Arabella Salaverry, Escritora, actriz y gestora cultural.

¡Menuda pregunta! Pero creo que antes de abocarnos al  intento de elaborar una respuesta coherente alrededor de la pregunta que nos convoca, vale decir, si existe una literatura femenina en Costa Rica, considero que es imprescindible una breve reflexión sobre lo que se considera Literatura Femenina. Solamente a partir de una puesta en común podemos entrar a ulteriores consideraciones. ¿Qué entendemos por Literatura femenina? ¿Es aquella escrita para mujeres? ¿O se denomina así a la Literatura escrita por mujeres?

¿O bien es la literatura que conlleva en su estructura características que responden a elemento diferenciadores, aquellos que son considerados como femeninos, en contraposición con lo que se considera masculino? es decir, una literatura que desde el punto de vista psicológico participa de determinadas características que responden a lo que los estudios señalan como particularidades diferenciadoras de las estructuras de pensamiento, a saber:  un texto femenino tendería preferentemente a encadenar los hechos, mientras que el hombre es más dado a conducirlos a un estadio simbólico. Las mujeres se interesan más por las explicaciones, los varones por las interpretaciones. La mujer suele llevar la  realidad al plano de las ficciones y da mucha importancia a los detalles. Esto por mencionar solo algunas características. Supuestamente estas diferenciaciones responden a la manera particular en que estructuramos el pensamiento unos y otras,  hombres y mujeres, a partir de estructuras cerebrales específicas. La gran pregunta pendiente de respuesta sería, ¿hasta dónde estas características responden a construcciones sociales, hasta donde están definidas en nuestro  mapa genético?

Porque recordando distintas propuestas en la historia de la literatura, encontramos que las características señaladas como femeninas aparecen en obras producidas por hombres, es decir, serían manifestaciones de la Literatura, expresada así, sin ningún término que la adjetive. Señalo, para acudir a un ejemplo reciente, la novela La Pasión Turca, de Antonio Gala, novela a mi juicio profundamente femenina, que logra un retrato sutil y profundo de una pasión con todos los aspectos que pueden ser considerados como producto de una visión y una manera de sentir femenina, como producto de una manera de estar y actuar definidas por una psicología femenina. Tanto en la construcción del personaje, como en la sutileza para hilvanar los acontecimientos, es una novela a mi juicio eminentemente femenina. Y fue escrita por un hombre. Un hombre con una peculiaridad. Un hombre homosexual. ¿Será esta condición la que lo lleva a mirar el mundo con un enfoque que puede ser considerado femenino, y abordar el quehacer literario desde una sensibilidad que puede también ser considerada femenina? Es una interrogante que también queda abierta.

Pero si ampliamos el espectro podríamos continuar citando ejemplos de expresiones literarias susceptibles de responder a un esquema que respondería a un patrón de pensamiento “femenino”, pero desde la producción masculina.

Entonces, si bien podríamos afirmar que existe literatura femenina, si basamos nuestro concepto en que es literatura femenina aquella que se elabora tomando en consideración y mostrando  las características antes citadas, no necesariamente sería la literatura producida únicamente por mujeres. Es evidente  que esos rasgos definitorios no son excluyentes, no responden a la producción realizada por individuos pertenecientes a un género determinado, pueden aparecer en la literatura producida tanto por hombres como por mujeres.

Ahora bien, si enfocamos el tema desde una perspectiva social o mejor aún, sociológica, se nos abre una gama de consideraciones importantes. Decir que existe literatura femenina, conlleva la aceptación de que se pueden establecer múltiples denominaciones para una multiplicidad de expresiones literarias. Desde el momento en que aceptásemos el adjetivo, podríamos entrar a considerar también la necesidad de etiquetar la literatura que presente rasgos atribuibles a lo masculino, o bien, a la literatura escrita por hombres. Es decir, deberíamos considerar que existe una literatura masculina. Sin embargo no es así. La producción masculina se denomina Literatura. Una vez más el uso coloca al hombre en una situación de privilegio. Ellos se apropian del término y entronizan  su producción literaria como un absoluto. Entonces surgen, en oposición, las expresiones que nombran la producción literaria de las minorías que batallan por su  existencia en inferioridad de condiciones, y aparecen entonces los adjetivos: literatura infantil, literatura negra, literatura policial,  literatura “Femenina”.

¿Dejamos que sea el uso quien defina si se adjetiva el término Literatura y se acepta el concepto de Literatura Femenina?, ¿nombramos entonces la literatura escrita por mujeres como Literatura Femenina, excluyéndonos del concepto integrador de Literatura? ¿O llamamos así a toda aquella literatura que responda a la mirada particular y a la forma distinta de aprehender el entorno y vivir en el mundo que se considera inherente a lo femenino, independientemente de quien la produzca?

Son preguntas de difícil respuesta. Y que evidentemente necesitarían de un equipo multidisciplinario para intentar encontrarla.

Pero sí hay un hecho ineludible, ajeno a consideraciones de este tipo, y en el cual, considero que estamos todos y todas de acuerdo. Es el hecho de  que Costa Rica ha contado y sigue contando con una fuerte corriente de producción literaria de mujeres, escritoras talentosas, y aún cuando los estamentos formales la hayan ignorado en muchas oportunidades, su obra es, por derecho propio, Literatura. Y conforma de manera importante la Literatura Nacional

Y como el diccionario sigue siendo un amigo fiel, lo consulto sobre el término literatura y nos dice lo siguiente:

Literatura: Arte que emplea como instrumento la palabra. Y continúa: Conjunto de las producciones literarias de una nación, época o “género”. (El entrecomillado es mío).