Arabella Salaverry Pardo.

Se termina un año. Un tiempo de reflexión, de encuentro con nosotros mismos, pero también con nuestro entorno. No podemos ignorar lo que sucede alrededor.

Y esto que sucede alrededor no resulta para nada halagüeño. La macro economía se muestra saludable, se responde “con creces” a las responsabilidades económicas internacionales. Pero todo ello a un costo muy alto. Solo basta echar una mirada a los reportes de “El estado de la nación”, a los indicadores internacionales en temas de educación, de salud, de expectativa de vida, de libertad de prensa, para concluir que aquellos elementos que construyeron un país único en el entorno latinoamericano se han desdibujado de una manera estrepitosa.

Nuestro país ha vivido un año sacudido por cataclismos. Y tal vez para bien. Nos ha permitido reflexionar sobre lo que tenemos y agradecer a quienes lo hicieron posible. Por ello, coloco en primera instancia a nuestros antepasados. Agradecerles la sólida construcción de un estado que se apalanca en instituciones muy fuertes, y que le ha permitido eludir catástrofes y poner coto a desmanes. Pese a una conducción errática y arrogante, ha logrado capear tempestades.

Pero aún así, el deterioro que se vive como sociedad es evidente. Entre las muchas aristas destaca una lamentable. Se ha venido normalizando el ataque indiscriminado a las mujeres. Aunque se percibe en ello un tufillo a posiciones “contratadas”, pues se realizan con una falta de empatía (por suerte), como si se tratase de guiones mal aprendidos en un teatro “pobre”. Lo lamentable es que permea a todos los estratos sociales, y se termina transformando en cotidiano el desprecio hacia las mujeres.

Pero también ha permitido poner en evidencia una situación que se debe nombrar y aplaudir. Desde diversos ámbitos del quehacer nacional, llámense prensa, sector político, o el sector social, han surgido voces que resuenan con absoluto valor, sin reparar en embozadas amenazas o amedrentamientos directos.

Nos llama la atención cómo han sido especialmente voces de mujeres, las que han asumido su responsabilidad como ciudadanas, y han hablado con todas las sílabas necesarias para dejar muy en claro lo que sucede en el país, y también lo que les sucede a ellas en tanto personas. Se han expuesto a represalias de todo orden, a ser el centro de la atención pública, muchas veces malsana. Hubiese sido más sencillo para ellas el silencio cómplice. Pero decidieron hablar. Para que así pudiéramos entender el fenómeno al que nos estamos enfrentando.

Esperamos que el camino que ellas han trazado, sea el camino que se siga recorriendo en este nuevo año. Vale decir, sin miedo a denunciar lo que está mal, lo que no funciona, lo que se debe enderezar. Esto, sin temor a las amenazas ni a las represalias. Nuestra pequeña patria, o lo que nos van dejando de ella, lo necesita.

Deseamos destacar la entereza, el valor de mujeres como Patricia Navarro, Vilma Ibarra, Gloriana López Fuscaldo, Mariana Fernández, Sofía Guillén, y tantas otras que desde el anonimato pero en su entorno, no han dudado en manifestarse en contra de lo que consideran lesivo, tanto para ellas a nivel personal, como para el país.

Esperamos también que estas mujeres sirvan de ejemplo. Y que sean inspiración en la ruta hacia un año 2024 mejor para la sociedad costarricense.

Arabella Salaverry

Por Arabella Salaverry

Arabella Salaverry es una escritora, actriz y gestora cultural costarricense. En el año 2019 lanzó su publicación «Infidelicias». Estudió Filología, Artes Dramáticas, Lengua y Literatura Inglesa, Lengua y Literatura Hispanoamericana en universidades y escuelas de México, Venezuela, Costa Rica y Guatemala. Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría Premio Nacional de Cultura Magón por parte del Ministerio de Cultura y Juventud.