Arabella Salaverry, Escritora, actriz y gestora cultural.

Julia

Su presencia se iba concretando. Esos meses, tantos, buscándola. Y de pronto, sin previo aviso, Julia, con su maleta de dos rodines, carry on, que le dicen, caminaba por la acera del frente, la acera del edificio de La Prensa Libre, acera angosta y llena de protuberancias, lajas antiguas, con esa leve inclinación que desde la perspectiva de Julia hacía fácil el tránsito, mientras que para mí, al frente, en ascenso, más bien dificultoso. Se acercaba en mi dirección separándonos el asfalto de una calle vacía.

La podía ver. Ningún obstáculo que dificultara la visión. Su cara limpia, su pelo sostenido por una diadema de tela trenzada en colores intensos y los ojos brillantes, con relámpagos iguales a los que alguna vez vi en los ojos de su padre. Su piel brillaba con la suave iridiscencia de los atardeceres. Crucé la calle. Me fui acercando poco a poco hasta llegar exactamente frente a ella. Me mira asombrada. ¿Usted es Julia, verdad? mientras me acercaba aún más hasta besarla en la mejilla con un beso de reencuentro. Ella, incómoda, no sabía qué hacer. Le expliqué brevemente quién era yo. Cambió el tema. No se refirió al asunto. Más bien trató de darle un aire de banalidad a la situación.

Enrumbó hacia lo práctico me imagino que a modo de evasión. Me dijo fíjese, me urge un hotel y esta maleta ya pesa mucho. Yo la ayudo, no se preocupe. Y el hotel está aquí, al lado. La ayudé con la maleta. Mire, recién llego al país y necesito cambiar algo de dinero. A mí me gusta ayudar. Siempre me ha gustado. Soy feliz ayudando, resolviendo. Y por supuesto me ofrecí a colaborar con su apremio. No se preocupe Julia, en cualquier hotel cambian. Y aquí cerca hay uno. Entramos al hotel. Un mostrador amplio, de madera antigua y una joven con uñas repletas de figuritas de colores.

Pregunté a la recepcionista ¿usted podría cambiarme algo de dinero? Pero después de mi parpadeo mientras esperaba la respuesta de la muchacha todo cambió. Suele sucederme con frecuencia. Pienso que estoy, pero no. Que soy, pero no. A las cosas les da por cambiar de lugar, las situaciones se trastocan. Y en ese día el hotel ya no era más hotel, la recepcionista no era más recepcionista, y estaba en la universidad en donde había trabajado varios años. El lugar más bien pobre, hecho de retazos, y no había nadie autorizado a cambiar cincuenta dólares.

Busqué a Julia pensando debo entregarle las palabras escritas por su padre, en realidad eso es lo fundamental. Lo demás no importaba gran cosa. Tampoco es que fuera mi obligación resolver sus dificultades. Aunque me hubiera encantado ayudarla. Pero no estaba. Estaba yo, sola, con una maleta azul y un puñado de papeles en la mano. Nada más. Julia había desaparecido. Lamenté no haber podido entregarle las palabras de su padre. Tal vez esa hubiese sido la única ayuda necesaria.


Infidelicias, relatos que nos conducen al universo paralelo de los sueños, ese que Freud llamara “la otra escena”, para encontrar erotismo, soledad, inseguridad, desamparo, amistad, miedo, amor, esperanza; y un sinnúmero de sentimientos y deseos para trazar en claroscuros el panorama oculto de nuestra existencia. Infidelicias porque no hay nada más infiel a la aparente realidad que el mundo de los sueños. Desde el surrealismo del paisaje onírico, Infidelicias nos enfrenta con facetas muchas veces “prohibidas” de la condición humana. Y porque bucear en lo recóndito puede ser una delicia ortográfica fuera de serie, ahora convertida en emblemática para el mundo.

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Arabella Salaverry

Por Arabella Salaverry

Arabella Salaverry es una escritora, actriz y gestora cultural costarricense. En el año 2019 lanzó su publicación «Infidelicias». Estudió Filología, Artes Dramáticas, Lengua y Literatura Inglesa, Lengua y Literatura Hispanoamericana en universidades y escuelas de México, Venezuela, Costa Rica y Guatemala. Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría Premio Nacional de Cultura Magón por parte del Ministerio de Cultura y Juventud.