposición firme a una ideología asociada al gran saqueo del país de las últimas dos décadas, que, por estimaciones conservadoras, supera los 500.000 millones de dólares. Este sentimiento refleja la determinación de un pueblo que se identifica de manera enfática como antimadurista y antisocialista.

En este panorama, la figura de María Corina Machado emerge con una fuerza y credibilidad abrumadoras, superando ampliamente la de cualquier otro político en el espectro nacional y ni hablar del candidato del PSUV. Según la reciente encuesta de Meganálisis, la líder de Vente Venezuela registra una intención de voto de 69,1%, mientras que Maduro apenas llega a 7,4%. Su liderazgo es indiscutible. Este apoyo masivo a María Corina y el rechazo categórico a la idea de un posible candidato sustituto refleja la esperanza de un pueblo en un liderazgo genuino y representativo, capaz de encarnar las aspiraciones de cambio y progreso.

Los venezolanos, especialmente aquellos opuestos al actual régimen, buscan en un potencial candidato alternativo cualidades claras y sólidas: confianza, honestidad, una oposición decidida al socialismo y una actitud firme contra cualquier tipo de fraude electoral. Más allá de describir las características de un posible reemplazo de María Corina, la población evidencia con su apoyo a esta líder la frustración y decepción que les han causado los dirigentes de la Plataforma Unitaria y antes la Mesa de la Unidad Democrática.

La posibilidad de un éxodo sin precedentes, motivado por la usurpación de Maduro en Miraflores, subraya la urgencia y la gravedad de “postergar por las malas una transición ordenada”. 37,7% de la población, lo que se traduce en aproximadamente 7,5 millones de personas -una cifra que aumentaría el éxodo venezolano a 15 millones- considera abandonar el país como una opción factible. Un testimonio elocuente de la desesperanza que permea a muchos sectores de la sociedad esperanzados de vivir en paz y armonía.

En resumen, la elección presidencial de 2024 es mucho más que un acto electoral; es un proceso político para redirigir el curso de la nación hacia un futuro de prosperidad, democracia y respeto por los derechos fundamentales. La voz del pueblo venezolano clama por un cambio significativo, un llamado que Maduro, la Plataforma Unitaria y la comunidad internacional no deben ignorar. Este es el momento para que Venezuela se reencuentre con la promesa de un futuro mejor, guiada por dirigentes que encarnen las verdaderas aspiraciones de su gente.

La lucha de María Corina Machado y de millones de venezolanos es un recordatorio poderoso de que, incluso frente a las adversidades más desafiantes, la revolución de la esperanza por un futuro mejor y la determinación de alcanzar la libertad son fuerzas subterráneas que amalgaman la lucha contra el madurismo. A medida que Venezuela se encuentra en esta encrucijada, la comunidad internacional debe permanecer firme en su apoyo a la democracia y los derechos humanos, asegurando que la voz del pueblo sea escuchada y respetada.

La historia está a punto de escribirse y el pueblo venezolano tiene la pluma en su mano. Sin embargo, Maduro hace todo para que no lo haga, arreciando con la violencia, la mentira y el miedo. Ha decidido cerrar la vía electoral, buscando quedarse en Miraflores. La peor decisión para todos, pues no evitará el cambio que anhela el país, metiendo a la nación en un conflicto social.

En contraste, el potencial cambio de régimen con María Corina promete no solo revitalizar la economía sino también unir al pueblo en un camino hacia la recuperación y la prosperidad de Venezuela.

La comunidad global desempeña un papel vital en este proceso, respaldando la democracia y los derechos humanos, y garantizando el reconocimiento y respeto de la voz de los 2,5 millones de venezolanos expresada el 22 de octubre de 2023. En este momento decisivo para Venezuela, es crucial la colaboración de todos los actores, locales e internacionales, para la restauración de la estabilidad y el progreso del país. Frente a las adversidades más desafiantes, el cambio hacia un futuro mejor es no solo posible sino esencial.

Es inevitable, el cambio anhelado por el pueblo mediante la revolución de la esperanza.

Por Antonio de la Cruz

Antonio de la Cruz. Es Director Ejecutivo de Inter American Trends @iatrends. Escribe para periódicos en los EEUU y comenta para CNN y otros medios noticiosos.