Arabella Salaverry: A propósito de un comentario sobre el señor Chaves

Las mujeres, al igual que todos los seres humanos, que todos los seres vivos, merecemos ser tratadas con respeto. Y perdón por la reiteración del término, solo por si no quedó claro: respeto

0

Arabella Salaverry, Escritora, actriz y gestora cultural.

Se están mezclando las cosas. Hagamos análisis de la contingencia política. En buena hora. Necesario, imprescindible en estos tiempos tan ayunos de reflexión. El hecho de que en ese análisis se identifique como actuante a un medio que se adversa, no puede llevarnos a la pérdida de objetividad. Que no nos lleve a justificar y devaluar lo que no tiene justificación. El acoso lesiona. Tan simple como eso.

El acoso es una forma malévola de abuso. No hay gradación. Y la persona acosada se sentirá mal consigo misma por el resto. ¿Qué debí haber hecho para detenerlo? ¿Acaso no fui lo suficiente clara? ¿Y si denuncio? Pero es mi jefe. ¿A quién creerán? Y mis compañeros ¿Me culparán a mí? Mi familia. Ya me decían que no era bueno trabajar fuera de casa… Puedo imaginar mil inquietudes rondando alrededor de la víctima. Porque sí, las situaciones y quienes las protagonizan  deben ser mencionadas por su nombre: una persona acosada es una víctima. Y un acosador un victimario. Y ese tipo de relación se llama abuso.

Me gustaría que se hiciera el ejercicio, desde las altas cumbres del patriarcado, de ponerse en los zapatos de una joven profesional que debe esquivar, día a día, los intentos de besos del jefe, las invitaciones indebidas, el temor a quedarse a solas con el individuo, los autocuestionamientos: ¿por qué yo? ¿por qué a mí? qué hago incorrecto? ¿Qué tengo en mí que no merezco algo de consideración? Las mismas preguntas que surgen a partir de cualquier tipo de abuso. Y esto por años… Un personaje que desde su posición de poder es capaz de actuar así, no merece ningún respeto. Ya las épocas del patrón dueño de almas, cuerpos  y haciendas se supone que han sido superadas. Aunque pareciera que para algunos no del todo.

Las mujeres hemos recorrido un largo camino para llegar al punto en el que estamos. Ya muchas hemos logrado romper el cerco del silencio. Aunque aún se nos señala cuando hablamos, aún algunas de nuestras congéneres hacen alianzas y defienden lo indefendible, aún algunos dizque intelectuales hacen mofa de las puestas en limpio sobre el tema, banalizándolo y poniéndolo en el renglón de la “chota”, tan común en nuestro medio.

Y lo que suene a empatía se diluye, no existe. Desde el reino del patriarcado, tan arraigado y tan difícil de abolir, las conductas de abuso entran dentro de “lo normal”. Son “halagos”. Y las que nos referimos al tema, cuestionándolo, resentidas que odiamos a los hombres. Y se pierde de vista, se ignora que esos comportamientos diseñados desde las masculinidades tóxicas, para quienes hemos sufrido acoso, nos marcan con fuego para toda la vida. No se puede, no se debe ningunear forma alguna de abuso.

Las mujeres, al igual que todos los seres humanos, que todos los seres vivos, merecemos ser tratadas con respeto. Y perdón por la reiteración del término, solo por si no quedó claro: respeto.

 

 

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...
La Revista es un medio de opinión libre y gratuito, pero necesitamos su apoyo, para poder continuar siéndolo Apóyanos aquí
Holler Box