Arabella Salaverry, Escritora, actriz y gestora cultural.

La caída

Fue deslizándose irremediablemente entre la pared y el respaldar de la cama. Al inicio un proceso lento, casi ceremonioso pero ineludible, entre la pared y el respaldar de la cama. No parecía un sitio apropiado, ¿o sí? Más bien poco hospitalario. Pero ajena a cualquier consideración la caída continuaba sostenida, inmutable, inexorable.

Ella prendiéndose al respaldar, a las sábanas, al borde del colchón. No había caso. Seguía escurriéndose, resbalándose. Las superficies la esquivaban, casi provocándola, enemigas y poco solidarias. Aquel brevísimo espacio era más bien un bostezo que la tragaba, la desaparecía, un bostezo sordo y ella muda sin que el grito atravesado sonara por parte alguna ni la mano que se prendía al aire impidiera la caída. A su lado el perro tendido en su negra suavidad la ayudaba a no desaparecer del todo y aunque hacía insistentes esfuerzos por detener la caída –sin posibilidad alguna de rescate–, lo intentó mirando a su perro, aferrándose a la mirada como un vínculo, una cadena que la atara al exterior, nada parecía suficiente. Seguía cayendo, esfumándose dentro de ese espacio desaprensivo que la consumía.

En la pared los ojos verticales de un tomacorriente la miraban primero desde el asombro, luego, muy suavemente la convocaron, la hacían acercarse, casi sonámbula, sin voluntad alguna. Después comenzaron a sorberla, a tragársela hacia un recinto de hilos de cobre en donde se iba diluyendo en partículas cada vez más pequeñas, moléculas que poco a poco aceleraban el proceso hasta trans- formarlo en un tránsito imparable de chispas y fugaces luces de colores, una mano, un brazo, el torso, ¡sus piernas! los pies, iban desapareciendo por los ojos impávidos del tomacorriente hasta dejar fuera solo una mano, su mano, su mano enfundada en un suave guante de cabritilla, tratando de encontrar cualquier cosa que detuviera la caída, que detuviera su inevitable desaparición, nadie cerca para sostener la mano y la mano allí, mano dando manotazos al aire, mano sola, crispada, mano quemándose, mano desesperada, mano cada vez más incierta en la certidumbre de la desaparición.

Cuando llegaron a hacer la limpieza solo encontraron entre el respaldar de la cama y la pared los restos de un guante chamuscado.

 


Infidelicias, relatos que nos conducen al universo paralelo de los sueños, ese que Freud llamara “la otra escena”, para encontrar erotismo, soledad, inseguridad, desamparo, amistad, miedo, amor, esperanza; y un sinnúmero de sentimientos y deseos para trazar en claroscuros el panorama oculto de nuestra existencia. Infidelicias porque no hay nada más infiel a la aparente realidad que el mundo de los sueños. Desde el surrealismo del paisaje onírico, Infidelicias nos enfrenta con facetas muchas veces “prohibidas” de la condición humana. Y porque bucear en lo recóndito puede ser una delicia ortográfica fuera de serie, ahora convertida en emblemática para el mundo.

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Por Arabella Salaverry

Arabella Salaverry es una escritora, actriz y gestora cultural costarricense. En el año 2019 lanzó su publicación «Infidelicias». Estudió Filología, Artes Dramáticas, Lengua y Literatura Inglesa, Lengua y Literatura Hispanoamericana en universidades y escuelas de México, Venezuela, Costa Rica y Guatemala. Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría Premio Nacional de Cultura Magón por parte del Ministerio de Cultura y Juventud.