Arabella Salaverry: «La generación del deseo»

Solo espero que estos días difíciles que nos han tocado vivir nos permitan reflexionar al respecto, nos enfrente con nosotros mismos, como personas y como país.

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Arabella Salaverry, Escritora, actriz y gestora cultural.

Qué suerte, que suerte pertenecer a una generación signada por el deseo!

En la mía, y hago constar que estoy y soy añosa,  lo deseamos todo. Desde los pequeños logros materiales, los cambios sociales, hasta la plenitud de nuestra sexualidad. Estuvimos signados por el deseo, y fue esa pulsión que nos permitió ir hacia adelante, buscar en un horizonte que nunca se cerraba, en esa infinitud que era nuestro deseo. ¡Era tanto lo que se deseaba! El amor, por ejemplo, fue ante todo deseo. Y en esa expectativa que provoca el deseo, inventamos el amor romántico, soñamos la pasión perfecta, mítica, que para algunos se materializó, y para los otros siguió siendo la gran añoranza, la búsqueda sin fin, el aliciente para continuar vivos. Temblamos con la letra de un tango, un adagio nos remontaba a la sutileza de una caricia inteligente, el pasaje de una lectura nos despertaba, igual que esas plantas que llamamos dormilonas, atentas siempre al menor roce para abrirse en su plenitud de hojas expuestas.

Nuestro compromiso solidario con el otro, nos llevó a soñar utopías, a trabajar en pos de ellas. Desear un cambio social, un entorno de iguales oportunidades, con las necesidades básicas cubiertas, y no solo para nuestro país, sino que para la región y para el mundo. ¡No pusimos cortapisas a nuestro deseo!

Ahora tengo la casi certeza de que no se desea nada. Pareciera que las cosas están al alcance de una tarjeta de crédito, o de un acto deshonesto, o de una agresión. Nada alimenta el afán, y entonces no hay expectativa. La sexualidad de estos tiempos está ajena al deseo, al encantamiento de la espera, y por ello, creo, ha perdido parte importante de su posible esplendor. Los bienes materiales se resuelven en cuotas, los cambios sociales no aparecen en el espectro de los intereses de la gran mayoría. Y el amor es una premura que se concreta sin mucho trámite. La solidaridad suele estar en el tacho de la basura y por lo tanto vivimos en un permanente sálvese quien pueda. En fin, el deseo ha quedado relegado al cajón de las historias alguna vez escuchadas.

Solo espero que estos días difíciles que nos han tocado vivir nos permitan reflexionar al respecto, nos enfrente con nosotros mismos, como personas y como país.

!Ojalá y esta condena al encierro nos permita volver a desear!

 

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