Apertura y dolarización: ¿pecados capitales?

Con una apertura total cambiaríamos totalmente nuestro modelo económico, lo haríamos eficiente y productivo y, además, nos convertimos en una muy atractiva zona libre que eventualmente tendría hasta que importar "cerebros".

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Dennis Meléndez Howell, Economista (Ph. D.).

En algunos de los chats he visto reiteradamente que, cuando se habla de reducir (yo díría que lo verdaderamente saludable para la economía sería eliminar de raíz) los impuestos a las importaciones, de manera unilateral y general (con contadísimas excepciones no por razones fiscales) salen los defensores del autarquismo proclamando las viejas consignas proteccionistas (que solo benefician a unos cuantos y no precisamente pobres) y rasgándose las vestiduras por el desempleo que se crearía, el empobrecimiento de los “campesinos” y la quiebra generalizada de las empresas.

La experiencia internacional demuestra todo lo contrario. La competencia internacional es el mejor instrumento antimonopolista que existe. Es el mejor instrumento para elevar la productividad del país y aumentar el empleo y el ingreso de la población.

Cuando los agoreros hablan de que, si se quitan impedimentos absurdos a las importaciones (como los aranceles, tarifas y restricciones antojadizas y odiosas como la de los aguacates mexicanos) vamos a caer en la ruina, valdría la pena recordarles que, por ejemplo, Colombia es el doble del tamaño de todo Centroamérica y casi la misma población. A ningún colombiano se le ha ocurrido nunca que hay que poner aduanas y cobrar impuestos de importación a los bienes de cada región. Y no vemos el empobrecimiento de Boyacá o Antioquia, por culpa de no tener aranceles que protejan a los productores locales de los productores de otras regiones.

Y lo mismo pasa en todos los países. A nadie se le ocurre que, en un país tan grande como los Estados Unidos, hay que poner barreras entre New York, Illinois, California o Alabama, como manera de “ayudar a los productores locales”.

Nos hemos creado esperpentos mentales de los cuales nos resistimos a salir. Claro, los grupos interesados se encargan siempre de estarlos recordando para que, en su ingenuidad la gente común no solo los crea sino que salgan a defenderlos.

Con una apertura total cambiaríamos totalmente nuestro modelo económico, lo haríamos eficiente y productivo y, además, nos convertimos en una muy atractiva zona libre que eventualmente tendría hasta que importar “cerebros”.

Y de paso, si dolarizamos, nos olvidamos de reservas internacionales, endeudamiento público para mantener estable el tipo de cambio y facilitar el comercio, el turismo y eliminar las improductivas actividades cambiarias.

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