Arlette Pichardo: A 9 meses del virus que cambió el mundo

La democracia política, pese a sus imperfecciones, sigue siendo la mejor forma para el ejercicio de la libertades públicas.

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Arlette Pichardo Muñiz, Socióloga

2020, sin duda alguna, quedará en la conciencia colectiva como un año singular.  Pasará a la historia como el año del virus que cambió el mundo, la manera de ser y de hacer. Frente a la sorpresa, la capacidad de reacción veloz constituye el primer factor de valoración de la actuación de las autoridades políticas y de la ciudadanía en general.

No obstante, se trata de una capacidad que requiere preparación previa para lograrse y no se alcanza de manera espontánea. En particular, de cara al rasgo  más sobresaliente del carácter diferenciador del Coronavirus frente a otras pandemias del pasado, el peculiar confinamiento preventivo en sus distintas fases y modalidades.

Rasgo éste, que “desnuda” falsas dicotomías y nos pone en evidencia que tan vulnerables somos y cuál es el alcance de nuestras capacidades en general (nacionales, institucionales, familiares y personales) para propiciar/facilitar asimetrías y evitar/mitigar exclusiones.

Muchos y variados son los factores que requieren atención en virtud de la necesidad de re-activación económica, la re-valoración de la calidad de vida en todas sus dimensiones y el re-fortalecimiento de la democracia política.

En esta oportunidad, nos vamos a referir a tres aspectos que consideramos fundamentales re-visitar: el estilo de desarrollo, el “hueco” fiscal y el diálogo multiactores.

Estilo de Desarrollo. Un constructo acuñado y de uso frecuente durante varias décadas del siglo pasado, hoy prácticamente en desuso. Desde posiciones heterodoxas, implica re-pensar hacia dónde dirigir nuestras capacidades como país.

¿Será que podremos seguir confiando en el turismo como principal generador de empleo y divisas? ¿Será que tenemos que abocarnos hacia patrones de producción y consumo más sostenibles, en particular orientados a la soberanía alimentaria?

La re-apertura de los establecimientos productores y prestadores de servicios y los aeropuertos internacionales  –como era de esperarse– muestra signos evidentes de que por si sola no es suficiente para re-activar la economía. Una economía de por sí endeble aun antes de los embates del Coronavirus.

Re-pensar el estilo de desarrollo, implica re-examinar la dinámica del mercado laboral y las potenciales de las fuentes de generación de ingresos provenientes del trabajo y re-evaluar el impacto en la calidad de la educación (en todos los niveles) de la Modalidad de Usos de Medios Alternos de Enseñanza y a Distancia, introduciendo medidas correctivas en el corto, mediano y largo plazos.

“Hueco” fiscal. Condición recurrente desde principios de la década de 1990. En alguna medida, la vía para atender los resabios de la crisis económica-financiera más fuerte conocida en la historia, con la crisis de la deuda externa como detonante.

¿Será que podremos seguir apostando a gravar más impuestos sobre el trabajo? ¿Será que tendremos que rehacer las capacidades fiscales del Estado, desde una fórmula más equilibrada entre el trabajo y el capital como principales factores de producción?

Modificar el Art. 1 de la Ley del Impuesto sobre la Renta, 7092, del 21 de abril de 1988 y sus reformas, para que obligue gravar los ingresos de fuente costarricense, con independencia de sí están domiciliados o no en el país.

Diálogo multiactores. La desmovilización de la participación ciudadana organizada expresada en la inhabilitación de la presencia, vigencia, vigor y calidad de las instancias de deliberación pública, ámbito privilegiado de las asimetrías de poder.

Actores formalmente organizados con mayor capacidad de presión y de demanda obviamente con mas posibilidades de ser escuchados en sus reclamos, favoreciendo lo que hemos venido denominando como encuentros endogámicos, esto es, adherencia de grupos con intereses y expectativas similares o en convergencia tácita o explícita.

¿Será que tendemos que aprender que el diálogo desde su sentido originario, implica una plática en que las partes manifiestan alternativamente sus ideas y afectos? ¿Será que tenemos que asimilar de mejor manera que el diálogo implica escuchar en igualdad de condiciones, en forma simétrica y en relación horizontal; sin que una parte “arrincone” a otra o relegue a la ciudadanía de a pie a posiciones subordinadas o subsidiarias?

La democracia política, pese a sus imperfecciones, sigue siendo la mejor forma para el ejercicio de la libertades públicas. Y otras formas de conducción, aún aquellas con mínimos asomos de intolerancia y autoritarismo y control unilateral, merecen el repudio colectivo.

Es hora de re-crear la confianza y celebrar con alegría los esfuerzos nacionales para garantizar la universalización democrática de la vacuna, con acceso igualitario. Ojalá que así sea.


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