Arabella Salaverry: Erótica – Antología de poesía amatoria (I)

Elementos

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Arabella Salaverry, Escritora, actriz y gestora cultural.

Erótica
Antología de poesía amatoria

Elementos

 

Agua

Hoy amanecí en dos por cuatro
Esa fue mi cadencia
El agua me encendió la piel
la llenó de rítmicos rumores
Música subiendo desde la humedad
trepando por mis muslos
arriba
un poco más arriba
hasta aposentarse desasosegada
ruborosa
en el nido inconforme de mi pubis
El agua marcó el compás
cayó por la línea de la espalda
sincopada
anegó la cóncava geometría
de mis nalgas
Bajó por la mansedumbre
de mis piernas
y se juntó, presurosa
en el charco en donde descansan mis pies
inmersos en un ritmo repetido
El agua, el agua
el agua se humedeció en mi lengua
reptó por mi cara
bajó por el cuello
acarició la presencia redonda de los senos
me traspasó con notas de aguacero
me hizo palpitar álgida
rememoró los ardores de tu savia
El agua, insistente, música, tango
el agua se acomodó en mis pétalos
se perdió en los pliegues de la vulva
anegó la tímida presencia de mi clítoris
Y la sentí, desde esta soledad de mandarina
hirviente en mí
agua
el agua sustituta de tu esencia

De fuego en el aire

El aire cincela
la geometría silente
de los pájaros
Los miro y soy con ellos
Me quiero pájaro
para remontar el aire
En la caricia de tu mano
acompañar mi vuelo
en la profunda humedad de tu saliva
arder despacio
en la fogosa presencia de tu lengua
transformarme en llama
Seguir así, hondo, muy hondo
abrirme entera
hasta despedazar las alas
Dibujo entonces
con esas mis alas rotas
la perfección alada
Soy ahora aire
quemándose en el fuego

De arena de fuego de agua

Mis aluxes
guardianes de la vida
y de los sueños
Conmigo aquí
mientras escribo
palabras de amor
sobre la arena
Mientras escribo
palabras de arena
sobre el agua
Palabras de fuego
sobre el viento
Mientras escribo
mínimas palabras de amor
desde mi cuerpo
Mis aluxes
Guardianes de la vida
Guardianes de la selva
Guardianes de la muerte
Ángeles despedazados
mis aluxes
Escuchen mis palabras
Escuchen mis palabras
éstas de arena de flama
de amor de agua
escuchen mis palabras
Las lanzo al aire
las lanzo al fuego
las lanzo al agua
antes de que las lave el viento

Tierra

En la tierra
queda desparramada
la osadía de mi cuerpo
No conoce el violento tambor
de mi deseo
Yerma la tierra
Desbocada
como yegua nocturna
la recorro
Ya los frutos murieron
Queda solo el compás frenético
pulso de las cosas
latiendo en mi costado
Y ese tambor violento del deseo
palpita
deja su impronta
en la piel de los veranos
en la presencia redonda de los frutos
—ahora marchitos—
último regalo de la tierra


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