Antonio de la Cruz.  Director Ejecutivo de Inter American Trends

“No dejaré mi país, ni me rendiré. Solo a través de las dificultades, el sacrificio y la acción militante se puede conquistar la libertad. La lucha es mi vida. Seguiré luchando por la libertad hasta el fin de mis días”. Nelson Mandela

En la sombra del Palacio de Miraflores, la noticia de que el embajador Edmundo González Urrutia sería el candidato presidencial de la Plataforma Unitaria Democrática (PUD) causa un revuelo inesperado. Nicolás Maduro & Co. no anticipaban esta jugada. El seleccionado de manera unánime, un diplomático de carrera con un perfil magnánimo y una reputación intachable, es precisamente el tipo de opositor que logra la unidad perfecta de las fuerzas democráticas y, con el apoyo de María Corina Machado, da esperanzas a una nación cansada de Maduro.

En respuesta, el Consejo Nacional Electoral de Venezuela, manejado por aliados del madurismo, anuncia una extensión de 72 horas para la sustitución de candidatos. Oficialmente, esta medida se toma para dar cabida a la solicitud hecha por el régimen para desestabilizar el apoyo de los partidos de oposición hacia el embajador González Urrutia.

En las calles del país, la noticia de la prórroga se recibe con una mezcla de escepticismo y esperanza. Los seguidores del embajador la ven como una confirmación de su temor: la Banda de los Cinco (Diosdado Cabello, Cilia Flores, Vladimir Padrino López, Nicolás Maduro y Jorge Rodríguez) hará lo que esté a su alcance para mantenerse en el poder.

Mientras tanto, en un modesto edificio que sirve de sede para la reunión de la PUD, la decisión de respaldar a González Urrutia revitaliza a las fuerzas democráticas. La inhabilitación de María Corina Machado y la imposibilidad de inscribir a la doctora Corina Yoris han sido un duro golpe, pero la unión perfecta en torno a González Urrutia promete un nuevo capítulo. Sin embargo, el partido Un Nuevo Tiempo de Manuel Rosales enfrenta obstáculos burocráticos en cada intento de consolidar su apoyo a González Urrutia, un claro indicio de que el órgano electoral no va a facilitar las cosas.

Por otro lado, el CNE publicó la lista de miembros de mesa hace un mes, supuestamente seleccionados al azar, libres de afiliaciones políticas. Sin embargo, la manipulación de las inscripciones de los 12 candidatos originales, apodados “alacranes” —les habilitan las tarjetas de los partidos para su inscripción— hace suponer que muchos de los nombrados en los centros de votación priorizados por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) son simpatizantes de la “revolución”. Esto permitirá a la Banda de los Cinco voltear los resultados el día de la elección, convirtiendo el proceso electoral en mera fachada.

En un ambiente cargado de desconfianza y juegos bajo la mesa, Luis Ratti, un político al servicio del régimen, catalogado como un “alacrán”, se prestó para una acción que podría alterar profundamente el curso político de Venezuela. Ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) presentó, hace un mes, un recurso legal que busca anular la tarjeta de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), el partido que postula a Edmundo González Urrutia. La base de su reclamo es la supuesta “doble militancia”, una artimaña legal que cuestiona la legitimidad y transparencia del partido ante el electorado.

Esta maniobra de Ratti no es trivial; facilita estratégicamente al régimen de Nicolás Maduro una arriesgada jugada política para descartar la candidatura de González Urrutia, bloqueando así la participación de la tarjeta de la MUD en la próxima elección presidencial, en caso de que el TSJ acceda a retirarla del proceso. Su acción no solo desafía la legitimidad de la Plataforma Unitaria reconocida internacionalmente como la voz de la oposición, sino que también agita las ya turbulentas aguas de la política venezolana, añadiendo una capa adicional de ilegitimidad a una elección presidencial ya envuelta en controversia.

A 94 días de las elecciones, 3 escenarios se dibujan claramente. Cada uno ofrece una situación distinta, marcada por maniobras y estrategias que podrían cambiar el destino de la nación.

El primer escenario es uno de transición, que contempla la posibilidad de que el candidato de la MUD participe en las elecciones del 28 de julio. Todo giraría en torno a una negociación colaborativa, buscando incentivos que beneficien a todas las partes implicadas. Países como Colombia, Estados Unidos, Brasil y Francia desempeñarían roles cruciales como facilitadores en este proceso, intentando guiar a Venezuela hacia una etapa de cambio político democrático.

En contraste, el segundo escenario plantea un sombrío panorama de fraude electoral. En este caso, González Urrutia también se presentaría a las elecciones, pero el día del sufragio, la manipulación y el control de los resultados estarían en manos del CNE. La clave de este escenario radicaría en los miembros de mesa seleccionados estratégicamente en centros electorales priorizados por el régimen, todos inclinados a favorecer la candidatura de Maduro, bajo la sombra operativa del Plan República coordinado por la Fuerzas Armadas Nacionales.

El tercer y último escenario es uno de atrincheramiento. Aquí, la nulidad de la tarjeta de la MUD impide que su candidato continúe en la elección presidencial. En este escenario, solo los candidatos escogidos por el régimen de Maduro participarían en los comicios. La llave de esta situación estaría en el recurso legal solicitado para invalidar la tarjeta de la MUD, con el TSJ y el CNE actuando como facilitadores. Una maniobra que cierra el juego político a cualquier voz disidente del régimen.

Cada uno de estos escenarios revela las complejidades y las tensiones subyacentes en el proceso electoral venezolano, donde la política y el poder están inexorablemente entrelazados, definiendo no solo el presente, sino también el futuro de la nación.

Mientras Venezuela se balancea en el filo de la incertidumbre, la determinación de María Corina junto a la PUD y la vigilancia de la comunidad internacional serán cruciales. Sin embargo, la sombra del fraude y la manipulación electoral por parte de la Banda de los Cinco planea ominosamente, amenazando con acabar una gran oportunidad para salir de la crisis de forma ordenada y pacífica.

González Urrutia, María Corina, los miembros de la Plataforma Unitaria y el pueblo que quieren un cambio seguirán en la lucha no solo en las urnas, sino en cada calle y cada lugar del país. Los comanditos y los 600K, bajo el paraguas de la Gran Alianza Nacional, y el contacto directo con el pueblo serán claves para ganar el ajedrez electoral venezolano.

Antonio de la Cruz

Por Antonio de la Cruz

Antonio de la Cruz. Es Director Ejecutivo de Inter American Trends @iatrends. Escribe para periódicos en los EEUU y comenta para CNN y otros medios noticiosos.