Arabella Salaverry: Erótica – Antología de poesía amatoria (II)

Desde la piel

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Arabella Salaverry, Escritora, actriz y gestora cultural.

Erótica
Antología de poesía amatoria

Desde la piel

Sobre la piel desnuda

Sobre la piel desnuda escribo.
Sobre la ardiente extensión
que me recubre
y me acompaña dulcemente
por el tránsito largo de los años.
Sobre el poro
el pliegue
el perfil de las heridas.
Sobre los tajos
los rebordes
la filigrana de las cicatrices.
Sobre este desplome de silencio
con el que a veces responde
a las caricias.
O el alarido
con el que en otras invoca
las ausencias.
Sobre esta piel
que a ratos me contiene
pero también se torna inadecuada.
Sobre esta piel que puede ser mortaja.
Sobre la piel de fuego y frío.
Sobre esta piel
la mía
escribo.

Toda entera

Al inicio del viaje
esta piel que me cubre
fue territorio
donde habitó el deseo.
Tenía sus rincones predilectos:
la curva de la nuca
la cabellera de hidra
los labios que mordían el aire
y besaban al viento.
El tibio recodo de la axila
punto perfecto donde la espera
iguala el sonido de la risa.
Y ese silencio de mariposa en celo
en el centro mismo de mi sexo.
Toda yo
toda entera
era un campo arándose
sediento
a la espera del agua aún ausente
de otro cuerpo.

¿Dónde?

Mi cuerpo se declara territorio inconcluso.
Hay muchos recodos
caminos truncados.
Trabajosamente alcanzan mis manos
a recorrer la espalda.
La curva de las nalgas se me deshace al tacto.
Y la leve oquedad de las axilas
es incapaz de mantener su forma
ante la insinuación del roce.
Los párpados ciegos a duras penas hablan
de los ojos que esperan.
La garganta se pierde en un solo silencio
el grito que no fue se devuelve al vientre.
Los senos
se asustan cuando las manos saltan.
Recorro la extensión de la piel
y no me reconozco.
Es otra mano la que recorre y palpa.
¿Dónde quedó mi cuerpo?
¿Dónde?
¿Dónde estoy
que no me reconozco ni me encuentro?

Una vez

Una vez
mi piel tuvo el olor de la guanábana.
Fue tibia
de pronto hasta ardorosa.
Su tacto
era muy semejante
al heliotropo.
Luminosa.
Con la luz que el mar refracta
en el amanecer
anterior a la tormenta.
Fue camino
para los sedientos.
Fue el sueño del sonámbulo.
El pan sagrado.
Festín dispuesto
en la ceremonia final de los suicidas.
Altar de sacrificio
mi piel acogió caricias
alguna necesaria.
Otras fuego
yunque
náusea.
Recibió el dolor intenso de la ausencia.
Fue lo que fue
y lo que no debió ser:
Abrigo para transeúntes
la paz de los insomnes.
Fue dardo.
Fue fuego que me quemó por dentro.
Esta piel hoy de surcos y dolores
es la memoria viva
de todas las presencias.

Deleite de mí misma

Mi piel
extraña el calor de tus ojos
recorriéndola
Mi piel
busca la sabiduría de tu boca
perfumándola
Mi piel
esa que fue abrigada
por tus manos
la misma que hiciste hoguera
mi piel
deleite de mí misma en tu caricia
mi piel te extraña
te extraña y resucita
en el difícil laberinto del recuerdo


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